Cultura y Libros
Domingo 01 de Octubre de 2017

El tatuador del día

a Santiago Maldonado


I

¿Por qué no puede seguir
el hombre del morral de la luz
tatuando el antebrazo de este siglo
que no acaba de nacer,
mientras copula
con el que no termina
de morir?

¿Si él acompañaba la cintura justa
de los bisnietos de la Araucanía,
en tanto se tomaba
de un solo trago
su copa de ajenjo
con el bueno de Proudhon,
o desempañaba el monóculo de Bakunin
con esmero y dulzura antigua,
como todo lo soñado?
II

¡Ay de nosotros
entre la greda oscura del río Chubut!
¡Ay de nuestras manos vacías
en la Bolsa de Roma,
donde cotiza el vellón de lana
de Benetton,
con los colores
de una sangre cobriza
y la figura en derechura del cacique Lautaro
que nos saluda con su lanza despierta
todo él parado en su caballo,
tal como estaba y así lo dijo
el compañero Matías Santana,
bien mapuche y de vincha labrada,
que vio todo,
porque él lo vio todo, sí,
por esta verdad que alumbra
como las flechas de otro tiempo
y las hachas de piel de Luna,
colgando de la comisura
del mundo!
III

¡Dejen que siga tatuando
la espalda rugosa
de la cordillera,
con el color de los brotes
del alba!

¡Que nos dibuje a pulso firme el día
el hombre de la barba buena,
de la abierta mano
hacia el coraje intacto!

¡Miserables cipayos
de este tiempo oscuro,
enanitos genuflexos
para la cal del lucro!

¡Ustedes,
sirvientes puntuales
de la piel del odio,
aceitadas bestias
para la codicia,
devuélvanlo!


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