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Domingo 26 de Abril de 2015

Cuando la soberbia enceguece, todo puede ser posible

Palabras más, palabras menos, señaló que “el que sinceramente desee conocer la verdad propia de sí mismo, debe sacarse la viga de su soberbia, porque le impide que sus ojos conecten con la luz”.

Bernardo de Claraval, un monje francés que falleció en 1153, escribió allá lejos en el tiempo el Tratado sobre la Humildad y Soberbia. Palabras más, palabras menos, señaló que “el que sinceramente desee conocer la verdad propia de sí mismo, debe sacarse la viga de su soberbia, porque le impide que sus ojos conecten con la luz”.

   Quizás algo de lo que decía este monje, que fue abad del monasterio de Claraval (en Francia) y expandió su orden por toda Europa, haya cobrado relevancia esta semana, cuando los resultados de las primarias abiertas dieron paso a un verdadero cisma dentro del Frente Progresista. Muchos de sus militantes y dirigentes miraron con enfado al electorado sin haberse detenido siquiera a realizar una autocrítica, por más mínima que fuera, de las causas de la pobre performance electoral.

   La soberbia es definida por la Real Academia Española (Rae) como el apetito desordenado de ser preferido a otros. Algo que enceguece y no permite detenerse a analizar los errores.

   No es menor el hecho incontrastable que señala que la intendenta Mónica Fein perdió en todas las seccionales de Rosario. Desde el domingo pasado no se escuchó una sola reflexión oficial al respecto. Puertas adentro del Partido Socialista nadie entiende cómo, en el año del Plan Abre, aquel que destinó millones a la obra pública barrial, eso no se tradujo en apoyo de la ciudadanía a la gestión de Fein.

   Paralelamente, Pablo Javkin (el rival de la intendenta en la interna) cosechó los sufragios que evitaron que la debacle no fuera mayor. Habrá que ver ahora como el frente se reagrupa, teniendo en cuenta que la campaña Fein-Javkin fue muy virulenta. El legislador de la Coalición Cívica tuvo un discurso altamente crítico durante toda la campaña y ya admitió que le es imposible garantizar que sus votos se vuelquen en junio hacia el lado de la intendenta. Es más, hasta dejó entrever su disgusto por como había sido ninguneado por el socialismo durante toda la compulsa electoral.

   Tal vez Fein haya pagado los platos rotos de otros. La inseguridad, ese flagelo que todo se lleva puesto, no reconoce jurisdicciones ni competencias provincial y municipal, y la intendenta es la primera cara con la que el vecino se encuentra a la hora del reproche.

   Mirar la elección desde el pedestal de la soberbia puede conducir a un gran fracaso. Tener a miles de militantes (muchos de ellos viven con salarios que paga el Estado) denostando a sus contrincantes en las redes sociales porque no vienen de la política o incursionaron en el humor como medio de vida, es no darse cuenta del mensaje que los vecinos dieron el domingo pasado.

   Esta semana, un colega recordaba en la Redacción la frase que en 1989 acuñó un histórico dirigente peronista. “Una agrupación estudiantil universitaria no nos va a sacar la provincia a nosotros”, decía entonces por lo bajo.

   Por esos días, la “agrupación estudiantil” terminó ganando Rosario para no dejarla hasta estos ahora. Y en 2007 dio el salto a la gobernación de la mano de Hermes Binner.

   Así, las palabras del viejo caudillo peronista chocaron con la incontrastable realidad. La soberbia no le permitió ver ese avance de sus “estudiantiles” adversarios casi 20 años antes.

   Hoy, paradoja mediante, los actores son otros, pero la soberbia es la misma. La pregunta es: ¿Se repetirá esta historia?

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