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Sábado 30 de Octubre de 2010

Cuando leer y escribir ya no es lo mismo para la escuela

Andrea Brito es investigadora del área de educación de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso). Desde hace un buen tiempo indaga cómo impacta en la escuela la preocupación que la sociedad tiene alrededor de las prácticas de lectura y escritura. Lo hace de una manera particular, que invita —como dice— a desandar los mitos y los prejuicios, como aquellos que afirman sin más que los chicos ya no leen o escriben mal. Brito fue una de las disertantes del Congreso Aula Hoy que se realizó en Rosario el jueves pasado. Su conferencia se tituló "Lectura, escritura y educación".

Andrea Brito es investigadora del área de educación de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso). Desde hace un buen tiempo indaga cómo impacta en la escuela la preocupación que la sociedad tiene alrededor de las prácticas de lectura y escritura. Lo hace de una manera particular, que invita —como dice— a desandar los mitos y los prejuicios, como aquellos que afirman sin más que los chicos ya no leen o escriben mal. Brito fue una de las disertantes del Congreso Aula Hoy que se realizó en Rosario el jueves pasado. Su conferencia se tituló “Lectura, escritura y educación”.

  La educadora plantea “pensar que la lectura y la escritura preocupan hoy porque están en medio de un cambio cultural y por lo tanto que es un buen momento para repensar no tanto sobre qué les pasa a los chicos sino qué le pasa a la escuela con esto”.

  —¿La invitación es a pensar en un cambio en estas prácticas más que en una crisis?

  —Aparecen como crisis por el surgimiento y desarrollo de nuevos soportes, pero que opacan ver que en realidad hay cambios y continuidades en las prácticas de lectura y escritura.

  —¿Cuáles son esos principales cambios?

  —Pasan por advertir que ahora la lectura y la escritura parecen perder su lugar de centralidad en la construcción y en la circulación de los saberes. No olvidemos que la escuela desde siempre se desempeñó alrededor del libro como eje ordenador de los saberes, lo cual origina todo un modo de relación con el conocimiento. Pero hoy hay otras formas donde aparecen la velocidad, la instantaneidad, la simultaneidad en la información y la convivencia de distintos lenguajes, y códigos sentados en diferentes soportes. Eso ocurre al mismo tiempo que se da la sensación de que la lectura y la escritura desaparecen. Sin embargo, lo que vienen a demostrar estos nuevos soportes es que justamente la lectura y la escritura retornan en una nueva forma, y con mucha fuerza. Hoy, a través de estos nuevos soportes, se lee y se escribe mucho.

  —¿Y la tarea de la escuela cuál es?

  —Conocer que estas prácticas se diferencian a partir de distintos soportes, que conviven distintas reglas y lógicas. También que hay nuevas formas de producción, y que se trata de una práctica cultural en sí misma. En todo caso hay que pensar qué se hace con eso en la escuela, desde lo diferente y también desde lo común.

Alfabetización

 —¿Cuál es el desafío que debe enfrentar la escuela cuando piensa en la alfabetización?
  —El mayor desafío es pensar qué hace sentido en la experiencia de los chicos. Los adultos tendemos a fortalecer esa cerrazón de la escuela hacia adentro. De esa manera, sostenemos lo que sabemos y lo que seguimos sabiendo mientras pasan cosas con las nuevas tecnologías. Y es ahí donde se produce cierta separación entre lo que pasa en relación con el cocimiento adentro de la escuela y aquello que circula por fuera. Es aquí donde tiene que ser pensada como un lugar de cultura que permite el ingreso y diálogos con otras culturas, la escrita es una de ellas. Le toca pensar cómo entabla el diálogo con las culturas mediáticas, digitales y generacionales, porque entrar a otra cultura no es sólo leer y escribir, sino cómo entablar una conversación con ella.

  —¿Esto lleva de alguna manera a valorizar la lectura y la escritura que los chicos hacen con internet, en lugar de decir que por culpa de esta herramienta escriben mal, por ejemplo?

  —La lectura y la escritura retornan con internet con mucha fuerza. Y no es que los chicos escriben mal por las nuevas tecnologías sino que lo hacen de otro modo. Lo que nosotros vemos como faltas de ortografías en el chat, por ejemplo, tiene que ver en realidad con la lógica de ese lenguaje. Es un código distinto que se adecua a la velocidad que exige ser transmitido un mensaje. No se trata de que la escuela enseñe a escribir en el chat, sería forzarla a algo que no tiene ni debe hacer, pero sí tiene que pensar qué pasa con la escritura en uno y otro lugar.

  —¿La escuela no tiene como tarea también enseñar a leer críticamente estos nuevos espacios donde circulan los chicos, como internet?

  —Sí, por supuesto pero con el resguardo de que ese adjetivo de crítico no sea defensivo frente a lo que pasa con las nuevas tecnologías. Porque cuando se enseña a leer en libros también hay que enseñar una mirada crítica. No da igual cualquier libro porque sea en soporte papel, como tampoco cualquier fuente. Claro que está la necesidad de acompañar a los chicos en el buen uso, pero esta enseñanza sobre los riesgos debe hacerla independientemente de los soportes.

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