mas
Domingo 30 de Octubre de 2016

Cuando sentir es más importante que saber

El autor de los best sellers más vendidos en la Argentina en los últimos años, Ágilmente y En cambio, habló con Más de su libro Random, una autobiografía ficcionada en la que revela secretos de un abuelo muy particular y cuestiona el funcionamiento del mundo científico. El reconocido biólogo y conferencista se plantea en este texto el costo de aceptar los errores y construir el bienestar personal. ¿Vale la pena el cambio?

"De los miedos nacen los corajes, y de las dudas, las certezas. Los sueños anuncian otra realidad posible y los delirios, otra razón. Al fin y al cabo somos lo que hacemos para cambiar lo que somos", escribió Eduardo Galeano en el Libro de los abrazos. Palabras que bien podrían definir la búsqueda personal que el biólogo Estanislao Bachrach inició hace más de diez años cuando se capacitaba en el exterior, y que quedó plasmada en el papel donde trasladaba sus sensaciones de aquellos días: la confusión, lo que estaba mal, lo que presentía, lo que deseaba. "Escribía a la tardecita, entre el hospital y las clases. Esos relatos eran más bien algo terapéutico, no lo pensé entonces como un futuro libro", confiesa.

En el medio de ese presente aparentemente idílico, el mundo de Bachrach, al igual que el de Esteban Rach —el protagonista de su primera novela, llamada Random— comienza a tambalearse a partir de una serie de hechos (¿casuales?) que lo invitan a replantearse casi todo.

Después del éxito de sus dos primeros textos: Ágilmente y En cambio —en los que llevó de una manera sencilla y original el conocimiento científico del cerebro a la vida cotidiana y que aún se venden como pan caliente—, Bachrach necesitó parar, detenerse, observar.

Algo del presente lo conectó con el pasado —tal vez esa constante en la que cierta insatisfacción o malestar empieza a pedir a los gritos un lugar— y creyó que era un buen momento para publicar su novela, esa que recuerda sus experiencias en Montpellier (cuna de la biología molecular) y Harvard cuando era un investigador intrépido y ambicioso y apenas se cuestionaba los mandatos familiares, mucho menos el futuro. Experiencias que, sin embargo, lejos de darle seguridad y certezas lo expusieron a la incertidumbre de una manera brutal.

Porque sucede que si uno está atento, los avatares de la vida se encargan de mostrar que "hay otra realidad posible".

Los secretos de un abuelo amado, —que se dedicaba en realidad a cazar nazis en la Argentina y que murió trágicamente— y que el biólogo fue descubriendo casi con estupor en aquellos años en el extranjero, se enlazaron con la necesidad de encontrarle otro sentido a su existencia después de varios fracasos como científico.

De eso habla Random, y sobre estos temas charló Bachrach con Más en Rosario. De la búsqueda de la verdad, del coraje que se necesita para hacerse cargo. De animarse a cambiar aunque duela. Una novela con la que sorprendió a la editorial (que seguramente esperaba otro éxito ligado al cerebro) y también a sus lectores.

—Tus libros anteriores tenían más que ver con el saber, con el conocimiento. Esta publicación está más del lado del sentir. ¿Por qué?

—Sí, tiene más que ver con el sentir porque es lo que tenía ganas de hacer. Los otros libros, que tenían que ver con el conocimiento, estaban más del lado del deber ser, del tener que... Esta vez fui por el sentir y las ganas. Es un relato que estaba escrito mucho antes que Ágilmente y En cambio, ya que lo escribí en el 2003/ 2004, cuando vivía en Boston. Después de los éxitos inesperados de mis libros anteriores refloté este relato y tuve ganas de presentarlo, sin temor a mostrarme vulnerable. Siempre me gustó mucho escribir, siempre me gustó la conexión que tiene la escritura con las emociones, con las historias. Además es una forma de hacer un tributo a la vida de mi abuelo, de mi padre, de mi familia.

—¿Hubo presión o necesidad de la editorial de que publicaras algo relacionado con el cerebro después de los éxitos anteriores? ¿Vos te sentiste presionado por lo que podían estar esperando tus lectores?

—La verdad es que la editorial (Sudamericana) se portó increíble conmigo, no hubo presión. Sí me preguntaron si tenía ganas de escribir otro libro y sobre qué tema. Cuando fui con la propuesta de la novela al principio se sorprendieron un poco pero después me dijeron “la leemos y vemos qué podemos hacer”. Así que no hubo presión pero sí un poco de sorpresa. En lo estrictamente personal no sentí ninguna obligación de tener que escribir otro libro, ni del cerebro ni de nada. Tomo la escritura como un momento de placer, de disfrute. Es una de las pocas cosas que hago en mi vida donde no me exijo tanto, donde no me pongo tanta presión.

ramdom1.jpg

—¿Por qué los capítulos de Random tienen nombres de emociones?

—Estoy muy metido en el mundo de las emociones, investigando sobre ellas desde la mirada biológica, leyendo autores y artículos científicos que están tratando de entender el mundo de las emociones y cómo se regulan. Y eso se dio en el momento de reescribir la novela. Por lo tanto me pareció interesante que el lector vaya atravesando las mismas emociones que el protagonista. También es un guiño a los lectores de Ágilmente o En cambio, que están acostumbrados a leerme desde la mirada del cerebro o del conocimiento del cerebro y, por qué no, un adelanto del próximo libro que tengo muchas ganas de escribir y será sobre las emociones.

—¿Por qué la mayoría de esas emociones que encabezan cada capítulo son “negativas” (humillado, solo, apabullado, furioso, desorientado, irritado)?

