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Sábado 07 de Junio de 2014

Cuando el fútbol es una buena excusa para jugar y recrear valores solidarios

El psicólogo Marcelo Márquez, el entrenador Miguel Macri y el ex jugador Kurt Lutman priorizan la formación grupal y atrevida, como práctica para la vida. Para hacer del Mundial una herramienta educativa.

Cada cuatro años un Mundial de fútbol desembarca, desde la televisión, en cada confín del planeta. Cuando esa explosión y comercialización de espectáculos y pasiones irrumpe en las aulas se implementan actividades para vincular ese fenómeno con la enseñanza. El torneo suele ser utilizado como disparador de ejercicios de matemática, lengua y geografía, entre otras materias. Pero algunos profesores, desde sus experiencias de trabajo con chicos y en canchas deportivas, afirman que con el fútbol también puede propiciar el desarrollo de valores esenciales para la vida: el trabajo colectivo, la inclusión de las diferencias, la superación de situaciones adversas, la confianza en revertir resultados, el rebelarse a la domesticación y el afianzar el arraigo, entre otros. Jugar también es jugarse, arriesgar y crecer, dicen Marcelo Márquez, profesor de educación física y psicólogo de equipos de fútbol; Miguel Macri, ex jugador y entrenador, y Kurt Lutman, ex jugador del seleccionado Sub 17 (1993).

“En un partido del Mundial podemos observar y charlar con los alumnos sobre cómo se resuelven las situaciones que se presentan. El torneo genera ocasiones para pensar en la capacidad que hay que desarrollar para salir de una adversidad, entonces surge el valor del trabajo en equipo, la necesidad del otro para jugar en grupo y solidariamente”, señala Marcelo Márquez, quien también trabaja con las divisiones de Central, y antes también lo hizo con el plantel de división superior de Vélez Sársfield.
Para Macri, el Mundial se debe vincular con la educación: “No entiendo que se hable de fútbol sin hablar de valores. Lo que se aprende con el fútbol se lleva a la escuela, a la casa y al tener hijos se los trasmite”. El técnico jugó con Central Córdoba en la B y en la C, y llegó a la A con Unión. “A los 26 años —dice—, me di cuenta de que lo que quería del fútbol no existía en ese nivel, me enojé y dejé”. Hoy con 52 años entrena en el Club San Roque de Barrio Magnano y afirma: “Los jugadores que llegan a primera división, a torneos de campo o al potrero, al hablar de quién fue su principal técnico, nombran a alguno que les dejó valores de compañerismo, justicia y solidaridad”.

Herramienta. En tanto, Kurt Lutman, miembro del seleccionado Sub 17 en el Mundial Juvenil de 1993 en Colombia, sostiene que “en las escuelas el fútbol debe ser una herramienta para la formación de los chicos. Después, el pibe quizás se dedique a otra cosa, pero llevará por la vida esa información que un técnico le aportó”. El volante debutó a los 17 en la primera de Ñuls y hoy coordina un taller en la Colonia Psiquiátrica de Oliveros, “donde también jugamos al fútbol”. Messi puede equivocarse. Márquez advierte que en el Mundial se podrá algo valioso para pensar: “En los 70 partidos veremos que deportistas que están en el máximo nivel también se pueden equivocar. También se podrá ver qué hacen para intentar superar eso y salir jugando. Para mí eso es muy educativo, se debe instalar la idea de que un jugador que gana millones de dólares y juega en el Real Madrid, también se equivoca, como nos pasa a todos en situaciones de la vida”.

Sobre las expectativas y presiones que rodean a un super futbolista o que siente un chico en clase o una canchita, Márquez afirma que “nadie se puede hacer cargo de las expectativas de los demás, hay que jugar lo mejor posible, pero tranquilo. Al intentar levantar esa mochila pesada llena de presiones se pierde la espontaneidad y la capacidad de tomar una decisión adecuada, porque se miden mucho las consecuencias de una acción”.Agrega que trabajar sobre eso con los alumnos, sirve para adentro y fuera de una cancha.

En ese marco, agrega que “en el juego se puede pensar una jugada, un pase, cabecear o patear al arco, pero se anula todo si se piensa en qué puede pasar si no sale bien lo decidido. Cuanto más expectativas se crean, más aumenta la presión porque parece que no se pueden cometer errores, entonces llega el temor a equivocarse y eso impide jugar suelto y decidido”. Márquez sostiene que es “importante que las emociones no jueguen en contra, sino a favor nuestro”. “Para eso —continúa— debo conocer mis fortalezas, debilidades y cómo enfrentarlas. El eje pasa por no dramatizar esa situación para poder generar respuestas y actuar”.

Y agrega: “Estoy convencido que esos jugadores que debutan en primera a los 18 ó 19 no han tomado al fútbol como lo único de su vida, aunque lo consideren importante y asuman responsabilidades”.

“Además, si no tengo lugar en Ñuls, Central, Argentino o Central Córdoba puedo seguir en otras divisiones, en el interior de la provincia o en otras y también en el extranjero. Para ser profesional me preparé durante diez años y no es un fracaso jugar en un lugar que no era el soñado”, advierte Márquez. Son cuestiones que ligan al fútbol con lo que pasa fuera de la canchas.

 “Los adultos que estamos en el deporte debemos ser educadores, con la responsabilidad de trabajar con niños y adolescentes. A veces la palabra de un adulto que está a cargo de un grupo puede ser muy importante”, explica el psicólogo graduado en Rosario y con posgrado en La Habana, además de ser profesor de psicología aplicada al deporte en la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Rosario. Con equipos de fútbol trabajó en Central de 1992 al 2002, además de desempeñarse en Vélez Sársfield junto a Ricardo “Tigre” Gareca durante 6 años, y regresar en 2013 a Central, donde compartió el equipo técnico con Miguel Macri. Hoy también es psicólogo de atletas santafesinos becados por destacarse en distintas disciplinas.
Márquez admite que muchos entrenadores no son profesores de educación física: “Es necesario conocer al chico, y al ver un gesto en la práctica o partido se debe leerlo para trabajar sobre esa situación”.

Profesores. Advierte que “hay clubes que tienen un presupuesto que les permite tener profesores, pero en otros los dirigen padres Márquez comenta a La Capital que regresa de trabajar con chicos de la novena de Central. “Hablamos sobre situaciones que nos ponen nerviosos en un partido, cómo son y cómo podemos enfrentarlas. En el encuentro participa el preparador físico y el técnico, luego la idea es trabajar sobre esas cuestiones”.

Remarca que “el sentido de pertenencia nos identifica, sentimos que pertenecemos a un club, un barrio, una escuela. Por eso son importantes los valores a trasmitir a los jugadores, hacer sentir útil y respetado al compañero. Terminado el Mundial hay que seguir instalando en el grupo que no hay uno que puede hacer todo solo, ni Messi no puede hacer todo. Necesitamos de todos, hay que dejar el individualismo”.

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