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Sábado 13 de Junio de 2009

Cuando el juego lleva a la integración

Alejandro mira desde la galería hacia el patio. Lo hace para resguardarse del frío que no afloja a pesar del sol que ya pega a pleno. No recuerda bien cuántos años tiene, pero está contento porque su papá este año por fin lo anotó para que empezara el primer grado. "Mirá, allá está la profe de educación física, yo te acompaño", dice bien dispuesto ya que en ese momento oficia de "secretario".

Alejandro mira desde la galería hacia el patio. Lo hace para resguardarse del frío que no afloja a pesar del sol que ya pega a pleno. No recuerda bien cuántos años tiene, pero está contento porque su papá este año por fin lo anotó para que empezara el primer grado. "Mirá, allá está la profe de educación física, yo te acompaño", dice bien dispuesto ya que en ese momento oficia de "secretario".

Entre pelotas que van y vienen, se mezclan chicos y docentes de 2º y 6º grados. El acuerdo del juego compartido gana el espacio. Y la verdad es que no es una imagen común cuando se piensa en una hora de educación física.

El timbre del recreo interrumpe la clase. Los chicos entran todos juntos a un mismo salón invitados a contar la experiencia que desde el año pasado desarrolla la Escuela Nº 660 Francisco Laprida de Rosario.

"Yo también aprendo cuando puedo enseñar", así se llama el proyecto que impulsa la profesora del área, Judith Ghizzoni. ¿Y en qué consiste la iniciativa de la Escuela 660? Los chicos le ganan la palabra a la docente y explican: "Vamos al Isef (Instituto Superior de Educación Física) y ahí aprendemos todos los deportes con otros profes".

Efectivamente, además de integrarse los segundos y los sextos grados, la otra parte de esta propuesta implica trabajar regularmente con quienes estudian el profesorado. Un ida y vuelta que da sustento a la dialéctica de la enseñanza y aprendizaje transformadores y en un mismo tiempo.

Básquet y handball

Brandon y Federico, dos nenes de 2º grado, son los primeros en nombrar los deportes que practican y hasta teatralizar los movimientos de un pase de básquet. "Hacemos de todo", dicen, y extrañamente ninguno menciona la estrella del fútbol. Dorian elige el tenis y su compañera Ingrid a "los chicos".

En el ingreso a la Escuela de Biedma al 5200 unos afiches muestran fotos tomadas en distintos momentos compartidos con los estudiantes del profesorado; no sólo se ven los juegos, también los lazos afectivos ganados.

"Toda estrategia creativa que signifique una oportunidad diferente para nuestros alumnos es bienvenida", dice la directora de la escuela, Andrea Berrone, quien además celebra que esta propuesta sirva para mostrar otras formas de comunicarse distintas a las prácticas violentas.

Las maestras de 2º María del Valle Mendoza y Natalia González, junto al maestro Julio López, de 6º, y su compañera Lorena Siulia suman su voz para destacar "la integración que se gana en las aulas cuando se puede compartir un juego".

También el maestro Julio expresa que esa inclusión no sólo se da entre los nenes y las nenas, sino también entre las distintas edades.

La profesora de educación física Ghizzoni está más que satisfecha con sus alumnos, a quienes lleva en colectivo al predio del instituto de formación a poner en práctica el proyecto.

Además de dar detalles de cómo se organizan en cada encuentro, destaca una y otra vez el potencial del juego compartido para cualquier aprendizaje escolar.

Pero es Daniel, sentado a mitad del salón, quien deja a todos boquiabiertos con una reflexión que regala en voz alta: "Lo bueno es que podemos jugar con los más grandes juntos y en esta escuela no existen las barreras de la edad".

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