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Viernes 04 de Noviembre de 2011

Cuanto más se lee a un chico más aprende

Aseguran que las buenas lecturas contribuyen al éxito escolar.  Opinan dos especialistas, Beatriz Actis y Natalia Porta López

"Cuanto más se lee a un niño, mayores y más duraderos serán los beneficios que le depare esta lectura”, concluye un estudio presentado en Alemania esta semana, en el que se asegura además que “leer a los niños los beneficia mucho y a largo plazo”. Opinan sobre los beneficios de la lectura y cómo sostenerla dos especialistas en el tema Beatriz Actis y Natalia Porta López.

Según el trabajo difundido por la agencia DPA, leerles a los chicos “no solamente fomenta las destrezas sociales y el éxito escolar, sino también las capacidades creativas y deportivas”. El trabajo fue realizado por encargo del semanario alemán Die Zeit, a una fundación para el fomento de la lectura. “Leer a un niño es una inversión en el futuro”, subrayó Simone Ehmig, de la “Stiftung Lesen” (Fundación Leer) al respecto de esta investigación. En el trabajo se puntualiza además, que “especial importancia reviste la lectura para los niños de familias con poca instrucción”.

El sentido. Para la escritora santafesina Beatriz Actis la importancia personal y social de la lectura se relaciona con varias cuestiones, “una de ellas tiene que ver con la construcción de sentido, ya que al leer de lo que se trata es de hipotetizar, inferir y anticipar a partir del texto y de los propios conocimientos el sentido de cada parte y su relación con el todo, y en relación con esto es que la lectura resulta una herramienta privilegiada para desplegar y organizar el pensamiento y también la creatividad”.

“Esta herramienta que es la lectura, a la vez, permite cimentar —explica— en las personas las bases de la reflexión (o, al menos, abre las puertas para ello), y a partir de la reflexión pueden construirse el espíritu crítico, el juicio político, personal, cívico. La literatura en particular, a partir de la dimensión simbólica del lenguaje, nos proporciona un espacio multiforme, rico en su variedad, y esta multiplicidad nos conecta, por un lado, con nuestras raíces y sus ámbitos próximos, pero también nos permite la exploración de otros mundos diferentes y lejanos, la ampliación de nuestro universo cultural”.

Para la autora de “Qué, cómo y para qué leer” y “Alrededor de las fogatas” dada la complejidad del tema, y la función social y política que tienen la lectura y la escritura, “se trata de encarar una tarea social conjunta, compartida, para que no sea únicamente la escuela el espacio que proporciona a la comunidad una oferta cultural masiva”. Sugiere entonces que es preciso recuperar el modelo de padres y maestros lectores tanto en el ámbito familiar como en aquel más cercano como es el barrio.

Arrancar con ventaja. Natalia Porta López trabaja en el Plan Lectura Nación, además de ser integrante de la Fundación Mempo Giardinelli. Dice que sí, sin dudas “está probado que los chicos que llegan a la escuela habiendo recibido lecturas de sus padres arrancan con ventaja: cuentan con más palabras en su léxico y con mejor conocimiento de las estructuras del lenguaje escrito”.

La educadora afirma entonces que “leer ayuda a adiestrar el pensamiento complejo de los niños y casi con seguridad no hay mejor educación sentimental y ciudadana”. “Los niños —agrega— se sienten bien consigo mismos porque en eso consiste el mentado placer de leer: el saberse capaces del esfuerzo necesario para disfrutar y comprender. Probablemente en esos términos una pudiera considerar a la lectura una «inversión», aunque el término parezca a primera vista un poco utilitario”.

Complicidades. Porta López apela a sus vivencias personales como lectora y dice: “Los que tuvimos adultos que nos leyeron y heredamos esa costumbre lo que más valoramos son las complicidades, las historias y referencias comunes para entender y explicar el mundo que quedan para siempre entre el papá o la mamá que lee en voz alta y el hijo que lee también a través de esa voz amada. Un universo compartido que no es el de la tele ni el de Disney”.

Por eso hacia el final de su reflexión, invita a los padres y abuelos a leer “para alimentar la memoria poética, emocional y racional común con sus hijos. Y para encontrar en los libros la excusa para abrir diálogos, incluso los más difíciles. Por eso recomiendo no dejar de leer con ellos cuando se vuelven adolescentes”. Algo más: “Lo principal es no dejar de intentarlo, porque leer es algo que requiere persistencia, un rato todos los días. Hacerlo sólo una vez o dos no será significativo para ninguno. Leer con niños es ejercer un privilegio y para leer con ellos se requieren como mínimo: un espacio digno, niños, libros y tiempo. Y duele decir que es una mínima parte de la humanidad la que cuenta con todo eso. No dejen de aprovecharlo aquellos que pueden”.

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