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Domingo 09 de Marzo de 2014

Cuando al discurso lo escribe la realidad

El jueves, durante la apertura del periodo ordinario de sesiones del Concejo, la intendenta Mónica Fein fue directamente al punto. La violencia y la narcocriminalidad trazaron el eje principal de su discurso.

La violencia cambió los conceptos, roles y urgencias, ganó la calle y se adueñó de barrios. Y esta semana se terminó de instalar definitivamente en la agenda de la Municipalidad, algo impensado tan sólo una década atrás, cuando los discursos oficiales remarcaban que el combate del delito y la necesidad de imponer seguridad eran competencia excluyente de provincia y Nación.

El jueves, durante la apertura del periodo ordinario de sesiones del Concejo, la intendenta Mónica Fein fue directamente al punto. La violencia y la narcocriminalidad trazaron el eje principal de su discurso. Pidió no estigmatizar a la ciudad. Dijo que "Rosario no es el problema de Argentina", pero también remarcó que no eludirá sus responsabilidades.

Admitió que un gran problema de los rosarinos radica en quien debe cuidarlos: la policía. "Queremos policías de Rosario, que vivan y conozcan la ciudad", destacó, admitiendo así que los jóvenes efectivos que patrullan las calles no saben siquiera en qué barrio están. La mayoría son del centro y norte de Santa Fe y apenas pueden tomar francos para ver a sus familias.

La "saturación policial" tantas veces anunciada se realizó con estos jóvenes recién egresados.

Casi un calco de lo que el kirchnerismo hizo en el conurbano bonaerense antes de las elecciones, cuando lo inundó de gendarmes que conocían muy bien Misiones y Formosa, pero no tenían ni idea de La Matanza y Lomas de Zamora.

Fein fue más allá, pidió monitorear los patrulleros desde el Centro de Control de la Movilidad del municipio. "Queremos saber cuántos móviles hay y dónde están", remarcó ante los concejales. La respuesta podría ser inquietante.

Después arrojó datos estremecedores: en 2013 los hospitales públicos atendieron 900 heridos de bala y la mayor parte de las víctimas fueron jóvenes de entre 15 y 24 años. Hay más. Un estudio realizado por el área de Salud del municipio reveló que el 48 por ciento de los jóvenes que murieron a raíz de ataques con armas de fuego durante el año pasado, ya habían ingresado otras veces a un hospital con heridas de bala.

Con esos números, dijo que la prioridad es integrar a los jóvenes más vulnerables y lanzó una frase tajante: "Son los que tienen más posibilidades de morir si no les damos una nueva oportunidad".

En rigor, esas oportunidades a muchos no les llegaron. Si la mayoría de las víctimas tenía entre 15 y 24 años, ¿qué hizo el Estado durante ese tiempo? En ese lapso estos pibes crecieron dentro de la misma espiral de violencia que los mató. Hoy son estadística.

Algo falló o no se hizo bien. La versión oficial reza que "un nuevo paradigma" hizo cambiar el rol de los Centros Crecer, esos que florecieron en la intendencia de Hermes Binner y se convirtieron en bastiones de inclusión de las administraciones socialistas. "Antes la preocupación era la primera infancia, hoy son los jóvenes", dicen los especialistas al explicar por qué esos reductos se desarticularon para dar paso a los flamantes Centros de Convivencia Barrial.

Las estadísticas demuestran que mientras esos "paradigmas" cambiaban algunos barrios se volvieron impenetrables. Los vecinos vieron cómo su calidad de vida mutó y las ambulancias, taxis y colectivos dejaron de ingresar a muchas zonas.

Hoy esa falencia se reconoce. Pasaron 25 años. "La meta es la integración de la ciudad", señaló la intendenta en una especie de giro elíptico del crecimiento de Rosario hacia el río.

La prioridad son los barrios, donde abrir una calle es sinónimo de pertenencia y dignidad. Bienvenida la decisión política de destinar millones a obras de infraestructura básicas y políticas sociales. Es que la inseguridad no es una sensación, y es muy saludable que el Estado lo reconozca.

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