Cultura y Libros
Domingo 11 de Junio de 2017

Cuando la poesía no pone distancia

Marcos Silber es autor de una obra signada por la intensidad y la empatía social. Este miércoles, en el ECU, se presentan dos de sus últimos libros

Marcos Silber es autor de una obra signada por la intensidad y la empatía social. Este miércoles, en el ECU, se presentan dos de sus últimos libros

Este viernes, a las 19.30, en el Espacio Cultural Universitario (ECU) se presentarán dos libros del poeta argentino Marcos Silber, valorado por su voz sencilla y directa, impregnada de calidez y sentimiento popular.

Florencia Lo Celso, Patricio Raffo y Jorgelina Paladini serán los encargados de presentar en sociedad, con la coordinación de Bernardo Conde Narvaez, Mercado negro y Campo minado, donde Silber da continuidad a su reconocido proyecto poético, fuertemente enraizado en la tradición tuñoniana.

Coloquialismo, lirismo, lucidez y compromiso con los humildes son las coordenadas principales de una obra que, hoy más que nunca, se yergue como faro de sentido en la Argentina. Cabe recordar que Silber nació en 1934.

Para cerrar el acto, cantará Iris Santarelli.

Alegorías

Cuando escribo "ellos"

aparece el retrato de mi gente.

Si digo "derrota"

es porque nos cruzamos sin advertirnos.

Apunto "fuego", para regresar

a la caverna donde recuperar mi sombra.

Copio "partidas" y se oye

el aullido negro de perros abandonados.

Subrayo "juego" y bajan colores

y más colores para batir a la niebla.

"Mesa" descubre un jardín de sublimes porcelanas.

"Sueño", señala a la gigante bestia que baila feliz.

"Lilas", se ofrecen para que las lleve al poema.

Cuando anoto "tranvía "acude el temblor

de una emoción de olas que no ceden.

"Abuelo" se presenta para que descubra

el desconocido rostro de su voz.

Y si dibujo el nombre de mi amada

será la rendición de los enemigos;

a saber: la soledad, la zozobra,

y la perversa lámpara

que me alumbra la puerta de salida.


Los peores hombres de mi generación

Ciega va la gente de mi tiempo;

moribundo, entre tinieblas el paisaje.

Entregados los mayores, y los más jóvenes

rugiendo canciones de vencidos.

No fue oído el que decía:

"es necesario ser un poco malos

para ser después definitivamente buenos".

Ciega va la gente de mi tiempo;

los varones se baten sobre la arena de los días,

arañan las mujeres sus vestidos

se arrancan los pechos, y juegan

a los héroes los más pequeños.

No fue oído el que decía:

"casi todos descreen de la hermandad".

Ciega va la gente de mi tiempo,

hechizados con fuegos de artificio.

No fue oído el que decía:

"oscuro se presenta el corazón de muchos".

Ciega va la gente de mi tiempo;

en blanco y negro se detonan los sucesos.

Los poderosos ocupan el trono de la nave central.

Se muestran triunfales y altivos

los peores hombres de mi generación.

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