Ovación
Martes 04 de Octubre de 2016

Cuando se hace lo que se debe

El árbitro Rapallini y el línea Viola hicieron repetir un penal a favor de River porque el arquero Aguerre, de Vélez, se adelantó. Una transgresión que pocas veces se sanciona.

Escuchar el argumento de que una infracción no se sanciona porque "eso no se cobra nunca" es como estacionar en doble fila "porque en definitiva todos lo hacen". Es convalidar la transgresión o el incumplimiento de las normas como si se tratara de un rasgo cultural.

Por eso cuando se afirma que el fútbol no es una abstracción de lo que sucede en la sociedad se encuentra la ratificación inmediata en la realidad. Porque entre lo que no se debe hacer pero se hace igual hay una característica de indisciplina y patrón genético social que atraviesa a lo largo y a lo ancho un comportamiento colectivo del cual el deporte no está exento. Aunque algunos se refugien en las diferencias de interpretación y otros acudan al repertorio inagotable de las excusas repentinas. Lo cierto es que todos deberían ser iguales ante la ley. Claro, en un ámbito donde las leyes no sean tan flexibilizadas como acá, al punto de vaciarla de contenido.

La semana pasada las definiciones por penales de los partidos de la Copa Sudamericana que disputaron Independiente en Brasil y Belgrano en Córdoba una vez más dejaron en evidencia, como otras tantas veces, la ventaja que tienen los arqueros que se adelantan en las ejecuciones. Ni los asistentes que se ubican para sancionar justamente eso ni los árbitros principales hicieron repetir los remates que fueron atajados por arqueros que de manera obscena dieron hasta dos pasos hacia adelante.

"Eso no se cobra nunca", reflexionó un árbitro que transita las canchas del ascenso al ser consultado de manera informal en una mesa de bar. ¿Pero cambió la reglamentación, porque antes no se podía adelantar el arquero?, fue la repregunta de un sorprendido simpatizante sentado en torno a la misma mesa. "Nadie lo cobra", dijo firme en sus grises el hombre de negro. Con los mismos grises que en la cotidianidad tantos otros justifican la indisciplina vial o cívica cuando surcan las calles de una ciudad, que bien podría ser Rosario, y con los mismos grises con los que actúan aquellos que deben controlar pasando de la omisión a la sanción en casos idénticos.

Esta ambigüedad de ser o no ser, de moldear el reglamento según la interpretación o circunstancias, es lo que agiganta la suspicacia y reduce la credibilidad. Más en un contexto donde el error, como tal, ya hace tiempo que fue asesinado por los sicarios de la falibilidad incomprobable.

Pero el sábado en el encuentro entre River y Vélez, el árbitro Fernando Rapallini (de pésimo desempeño) sancionó penal a los 41' de Nasuti a Driussi por una patada del defensor al tobillo del delantero. Alario pateó pero su remate lo tapó el arquero Aguerre. Pero el alivio velezano duró un suspiro. El línea Sergio Viola levantó la bandera y anuló la jugada porque el arquero se adelantó. Rapallini se puso firme y Alario volvió a patear y puso el 2 a 0 parcial.

Los jugadores de Vélez habrán dicho: "Eso nunca se cobra". Aguerre se sintió una víctima porque lo castigaron por algo que la mayoría de sus colegas hace. Para River fue un acto de justicia. Viola y Rapallini deberán hacer repetir todos los penales cuando un arquero se adelante. Aunque el resto siga sin sancionarlo "porque nadie lo cobra".

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