Antonio Bonfatti
Domingo 02 de Octubre de 2016

Cuando "la grieta" es funcional

Claves. El gobierno, por primera vez desde que asumió, cree estar en condiciones de dar buenas noticias en materia económica. La funcionalidad K bloquea a Massa. Bullrich, la inseguridad, Barletta y la cumbia santafesina.

¿Arranca o no arranca? Tras casi diez meses sin buenas noticias que comunicar en materia económica, el gobierno cree que llegó el tiempo de frenar la caída. Se aferra al descenso de la inflación como un náufrago al madero en altamar y reza para que el peronismo siga siendo un modelo para armar.

Siempre hay un menú de curiosidades. Hoy por hoy, el pronóstico más optimista sobre el futuro inmediato de la gestión de Mauricio Macri sale de propia boca de Miguel Bein, principal asesor económico del candidato presidencial del kirchnerismo.

El economista vaticina un crecimiento del 5 por ciento y pronostica que los salarios en 2017 estarán por encima de la inflación. "Los años en los que hay elecciones se tocan los salarios, se deja quieto el tipo de cambio y se frenan las tarifas. La inflación queda anclada y los salarios recuperan poder adquisitivo", sostiene Bein.

Por ese camino, el gobierno parece convencido de tomar como propias algunas lecciones del populismo, tan repudiado por los haters macristas a la hora de criticar al peronismo. Tal vez hayan aprendido que no se ganan elecciones con un decálogo de bondades de las políticas de mercado. Cambiamos, pero no tanto.

Llegando los bonos. En ese escenario, nadie se escandaliza por el bono de fin de año que pagará el Ejecutivo o el aumento de los planes sociales que dejó el kirchnerismo. No hay forma de dejar atrás esas políticas asistencialistas: Argentina es hoy un patético mal ejemplo de desigualdad social.

El 32,2 por ciento de pobres sube a la marquesina la impostura de buena parte del relato del gobierno anterior. Desde el 5 por ciento de pobres que voceaba la presidenta, al porcentaje actual; de la casi pornográfica comparación con Alemania, a la ausencia de mediciones.

Los nuevos índices son tan escalofriantes como la hipocresía de querer hacer creer que el aumento de pobres es exclusiva responsabilidad del gobierno de Cambiemos. O como la actitud de algunas referencias macristas de querer negar que la política económica actual generó aún más desigualdad.

Esa construcción coral que hacen macristas y kirchneristas a la hora de elegirse como adversarios y/o enemigos políticos es todo ganancia para ambos. Le permite al macrismo sacar ventaja del mayoritario rechazo a la gestión anterior y mantiene movilizado y vigente al kirchnerismo, impidiendo una construcción alternativa y competitiva desde el PJ.

La funcionalidad de la grieta se comprueba con sólo hacer zapping entre los dos canales de cable con mayor audiencia. En uno se trata de mantener en pantalla todo el tiempo el best of de las corruptelas del gobierno anterior, y en el otro se emparenta a Macri con un feroz verdugo transversal.

La partición del escenario en dos complica a Sergio Massa, quien es el único opositor que mete ruido en las encuestas. Massa corre el riesgo de quedar pegado al discurso kirchnerista con sus críticas de fondo a la marcha de la gestión o muy linkeado al macrismo si es que el apoyo crítico con el que inició el vínculo con el presidente se mantiene en el tiempo.

Pero, sin embargo, el peronismo no irá detrás del líder del Frente Renovador como si fuese el jefe omnímodo del PJ. Massa genera resistencias políticas y, por ahora, comparte la cartelera con otras referencias del justicialismo (aunque no muchos), que sueñan con calzarse la banda presidencial. Y si no que lo cuente Juan Urtubey, quien apostó a un casamiento mediático que lo haga visible en el mientras tanto.

Así como Massa tiene resistencia, lo mismo sucede con el gobernador salteño. El resto de los mandatarios lo observa con desconfianza y no quiere cederle el carril exclusivo de las políticas consensuales con el gobierno.

Miguel Lifschitz no sale de su sorpresa, cada vez que le toca compartir algún acto, reunión o evento con el resto de los mandatarios y las autoridades nacionales. Incluso, lo dijo en una entrevista con LaCapital: "Hay gobernadores que no tienen problema: eran obsecuentes antes y cambiaron rápidamente de camiseta".

Los gobernadores y los intendentes peronistas tienen en 2017 un objetivo primario: conservar los territorios. En ese marco, no es seguro que el peronismo trabaje mancomunadamente para derrotar a Cambiemos. Se deja ver en la provincia de Buenos Aires. "Queremos incorporar intendentes peronistas y, de hecho, lo estamos haciendo. Es como armar una ensalada: están los radicales, pero bienvenidos los peronistas", dijo una fuente legislativa nacional.

Ese intento de cazar peronistas no excluye a Santa Fe: en las últimas horas los sondeos encargados por el PRO para medir imagen e intención de voto incluyeron a Omar Perotti. Ya se escribió hace 3 meses en esta columna lo que una calificada fuente con despacho en la Planta Baja de la Casa Rosada le confió a LaCapital: "A Mauricio el que le gusta es Perotti".

En el mientras tanto, les sirve a los macristas para acelerar alguna definición de José Corral, el intendente de Santa Fe, quien es para muchos el candidato natural de Cambiemos a diputado nacional. Para Corral no es de costo neutro una aceptación a esa candidatura, porque nada garantiza que su sector retenga la Municipalidad.

A esta altura de los acontecimientos nadie podría explicar, sin mentir en los fundamentos, cómo se mantendría en pie el Frente Progresista, tal como está, si Corral es candidato, enfrentando, tal vez, a Antonio Bonfatti. Día a día, al radicalismo se le hace más difícil columpiarse entre los dos oficialismos, atento a que los misiles nacionales contra el socialismo son cada más intensos. Las acusaciones de Carrió sirven como ejemplo.

Divididos por la cumbia. A la par, aparecieron durísimas críticas de Mario Barletta al gobierno provincial, esta vez por la organización de un festival de cumbia en la capital de la provincia. Increíble pero real. "Una verdadera idiotez que el @GobSantaFe se apropie de la fiesta de la Cumbia. Ignora a @SantaFeCiudad y destruye el parque federal", tuitió el diputado nacional. Los tuiteros socialistas hicieron cola para contestarle. Si esos cruces se producen ahora, no está de más imaginar lo que pueden ser durante la campaña.

Para la Casa Gris el futuro político se define de acuerdo a los resultados de lo que es la gran preocupación de los santafesinos: la seguridad. Lifschitz lo sabe y luce comprometido para que se observe a su gestión como una nueva etapa. Al fin, desembarcó la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, con los agentes federales, pero, de manera insólita, nadie sabe cuántos son.

"Yo ya me reuní con Lifschitz. Ahora, de todo lo que sea seguridad en Santa Fe, hablen con Patricia", le dijo Macri a un diputado nacional. El presidente comentó ahí que no tiene "nada que ver" con la acusación de Carrió contra Bonfatti. "Lilita es Lilita", lo despachó al legislador.

Por lo pronto, comienza una nueva etapa en la que los gobiernos nacional y provincial deberán trabajar juntos a la par. Como la canción de Pappo.



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