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Sábado 02 de Mayo de 2015

Cuando aprender un idioma permite el reencuentro con la identidad

“Tras años de negar al guaraní, en Rosario hay litoraleños que revalorizan ese habla y su cultura”, dice Lucas Palacio, profesor de un taller la ancestral lengua.

“En mi casa de Empedrado, como en casi todo Corrientes, eran los abuelos los que hablaban el idioma. Pero no le querían enseñar a sus hijos”, dice Lucas Palacios, profesor de lengua y cultura guaraní. “Regía como un mandato político que advertía que no se debía hablar en guaraní, y castigar al que lo hiciera”. Agrega: “Los chicos volvían de la escuela con esa orden, pero lo poco que sabían, malas palabras en general, las decían entre ellos al jugar, era una travesura y cometer algo maldito”.

   “Esa concepción era muy fuerte. Además, se pensaba que no era un idioma, sino un dialecto que pervertía e impedía hablar bien el castellano”, explica el joven de 28 años, radicado en Rosario, donde termina la carrera de ciencia política y coordina el taller sobre esa lengua que se realiza los jueves a las 17, en el Centro Cultural La Toma, Tucumán 1349.

   Lucas llegó en 2011. “Estar lejos de lo nuestro nos hace valorar lo que nos falta. Al cuarto año de vivir aquí y, a pesar que nunca me había interesado el chamamé y el guaraní, necesitaba acercarme a esas expresiones. Trabajaba en la oficina de material de estudios de la facultad y supe de un curso de guaraní en la facultad de Humanidades y me anoté”, explica.

   “Quería aprender el idioma, era lo mío. Cuando la profesora me preguntó por qué estudiábamos la lengua, dije que sentía que nos habían negado la identidad. Quería rescatar el saber de mis abuelos, hablar el idioma de ellos y mantener esa cultura ya mestiza para poder reivindicar al pueblo oprimido al que le habían negado su identidad”, señala.

   “Colaboré con la profesora y en 2014 abrí el taller en La Toma. Vienen 20 alumnos, hay estudiantes, recién graduados y algunos adultos. Son de Formosa, Misiones, Entre Ríos, Corrientes y Rosario”. Sobre estos últimos, dice: “Sienten una pertenencia litoraleña o poseen padres de aquella zona, otros se sintieron convocados por expresiones culturales o por el tema de los pueblos originarios”.

Valores y método. “La dinámica del taller está en la construcción de un grupo en el que se revitalizan algunos valores guaraníes. El tema de la reciprocidad es importante, es estar cuando el otro lo necesita. El poder ayudarnos”, explica el docente que también trabaja en una librería.

   “Es una lengua distinta a las latinas. Viene de una tradición muy profunda, al estudiar el profesorado en Buenos Aires, el profesor nos enseñaba sobre esa espiritualidad guaraní. Por el pueblo cuida mucho de su lengua”, admite.

   Sobre la creencia ancestral, remarca “eran monoteístas y animistas: los espíritus están en plantas, el río y en animales. Hasta el chamán, sabio con mucho poder, pide permiso al monte para entrar, o al río para pasar. No ponen al hombre como centro de todo”.

   “La naturaleza, lo social y lo espiritual es indivisible. No se sienten fuera del ambiente, como se hace en occidente”, remarca.

Cuidar la palabra. Por otra parte, explica que “es un idioma nasal, se habla para adentro, de manera pausada, con pocas palabras y sin levantar la voz. De esa forma consideran que se cuida a la palabra. El guaraní endiosa a la palabra, es el Ñe’ ê, que también significa alma. Al nacer la criatura recibe una palabra que le da vida”.

   La lengua mantiene lo esencial de la cultura, en las raíces de cada palabra se encuentra la cosmovisión del pueblo guaraní. Hay vocablos que transmiten ideas que sólo se pueden entender remontándose a esa ancestral cosmovisión”.

    Sobre los tiempos verbales, dice que “Además, de futuro, el presente y el pasado forman un núcleo. El pasado está siempre en presente y todo vuelve, algo muy relaciona do con su cosmovisión”.

   También explica que “las clases se realizan con manuales de ejercitación , diccionarios. Desde la charla se impulsa el aprender entre otros. Explicamos el significado de las palabras, gramática, y llevan un audio para estudiar”.

El mencho. Remarca que “el guaraní se mantiene fuerte es en la región rural y central de Corrientes. Pero advierte: la lógica capitalista en Argentina y en todo el mundo es la de expulsar a la población del campo. Luego, en la ciudad se pierde. En definitiva, es el “mencho” (peón de campo, el gaucho correntino) quien lo cuida, son los verdaderos defensores de la memoria y no los depositarios de la barbarie, como se los calificaba”.

   “Con la conquista —agrega— la corona española y el Vaticano, explicitaron que la evangelización debía hacerse en guaraní. Esa colonización fue muy fuerte, pero a pesar de toda esa imposición y represión, el mestizaje en parte lo preservó. No es casualidad que hoy, en la región sea tan importante el culto pagano, como sucede con el Gauchito Gil y San La Muerte”.

   Remarca que “hoy existe una valorización del idioma. Rige desde 2004 una ley que establece la enseñanza del idioma en todos los niveles educativos, pero aún no fue implementada y no se han creado cargos docentes para su enseñanza, como fija la norma”.

   “El guaraní gana la batalla cultural, tras las presiones e imposiciones. La población persistió en hablar el idioma ancestral y hoy la gente se siente muy relacionada a la cultura guaraní y su mestizaje”, resalta el profesor.

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