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Domingo 10 de Julio de 2016

¿Cuándo llega el fin de la adolescencia?

Una etapa que suele traer conflictos, avances y retrocesos. Pautas para transitar el paso a la adultez sin tanto malestar y abrir la posibilidad de un futuro positivo y constructivo.

El comienzo de la adolescencia está marcado por la pubertad, etapa en la que los cambios físicos anuncian, además, las transformaciones emocionales y psicológicas por las que va a transitar el niño. Pero ¿qué pasa con el fin de la adolescencia? Su salida está caracterizada por cierta complejidad ya que no está determinada por algo concreto como en su inicio.

   Está, más que nada, relacionada con la posibilidad de acceder a un sistema simbólico determinado que le permita a ese adolescente posicionarse en otros lugares y asumir ciertas responsabilidades.

   Cómo atravesará cada individuo este camino tumultuoso tiene que ver con su organización psíquica, su disposición para afrontar las embestidas tanto internas como externas, sus vínculos familiares y el medio social del que es parte. Por lo tanto, son fundamentales sus recursos internos, su historia y un contexto social adecuado para desplegar sus proyectos personales.

   ¿Cuáles son los indicadores que nos muestran que el final de esta etapa ha llegado? La adolescencia: ¿concluye?.

   Una de las cuestiones relacionadas al período final de la adolescencia es la posibilidad —de esa chica o chico— de desatarse de los lazos parentales para poder comenzar a construir "su propia vida". Esta separación causa mucho dolor y angustia a los hijos y a los padres. No se da de una sola vez sino en movimientos progresivos y regresivos que a veces desorientan y sorprenden por las actitudes que toman los protagonistas.

   Este proceso es singular. Es un trabajo que tiene que realizar el adolescente, relacionado con esa mezcla de desprendimientos de lo infantil y una búsqueda exogámica que le permita armar su propio proyecto vital.

   Cada época, cada cultura, crea, talla y determina sus adolescentes, quienes ocupan y personifican los lugares que les están asignados. Las turbulencias socioculturales y la rapidez de los cambios influyen en la producción de las subjetividades acentuando la distancia. No sólo entre las generaciones, sino también dentro de un mismo grupo etario. Hay adolescentes con características distintas, valores, códigos, maneras de pensar, por eso no se los puede unificar. Pero hay algunos ejes que es posible establecer como orientativos.

Etapa idílica

En general, en nuestro tiempo, la adolescencia dejó de ser un momento de tránsito hacia la adultez para convertirse en una etapa "idealizada" en la que todos desean permanecer. Momento sublime, que como en la niñez, implica quedar desligado de las responsabilidades del adulto, pero también posee las libertades soñadas desde chico que eran exclusivas de los grandes.

   Se la toma como modelo no solo en lo referente al ideal estético, a la juventud del cuerpo y la posibilidad de hacer determinadas actividades, sino también en relación a sus conflictos. Así son muy valoradas características adolescentes como la ambigüedad a nivel de la identidad, la omnipotencia, el egoísmo, la intolerancia y la incapacidad de espera.

   Se trasmite una cultura hedonista con la búsqueda inmediata de placer como objetivo, aquello que se puede tener fácilmente, y se rechaza todo aquello que se consigue con esfuerzo, a través del tiempo.

   Las aspiraciones de los adolescentes están atravesadas por la inmediatez y la imprevisibilidad, por la ausencia de valores duraderos y éticos. No pueden vislumbrar un camino a seguir, un porvenir que les brinde algunas certezas que los estimule a rescatar sus deseos y a confiar en sus esfuerzos. Los valores e ideales que sustentaban los adultos del pasado son desechados por ser considerados obsoletos.

   Así, la adultez dejó de ser un horizonte atractivo para alcanzar. Quizá el rol del adulto se fue desdibujando, perdió autoridad y poder. Los jóvenes tienen mucha dificultad para tomar a sus padres y/o otros adultos como modelos sostenedores de su crecimiento o que posean la suficiente firmeza para poder confrontar con ellos.

   También es cierto que hay un saber que hoy no se transmite: cómo manejarse en la vida, cómo orientarse en la sociedad, cuáles son claramente las normas, los valores, los códigos. No es raro que el joven sienta un enorme vacío y muchas veces se puede hablar de falta de un padre, un referente, que pueda transmitir una experiencia. Esto se ve acentuado por la ausencia de una familia ampliada (abuelos, tíos) y una sociedad que respalde las funciones parentales.

   En una sociedad que tiende a la "adolentización" la brecha que debería separar precisamente a las generaciones se desvanece y así se vuelven confusas las funciones y las responsabilidades que cada uno debe cumplir dentro de la familia.

   Muchos padres les transmiten a sus hijos que ahora tienen que disfrutar porque después van a perder la posibilidad del goce y el placer, en lugar de incentivarlos a luchar para lograr otras metas, otras aspiraciones.

   No se puede vivir todo el día a día como si el futuro no existiera porque de esta manera los condenan a una vida vacía y sin sentido, que seguramente reflejará este malestar a través de consecuencias sintomáticas.

   La negación del paso del tiempo, el quedar cristalizados en la posición de adolescente dependiente, obliga a los padres a ser dadores permanentes e inmortales, debiendo satisfacer los reclamos de sus hijos, sus deseos, sus necesidades. El adolescente queda así en posición de sostener la propia omnipotencia. Y los padres aparecen como figuras debilitadas que siguen prolongando su lugar de padres de la infancia indefinidamente, aunque ellos crean que lo hacen "por el bien de sus hijos".

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