Cultura y Libros
Domingo 01 de Octubre de 2017

La amiga de Saramago

Fue narradora y novelista. Atrapó a generaciones de niños y adolescentes con sus cuentos y novelas.

Fue narradora y novelista. Atrapó a generaciones de niños y adolescentes con sus cuentos y novelas. Sin embargo, a Alma Maritano la docencia la marcó como otra de sus vocaciones fundamentales: no sólo fue profesora, sino que además, abriendo las puertas de su casa, le dio vida al Taller Literario Julio Cortázar, por el que pasaron otras tantas generaciones de talleristas a lo largo de treinta años. Hija única, había nacido en la localidad santafesina de San Genaro el 9 de octubre de 1937. En Rosario estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNR, de donde egresó. Era viuda y tenía dos hijos, Gabriel y Jimena, y tres nietos: Violeta, Juan y Carmen, con quien compartía su pasión por la música y la ópera. A partir de los años 60 había sido profesora de español, literatura y latín; y retomó la docencia con la apertura del Taller Julio Cortázar —uno de sus escritores predilectos—, un espacio donde formó en la escritura a miles de mujeres y hombres que pasaron por su departamento en las más de tres décadas en que lo dictó. Como narradora, cuentista y novelista tuvo una trayectoria reconocida a nivel nacional e internacional. Los chicos y adolescentes fueron los principales destinatarios de sus libros, que llegaron a las aulas de todo el país. Un globo de luz anda suelto, editado en 1978, recibió la Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (Sade). A esto le siguió la saga Vaqueros y trenzas, El visitante y En el sur, todos con Rosario como escenario de las historias y donde narró la vida de sus personajes desde su infancia y adolescencia hasta la vida adulta. Además hubo cuentos y obras de teatro, El fantasma del tranvía, La plaza embrujada y El número tres. Alma Maritano tuvo el privilegio de tener entre sus amigos al narrador portugués José Saramago y su esposa, Pilar, con quien siguió en contacto tras la muerte del premio Nobel. Tal fue así que durante su visita a Rosario para el Congreso de la Lengua, en 2004, Alma fue la anfitriona de una cena en su casa donde participaron algunos de sus talleristas.

(Fragmento de una nota publicada en

La Capital el18 de diciembre de 2015).

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