Cultura y Libros
Domingo 02 de Julio de 2017

El vendedor de poesía

El escritor brasileño Ferréz vive en San Pablo y llegó a la ciudad para compartir su rica experiencia con la juventud en territorios difíciles. En charla con Cultura y Libros, se refirió a la importancia del contacto directo con los lectores. También aseguró que Rosario le gustó, excepto "el tránsito"

"Eu vendo pó / eu vendo pó / eu vendo pó..." canta Ferréz en clave hip hop, una tarde apenas soleada en el patio de la Biblioteca Argentina Dr. Juan Álvarez. Polvo en portugués es cocaína y no hay que asombrarse, porque Ferréz viene del corazón de las favelas de San Pablo, donde se vende mucho más que el polvo blanco. Pero basta quedarse a escuchar el final del recitado, que concluye con una revelación: "Vendo pò / vendo poesía".

El escritor brasileño llegó hace poco a Rosario para compartir experiencias con gestores culturales sobre juventud y territorios complejos, la marginalidad y su potencial artístico, y en especial con quienes vienen desarrollando dos iniciativas rosarinas que ya son referencia a escala nacional: la Escuela de Diseño e Indumentaria y la marca colectiva de ropa Trece, proyectos que vinculan creativamente cultura, violencia y diseño. En el marco de esta actividad coordinada por la Secretaria de Cultura de la Municipalidad, Ferréz también protagonizó un encuentro con tribus urbanas, bailarines de hip hop y estampadores de remeras.

Pero volvamos en el tiempo. Ferréz es Reginaldo Ferreira da Silva y nació en 1975 en Capao Redondo, una favela del sur de San Pablo donde todavía vive y escribe. Forma parte de un movimiento de contracultura, batallando desde la poesía y la literatura para darles voz a los que habitan en los márgenes de la sociedad.

Sin embargo, al brasileño lo molestaban y le tiraban piedras cuando leía, porque el respeto en las favelas se logra de manera muy diferente y sobre todo a los golpes. Le decían que de tanto andar con libros debajo del brazo su destino era el de evangelista, homosexual o profesor. Una vez apareció en un programa de entrevistas y no le creyeron, "porque para los habitantes de las favelas sólo los ricos están en televisión".

En 1997 publicó su primer libro, Fortaleza desilusión, una colección de poemas patrocinada por la empresa de recursos humanos en la que trabajaba como archivista. Es que Ferréz pasó por varios de esos trabajos poco remunerados que el sistema destina a los jóvenes de las periferias: ayudante de albañil, vendedor ambulante, empleado de fast-food.

Pero en el 2000 llegaría su segundo libro, Capão Pecado, novela basada en historias reales de delincuencia y odio en los barrios pobres y estigmatizados de San Pablo. No es casualidad que, junto con el libro de Paulo Lins, el director Fernando Meirelles se inspirara en ella para hacer la película Ciudad de Dios. Para ese entonces y a pesar del naciente reconocimiento, Ferréz estaba desempleado.

Más tarde logran salir de entre las grietas del mercado editorial Manual práctico del odio (Corregidor 2011), Dios se fue a almorzar (Corregidor, 2014) y Nadie es inocente en San Pablo (Corregidor, 2016). Además de sus novelas, creó el Movimiento de Literatura Marginal, desde el cual no sólo narra sino que trata de acercar la lectura y la escritura a los jóvenes de las villas.

—¿Qué pudiste recorrer en Rosario?

—Hice un recorrido cultural, conocí bien la biblioteca, conocí las calles y los comerciantes también para entender un poco sobre la ciudad, pero anduve poco por los barrios. Me gustó mucho lo que vi, una ciudad muy organizada con gente amigable y con ganas de vivir...¡excepto el tránsito! En la calle todos manejan nerviosos y encontré gente maleducada, pero el resto de la ciudad me gustó mucho.

—¿Y en Buenos Aires?

—Pasé por Buenos Aires y estuve en el barrio Piedrabuena (el complejo de Fonavi de Villa Lugano), un barrio con muchas carencias, pero tiene proyectos de arte muy buenos, con mucha gente con talento también. En Argentina encontré un país militante, con muchas voces y una resistencia organizada. Me gustan mucho revistas como La Garganta Poderosa, e historias como las de Camilo Blajaquis (César González).

—¿Cómo está hoy la movida cultural de la periferia de San Pablo?

