Cultura y Libros
Domingo 25 de Junio de 2017

De la palabra a la imagen

Son periodistas gráficos o radiales. Sin embargo, esta vez cambian de rol y se colocan detrás de la lente. Una muestra recientemente inaugurada exhibe los resultados de su audacia

"Las fotos están ahí, esperando que las hagas". El día que dijo la frase, y conste que no hay registro de dónde y cuándo fue, Endre Erno Friedmann probablemente no imaginó la cantidad de personas que muchas décadas después, con la invención de internet y la masificación de las redes sociales, cumpliría con su mandato: mirar y hacer fotos. Millones de personas desde entonces han seguido ese impulso, sin siquiera haber tenido registro de la frase y sin saber quién es ese señor llamado Friedmann. Tal vez a muchos de los millones de fotógrafos aficionados tampoco les dirá nada el nombre de Frank Cappa, el seudónimo con el cual ese reportero de guerra y fotógrafo extraordinario se hizo célebre y referente de la fotografía alrededor del mundo.

Horacio Vargas no es húngaro ni fotógrafo pero sabe, como Cappa, que las fotos están ahí, esperando que alguien las haga. Tiene algunas ventajas, además: es periodista y, lo que no es poco, lleva años trabajando codo a codo con reporteros gráficos, hombres que realizan la misma tarea que él pero que en lugar de la palabra utilizan la imagen como herramienta. Para informar, para descubrir, para contar historias, para retratar, para denunciar.

La otra ventaja del autor de El Negro Fontanarrosa (la biografía) es que, al revés que Cappa, vive en la era de internet, los teléfonos inteligentes y las redes sociales, ese mundo virtual en el que nos mostramos, socializamos, sufrimos, compartimos y recordamos casi como si fuera la única vida que vivimos. Por eso, cuando sale a la calle, él sabe, como saben muchos otros millones de personas, como sabemos casi todos en la era de la imagen y la inmediatez, que puede encontrarse con muchas fotos, y que esas fotos están esperando que alguien las haga.

Un día de marzo pasado, probablemente en un alto de sus tareas periodísticas, mientras chateaba con un colega el jefe de redacción de Rosario/12 tuvo una idea: mostrar esas fotos guardadas en smartphones, en pendrives, en discos rígidos y hasta en alguna cámara analógica, y mostrar también las de otros periodistas que no son reporteros gráficos pero que, como él, van por la vida buscando fotografías que esperan ser hechas. Y así surgió Ojo de reportero, una muestra de fotos hechas por tipos que vivimos de contar lo que vemos, aunque habitualmente lo hacemos con palabras y no con imágenes.

Vargas lanzó la idea a través de su muro de Facebook —de qué otro modo hubiese podido hacerlo— y enseguida varios colegas se engancharon. "Hagamos una muestra de nuestras fotos", fue la consigna tirada casi como al pasar. Alguno pensó que era una broma. Otro se enganchó y dijo que se anotaba. Un tercero preguntó cómo sería, y dónde, y qué fotos expondríamos, y más interrogantes por el estilo. La cosa tomó forma y ya no hubo marcha atrás. El título se le ocurrió al propio Vargas ("Soy experto, vivo de hacer eso") y pronto surgiría también el lugar: sería en el Espacio de Cultura Universitaria (ECU), el imponente y bello edificio donde por años funcionó el Banco de la Nación que hoy es un reducto cultural perteneciente a la Universidad Nacional de Rosario.

El padre de BlueArt, un sello discográfico especializado en jazz, logró reunir así fotos hechas por Mauro Aguilar, Marcelo Mogetta, Lalo Puccio, las suyas y las de quien escribe estas líneas. Pero hizo más. Decidió invitar a un reportero gráfico con el que trabajó en Rosario/12, uno de los más talentosos y sabios entre los hombres de las cámaras en la ciudad. Alejandro Guerrero se transformó así en el único experto del grupo, y también en algo así como el garante de que las fotos elegidas tenían algo para contar y merecían alguna mirada.

"Somos periodistas y salimos a la calle pensando que en todos lados hay algo para contar. Por eso mismo también sabemos que en todos lados hay una foto para hacer, y nosotros las hacemos con esa mirada, la de un cronista, aunque en lugar de escribir en este caso hayamos optado por hacer fotos", explicó el mentor de la muestra en la inauguración. Como decía el húngaro Cappa, ni más ni menos.

La sombra de un avión proyectada sobre una planicie verde cuando despega, los detalles increíbles de una flor de irupé flotando sobre las aguas de un riacho frente a las costas rosarinas, un perro callejero que parece darle órdenes a un grupo de policías de la Guardia de Infantería, una vista aérea del estadio de Central tomada desde un dirigible cuando Arroyito era más barrio y menos urbe o un caballo pastando plácidamente bajo el sol con las torres de Puerto Norte como fondo son sólo algunas de las fotos que estaban ahí y que algunos de nosotros atrapamos para tratar de inmortalizarlas. Cuando las hicimos nunca pensamos que algún día formarían parte de una muestra, pero es seguro que cuando decidimos congelar ese instante lo hicimos con el secreto deseo de que alguien más lo apreciara: en Facebook, en Instagram, en Pinterest, en Twitter, en WhatsApp, en Google o donde fuera. Que ahora esas imágenes estén exhibidas junto a las que captó el ojo experto de Guerrero, en un centro cultural que además pertenece a la Universidad pública donde varios de nosotros nos formamos, es una yapa que jamás imaginamos hasta que al incansable Vargas se le ocurrió la loca idea de juntarnos.

Cuando escribimos o hablamos por radio, los periodistas estamos dispuestos al ida y vuelta con quienes nos leen o escuchan. Esta vez nos pasa lo mismo, aunque con las fotos. Pasen, vean y digan lo que quieran. Para eso las mostramos.

Cuando decidimos congelar ese instante lo hicimos con el secreto deseo de que alguien más lo apreciara.

Que ahora se muestren en el ECU es una yapa.

Data

Ojo de reportero puede verse en el ECU, hasta el 29 de julio, de martes a viernes de 10 a 18 y los sábados de 10 a 19. Luego recorrerá otros espacios universitarios, más acotados a la comunidad académica.

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