—Es muy oportuna la pregunta porque no existen las emociones negativas; es la sociedad, son nuestros padres, la cultura, la escuela quienes les ponen el mote de negativas a esas sensaciones. Las emociones son emociones, y si aparecen es porque algo sucede o no sucede, porque algo estamos pensando. Justamente la idea es amigarse con esas emociones y dejar que nos atraviesen. Entender por qué nos pasa lo que nos pasa y en el momento que nos incomodan o molestan tratar de cambiar cómo pensamos esas situaciones, o en qué situaciones nos estamos metiendo; para cuáles tenemos herramientas para su control y para cuáles no. Para mí es una mala mirada decir que hay emociones negativas y otras que son positivas. Desde el punto de vista biológico las emociones están porque nos ayudarnos a sobrevivir en el planeta. Cuanto más las conozcamos menos nos van a impactar en la toma de decisiones y mejor vamos a aprender a regularlas y manejarlas.

—Hay cierto enojo con el mundo científico o los científicos en el libro, incluso en un momento decís (o lo dice el personaje) que los científicos "no tienen alma". ¿Seguís molesto?

— No estoy enojado con los científicos y la ciencia. Existió una crisis mía, muy personal, que hizo que me la agarre con los científicos en algún momento pero gracias a un trabajo de autoconocimiento, de introspección y reflexión me di cuenta de que era un tema mío, no de ellos. El personaje, mi alter ego, estaba atravesando situaciones donde veía a la ciencia de un lado que nunca se había imaginado, pero que es un costado que tienen todas las industrias, los rubros, las profesiones, donde hay gente que miente, que es trucha, que hace el mal. El personaje tenía una mirada idealista de la ciencia, para él era un mundo muy noble. Y si bien la gran mayoría de los científicos que conozco, que son muchos, son así, otros no. Y ese era el lado que quería mostrar, pero no considero que la ciencia sea así en general. Sólo hay gente que, en ocasiones, hace que se manche.

—En el libro queda claro que querías pertenecer a la elite de la ciencia, pero eso tuvo un costo. ¿Hoy necesitás pertenecer a algún otro “círculo”? ¿Pensás que los seres humanos necesitamos ser “parte de” algo importante o reconocido para sentirnos realizados?

—En realidad hay que tener cuidado porque algunas cosas de la novela son absolutamente ficción, si bien está basada en hechos reales. Lo de pertenecer a una minoría selecta tiene que ver (al menos lo que yo viví) con la ilusión de muchos científicos. En mi caso estaba llevando adelante un mandato paterno. No era que yo quería pertenecer a ese círculo o que estaba empujado por una fuerza interna que me decía que tenía que ser muy bueno en lo que hacía e ir a los mejores lugares. Pero es cierto que a las personas en general nos gusta sentirnos parte de algo, de un club, de la familia, de un grupo de amigos; hay estudios biológicos sobre la importancia de sentirse parte de un grupo. De hecho, hay investigaciones que muestran que en una empresa cuando sos parte de un área los de otras áreas son discriminados o se los trata de modo peyorativo. Hoy no tengo claro si necesito pertenecer a un círculo. Estoy viendo dónde quiero ir en este momento de mi vida. Tengo claro que quiero estar más con mi familia, conmigo, hacer el duelo de haber perdido a mis padres... Rodearme de mis amigos y nada más

—¿Qué devoluciones tuviste hasta ahora de Random? ¿Pensás que te acerca nuevos lectores?

—Más que nada escuché comentarios de gente que me quiere. Que me dijeron “la novela me atrapó, quería ver lo que le pasaba a Esteban”... Por otra parte no sé si puede haber más lectores que se interesen en lo que hago, no hubo intencionalidad de ganar lectores o que la gente compre más. Fue un acto un poco egoísta en el sentido de querer contar mi historia, ficcionarla, y tener la oportunidad de hacerlo. No persigo propósitos comerciales.

—El protagonista vive una mentira, y se da cuenta. ¿Cómo se identifica una mentira cuando esa mentira es lo que estás sosteniendo o te está sosteniendo por años?

—Depende del nivel de la mentira y cuánto eso afecta o afectó a la psiquis de la persona. Creo que depende de cómo impacta en su presente y su capacidad de gozar y hacer cosas, para uno y para los demás. Hay distintos niveles de mentira y detectarlas o no, no me parece que sea importante. Salvo que uno quiera descubrir más sobre eso, que esa mentira le está trabando algo, o impidiendo disfrutar. Que la mentira tenga que ver con algo no resuelto o poco entendido del pasado y lo complique en el presente.

—¿Se puede decir que seguís en una búsqueda, o que estás siempre en una búsqueda teniendo en cuenta que das conferencias, sos profesor, asesorás a empresas pero también a deportistas? ¿A qué te dedicás hoy?

—Yo busco cuándo mi chip se activa, cuándo me estoy aburriendo y entonces quiero hacer otra cosa. A partir de esa gran crisis que tuve (y que tuvo Esteban) estoy más atento y necesito que lo que hago tenga una dosis de placer o disfrute. Hoy me dedico a la consultoría en instituciones, a ser mental coach de algunos deportistas (Las Leonas, el tenista Guido Pella, entre otros), a encarar “experimentos” muy interesantes con padres, maestros y alumnos en las escuelas y además soy profe de la Maestría de Negocios de la Di Tella.

—Hace algunas semanas, Pablo Ramos dio una entrevista a este diario sobre su último libro, Hasta que puedas quererte solo, y dijo : “El que escribe ilumina su oscuridad” ¿Te pasó algo parecido con Random?

—Está buenísima la frase de Pablo Ramos. Aunque Random oscureció mi luz cuando yo creía que esa luz estaba iluminando mi camino, pero en realidad me estaba quemando. La escritura de ese relato, que finalmente es un libro, fue apagando esa luz para que deje de quemarme y para darle oportunidad a una luz distinta en mi vida, que ilumine pero no queme.


Comentarios