—En San Pablo tenemos muchos eventos culturales, muchos encuentros literarios (sarau). La periferia se organizó bastante, tomó forma, tomó gusto por el arte. Son veinte años de trabajo de mucha gente, somos muchos los poetas. Por ejemplo, está el Sarau da Cooperifa (peña de Cooperifa, donde, según su página en Facebook "llueve poesía y música"), Sarau do Binho (peña en un bar en la zona sur de San Pablo)... Entonces, todo este trabajo conjunto acaba dando un retorno, pero queda mucho por hacer, tenemos mucho por hacer todavía.

—¿De dónde surge la poesía-rap sobre la falta de paz que interpretaste en la biblioteca?

—Para esa poesía junté algunos textos, el de un escritor llamado Marco Pezão, otro que es Marcelino Freire, que hablan de la paz y de la falta de amor. En realidad ellos hablan de que la paz es una cosa que sólo existe para los ricos y no para los pobres. Por eso me gusta mucho hablar de ese poema, al que encuentro muy propicio en lugares como este donde las personas no saben cómo ser pacifistas en medio de tanto asesinato. No me gusta la paz, porque no habita en las villas.

—¿Das clases de literatura o poesía en tu barrio?

—No, yo tengo un comercio, vendo mis remeras con frases (1daSul). Sé mucho del negocio, así que puedo trabajar y ganar dinero con las remeras porque la literatura no da dinero, la literatura trae esas otras cosas buenas como estar en esta biblioteca en Rosario. Hago poesía para niños y jóvenes, pero no soy profesor. Y en las favelas doy algo parecido a una clase, voy a los lugares y charlo, me paso horas hablando y contando cosas, esa sí es tipo un aula.

—¿Los chicos de las favelas prestan atención a tu poesía?

—Los chicos me escuchan, tengo mucho público. No sólo yo, sino también otros escritores de la periferia. Donde vamos siempre hay mucho público, porque nosotros hacemos una poesía de ese tipo que es una cosa viva; no es una cosa leída y muerta. Nosotros vamos a las favelas, recitamos, bailamos, conversamos con los jóvenes y eso trae mucho retorno.

—Pero de alguna manera enseñás...

—Está claro, nosotros estimulamos primero la lectura y después la escritura. Entonces, muchos vienen a mostrarme sus poemas, preguntando si están correctos. A veces están mal escritos, pero les digo de mejorar algo por acá, otra cosa por ahí... De ese modo se acaba por enseñar, entonces se da un retorno muy bueno, principalmente en las escuelas.

—¿Cómo es este retorno del que hablás?

—Nosotros hablamos mucho sobre violencia cuando estamos en las escuelas, en realidad hablamos principalmente de la importancia de la vida, de cómo un chico puede dar importancia a su propia vida y a la de otro. Pero primero tiene que tener amor por su propia vida, sino la de los otros tampoco tiene valor. Tratamos de transformar las cosas, dentro de mi barrio y en otros barrios también. Muchas conferencias que doy hoy son con profesores que ayer eran esos chicos con los que trabajé en las favelas. Hay muchos chicos en el rap y en la música que eran aquellos niños. Otros me dicen que me traen a su escuela para transmitirles a los demás que se formaron gracias a mí. Vamos por la tercera generación de personas que viven todo esto, que conocen mi poesía o que leyeron mi libro, porque el hecho de que mi libro llegue a esos lugares es una referencia.

—¿Qué opinás de la situación política de Brasil hoy?

—Brasil está muy triste con Temer, el de Temer es un mal gobierno, él está queriendo ahora sacarles derechos a los trabajadores... estamos muy tristes por cómo Brasil se está convirtiendo. Pero no parece diferente de aquí, percibí que el gobierno nacional en Argentina es parecido, mucho desempleo... y me impresionó en particular el precio que los argentinos están pagando por la comida, ¡está todo muy caro! Y no es por comparar con el dinero brasileño, es porque aquí ustedes realmente pagan todo muy caro,quedé impresionado. Por otro lado, tenemos muchos planes sociales, aunque muchos no tienen relación con el gobierno. Son iniciativas propias y ONG's que actúan en las favelas. El gobierno difícilmente ayuda a alguien.

—¿Qué les aconsejarías a los chicos de las favelas?

—Yo les diría que valoren su vida, para aprender a no entrar en el sistema, porque el sistema te quiere preso o desempleado. Tienen que estudiar, el estudio es el camino que traerá menos sufrimiento para cualquier persona pobre. El estudio es el camino, la información es la cura y el sistema es la enfermedad.

—¿Estás de acuerdo con el título de "literatura marginal" con el que se cataloga tu obra?

