Cultura y Libros
Domingo 10 de Septiembre de 2017

"Hoy los consumos culturales son tan importantes como la educación"

El sociólogo Pablo Semán dice que como la escuela, hoy la música o las creaciones audiovisuales forman la sensibilidad.

Con ingenio provocador pero no predicador, Pablo Semán pasó por Rosario y participó del "Foro de producción artística y social de la cultura", coordinado por la Secretaría de Cultura y Educación Municipal, el pasado 25 de agosto en el Centro de Expresiones Contemporáneas. Semán es sociólogo (UBA) y doctor en Antropología (Universidad Federal de Rio Grande do Sul, Brasil), y estuvo girando últimamente en medios de comunicación por un original punto de vista que realizó sobre el resultado de las primarias. Lejos de ser un analista político, publicó en el online Panamá revista.com un artículo en el que afirma que "si no hay alternativas a lo que está mal no es que lo que está mal está bien". En pos de explicar un poco estos conceptos sobre la reconfiguración del esquema político nacional actual, se valió del análisis cualitativo de otro factor: el bolsillo de la gente.

Sin embargo, su ámbito es el de la antropología social, desde donde indaga desde hace ya treinta años sobre cultura, religiosidad, gustos literarios, musicales y tendencias de los sectores populares. En su visita a Rosario expuso alguna de las conclusiones de sus trabajos, sin dejar de despertar alguna polémica y una que otra risa incómoda, porque sus comentarios llegaron para atemperar el foro con humor ingenioso y dejar en claro que "cultura" no es una dimensión autónoma ni fija del modo de vida de ningún grupo social. Señaló que los consumos culturales son tan importantes como la educación. Por eso el Estado tiene que entender ese flujo y promover allí cosas importantes en términos de valores democráticos e igualitarios. Y que escuchar a Ricardo Arjona puede no ser tan grave como algunos piensan.

De arranque planteó tres coordenadas relacionadas a lo cultural en las sociedades contemporáneas: la "transformación de la pauta de intervención de los organismos de cultura", las "culturas populares realmente existentes" y, en tercer lugar, un fenómeno relacionado a los jóvenes que es "gestionar, mezclar y habitar". Hemos vivido, alegó Semán, una especie de transición del siglo XIX al siglo XXI, en la que los organismos de cultura ya no están dedicados solo a las bellas artes, sino que las secretarías de Cultura son bastante más activas en relación a lo que sucedía antaño. Esto tiene que ver con otro aspecto, que es la producción cultural, independiente de si interviene el Estado o el mercado.

"En las sociedades contemporáneas todos pensábamos que las instituciones de la socialización primaria como la familia y la escuela eran el lugar central de la adquisición de valores, sentimientos o pautas de comportamiento. Pero esto ya no es tan así". Semán dijo que hoy la educación sentimental de los sujetos en formación, de los niños, del futuro ciudadano y de ciudadanos ocurre también a través del consumo cultural, que ocupa un valor estratégico en la educación de la sensibilidad. Y ejemplificó con un caso particular: "La gente aprende a amar de la mano de Arjona. Lo cierto es que, nos guste o no, pasa. La educación y adquisición de nociones sobre el sujeto ocurre a través de las industrias culturales y ese fenómeno transforma y obliga a transformar conscientemente la pauta de intervención de los Estados en el área de la cultura, que es fuertemente complementaria de la familia y la escuela". El Estado interviene más y debe intervenir más en cultura porque ese es un terreno cada vez mas importante en la formación de la sensibilidad de los sujetos.

¿Qué refleja este concepto? Desde el punto de vista de la vida económica e institucional los mercados de cultura representan cada vez más valor y cada vez más inciden en la formación de los ciudadanos. "Estos son lugares donde el Estado tiene que actuar. Un ejemplo importante es el caso del cine argentino que estabilizó una industria relativamente importante, con circuitos de producción y de públicos notorios. En el caso de la música hay una escena de mediana escala que se nutre de públicos solventes y tecnologías nuevas que permiten la autoproducción y el Estado ha intervenido estimulándolos. La cultura tiene importancia económica pero también en la formación ciudadana de los sujetos. Los consumos culturales son tan decisivos como la educación. Por eso el Estado tiene que entender ese flujo y promover allí cosas importantes en términos de valores democráticos e igualitarios", analizó.

Este complejo vínculo entre socialización primaria e industria cultural está atravesado por el fenómeno de la cultura popular, alejada de jergas académicas y de una matriz que la pone en el lugar de "la tradición". Según Semán, en realidad hay que pensar en "las culturas populares realmente existentes" en plural, y que son esas que están ahí y que en general no nos gustan porque difieren de nuestras estéticas y de nuestras clasificaciones. Además porque estamos formateados —subraya— para hacer sobrevivir en nuestras ideas una distinción que no sirve de mucho: lo popular, lo masivo, lo erudito. Respetando el orden anterior: el Gauchito Gil, Ricardo Arjona, Mozart.

"Para sorpresa de muchos, esta distinción en realidad no funciona así, ya que en los hogares de la Argentina la pauta del consumo, adquisición y relación con la cultura en los sectores populares integra todos estos elementos de manera sistemática y singular", afirmó durante su intervención en el foro. Intentaba dejar claro que no se puede seguir pensando lo popular como el residuo de la una tradición rural que está filtrada en ciudades modernas y que hay que tomar distancia de visiones exotizantes y estereotipadas. "Hay un mar profundo que desconocemos, —explicó Semán—, tenemos que abrirnos a eso para la construcción de ciudadanía cultural que en primer lugar significa entender y aceptar que los otros pueden escuchar lo que se les canta y que eso está bien".

La cultura popular son las varias culturas populares realmente existentes que hay en nuestro país, proceso que resulta de un diálogo entre industrias culturales, tradiciones familiares, tradiciones barriales, procesos escolares e intervenciones estatales de ministerios que han reformulado su modo de acción. Y esa existencia genuina está marcada, por ejemplo, en que hay un Gauchito Gil y juguetería erótica en las mismas casas, en los mismos placares. Así como también circula la doctrina evangélica, la teología de la prosperidad, que vincula la gracia divina al beneficio material. "No deberíamos ridiculizar a un candidato que se parece a un pastor evangélico o a un líder de la Nueva Era que combina superación monetaria con visiones cosmológicas", dice Semán. "Porque esos agentes son parte de una cultura popular transformada en la que se integran cosmologías, tecnologías y prácticas que nuestros parámetros previos no preveían".

Y además, en diversas investigaciones y en el trabajo con jóvenes de sectores medios, este académico observó una pauta de producción cultural que interactúa con el mercado y con organismos de cultura a la vez. Se trata de algo característico hoy. "Gestionar, mezclar y habitar", tal el título de uno de sus libros, son verbos constitutivos de la producción cultural independiente. Es distintivo en el ejercicio de la cultura que las juventudes se apropien de lugares, trabajen de manera colaborativa (ya sea virtual o real), y generen nuevos territorios reales y simbólicos. Según Semán, los jóvenes se han hecho cargo de cohabitar espacios, de hacer música y al mismo tiempo autogestionarse integrando sociabilidad, mercado y producción en un mismo complejo de actividades.

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