Central
Domingo 18 de Septiembre de 2016

Cuando se encendió, lo hizo fácil

En el inicio del complemento Central marcó la diferencia, pero al final sufrió más de la cuenta

Bastó que Coudet moviera la estantería para que Central reaccionara, recién a los 50'. Lo Celso y Montoya a la cancha por Bordagaray y Colman, ambos intrascendentes. Casualidad o no, Gio la inició, Camacho asistió, Ruben intentó definir y Montoya la metió. Un punto de inflexión (53') enorme para un partido hasta ahí chato, ordinario. Qué decir de lo que ocurrió apenas tres minutos después, con ese zapatazo infernal que Camacho clavó en el ángulo. A partir de ahí todo fue relajación, tranquilidad, hasta que apareció la infantil expulsión de Montoya (a 15' del final), que dejó el partido diez contra diez. Fue el momento en el que el Canalla fue víctima de algunas descompensaciones, pero nada que alterara el monocomando del juego que había ya instalado, básicamente a partir de la tenencia y la categoría de Lo Celso. La roja a Ferrari sí metió temor, más allá de que con uno menos Central tuvo todo para liquidarlo en un par de contras, antes de que Bertochi marcara el descuento.

Fueron 45 minutos, los del complemento, que borraron de un plumazo ese soporífero primer tiempo al que a Coudet no le funcionó el plan ideado en la previa, con algunos movimientos novedosos que introdujo desde el arranque. Es que Colman jugó a lo de siempre y encima demasiado atrás, en la misma línea de Musto, mientras Bordagaray corría la cancha sin saber qué función cumplir. Sólo Camacho pareció estar a tono con lo que el partido pedía. Porque sin deslumbrar, el ex Racing se las ingenió para participar en las jugadas más importantes en ataque (ver página 4).

Central atacaba, aunque sin demasiada idea. Pero de la misma forma atrás no ofrecía muchas garantías. Porque si González hubiera conectado mejor el centro de Telechea, la zaga central auriazul hoy volvería a estar en el ojo de la tormenta. Y como esa hubo otras situaciones en las que la solidez defensiva brillaba por su ausencia.

Esos pocos minutos de furia en el complemento le dieron al Canalla la posibilidad de amigarse consigo mismo. Todo hubiese sido mucho más tranquilo si Montoya no se adelantaba en el tiro libre y si Ferrari no levantaba la pierna más de lo habitual estando ya amonestado.

Que ni Ruben, ni Herrera hayan podido ponerle el moño al partido en el cierre fue una mera anécdota, sobre todo porque a Patronato le dio hasta el descuento (en el final lo tuvo Quiroga). Es que así como lo del primer tiempo dejó enormes dudas, lo del complemento debió servir para no haber terminado mirando el reloj por esa incapacidad manifiesta a la hora de pilotear una situación que pintaba tranquila. Valió el triunfo. Un triunfo eléctrico. Y justo por cierto.

E. E.

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