—Para mí está bien porque nosotros nos identificamos, porque no somos iguales a otros escritores. No hay diálogo con la elite, que son escritores blancos y hombres. Hacemos lo que ellos no hacen, nos dejan el crack, la violencia, la droga a nosotros, los villeros. Pero hacemos las peñas literarias en las favelas y luchamos, y ellos no... entonces no somos iguales, somos diferentes. Es la misma lucha, pero somos diferentes.

Rosario-San Pablo

Por Darío Ares

Artista visual, coordinador de la Escuela de Diseño de Indumentaria

Viendo que los jóvenes de las favelas paulistas gastaban mucho dinero en poseer ese objeto de deseo que es la ropa deportiva de Nike o Adidas, Ferréz propuso crear 1dasul (Uno del sur) una marca de ropa nacida en la periferia pero que tuviera la misma calidad de confección y de materiales que la utilizada por las grandes marcas internacionales.

Las palabras Nike o Adidas bordadas en zapatillas o en remeras siempre han representado a escala global pertenencia a una clase y status social para quien las porta. 1dasul surge con un logo poderoso: es un número 1 con alas de pájaro que evoca al Ave Fénix, el que resurge de las cenizas.

Viseras, remeras, indumentaria urbana y deportiva con identidad propia, bordados y estampados con citas de poemas, canciones o imágenes propias son algunos de los diseños que caracterizan a esta marca que de a poco fue siendo apropiada por los jóvenes de las favelas.

En este sentido, desde hace algunos años y con objetivos similares, imaginamos 13, una marca de indumentaria juvenil y urbana nacida en el oeste de Rosario y cuyo sostenimiento y continuidad en el tiempo se debe al fuerte compromiso de la Secretaría de Cultura de nuestra ciudad. Desde su nombre, 13, hace referencia a una edad clave en la vida humana, aquella que determina el pasaje entre la infancia y la adolescencia.

13 tiene su origen en un momento particular relacionado al rebrote de violencia en los barrios de nuestra ciudad. En un principio nuestra idea fue trabajar con el diseño de remeras que promovieran una campaña de desarme evitando caer en los lugares comunes o en los mensajes naif. Luego el proyecto fue creciendo al incorporar la lengua y el código urbano junto a la impronta joven en sus prendas.

Con fuerte acento en la cultura hip hop e identidades pandilleras, 13 fue instalándose lenta y sostenidamente con el acompañamiento de campañas fotográficas y video-moda realizados por los mismos jóvenes que son parte del Proyecto. La última campaña de la marca se denomina Milicia urbana, y profundiza el concepto que dio origen al proyecto de desarme cuyas palabras referenciales son Calibre Cero.

"Nadie es inocente en San Pablo"

fragmento

Avenida Santo Amaro. A las 13 horas.

Un hombre mal vestido para frente a una concesionaria de autos cerrada y nota que las pelotas promocionales están atadas a la puerta.

Un policía baja del patrullero, mira hacia todos lados y observa a un sospechoso parado frente a una concesionaria. El sospechoso está mal vestido y descalzo.

Una señora sentada en el asiento del colectivo que frena en la avenida para que suban pasajeros comenta con una señora sentada a su lado que hay un mendigo todo sucio parado frente a un local de automóviles.

Un señor pasa por al lado de un hombre todo sucio. Asegura su billetera y empieza a andar a las apuradas. Enseguida nota que hay un patrullero estacionado más adelante, se siente seguro, disminuye los pasos.

Un joven intenta desviarse por detrás del ómnibus parado, los policías de enfrente suyo lo incomodan, porque su auto está repleto de drogas que serán comercializadas en la facultad donde estudia.

El hombre mal vestido decide actuar, da tres pasos hacia el frente, levanta las manos y agarra las dos pelotas promocionales; hace cuentas rápidamente y se siente realizado, cuando piensa que al vender las pelotas se comprará algo para tomar.

Una señorita, alertada por la señora que está a su lado en el ómnibus, llama la atención a varios de los pasajeros por el hombre que, según ella, es un mendigo, y dice en voz alta que había acabado de robarse algo de la concesionaria.

Un joven con un auto lleno de drogas para vender en su facultad nota al hombre corriendo con dos pelotas y acelera el auto al ver a los policías yendo en su dirección.

Un policía alcanza al hombre mal vestido y le pega con el cabo del revólver en la cabeza varias veces; el hombre tomado como un mendigo por los pasajeros del ómnibus que está enfrente cae y las pelotas ruedas por el asfalto.

Un chofer que conduce la misma línea desde hace ocho años trata de dejar el ómnibus parado para ver a los policías dándole golpes y bofetadas a un hombre mal vestido que está caído en la vereda, pero el tránsito está libre y avanza pasándole por encima y haciendo explotar las dos pelotas promocionales.

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