Edición Impresa
Sábado 26 de Septiembre de 2015

¿Cuál es el límite entre seguridad y paranoia?

En foco. La reacción exagerada de las autoridades escolares y la policía en un colegio de Estados Unidos terminó con un chico musulmán arrestado por haber llevado a la escuela un reloj digital que había fabricado en forma casera, pero que se sospechó podía ser una bomba. El caso llegó hasta la Casa Blanca.

La humillación que sufrió un chico musulmán hace unos días en Estados Unidos parece haber sido la señal más clara de los temores que la sociedad global sufre permanentemente en un mundo cada día más violento y peligroso.

Ahmed Mohamed, de 14 años e hijo de inmigrantes sudaneses, vive en Irving, una ciudad del Estado de Texas próxima a Dallas de poco más de 200 mil habitantes. Para su clase de tecnología en el colegio secundario había fabricado un reloj digital casero que le mostró a su maestro. El docente tal vez intuyó que el invento podría ser mal interpretado y le pidió que lo guardara en su mochila. El adolescente así lo hizo, pero con la mala fortuna que durante la clase de inglés comenzó a sonar la alarma del reloj. La maestra vio de qué se trataba y por temor a que sea una bomba llamó a la policía del colegio, que interrogó a Ahmed, lo esposó como a un delincuente y lo trasladó a un centro de detención juvenil. Al poco tiempo, se advirtió que el reloj no era un explosivo y el adolescente fue entregado a sus padres, aunque el colegio, increíblemente, lo suspendió por tres días como si hubiera cometido una falta.

El caso conmocionó a la opinión pública norteamericana y llegó hasta el propio Barack Obama, quien invitó a Ahmed a la Casa Blanca a través de un mensaje en Twitter. “Reloj increíble, Ahmed. ¿Quisieras traerlo a la Casa Blanca? Deberíamos inspirar a más niños como tú para que les guste la ciencia. Es lo que hace grande a Estados Unidos”, le dijo el presidente. Ahmed aceptó gustoso el ofrecimiento y participará el mes próximo en Washington de una reunión con astrónomos.

También Mark Zuckerber, el fundador de Facebook, intervino en el caso: “Ahmed, si alguna vez vienes a Facebook, me encantaría conocerte, porque tener la ambición de construir algo increíble debe ser merecedor de un aplauso’’, le escribió. Y hasta un ingeniero de la Nasa aportó lo suyo: “Ahmed, háblame por teléfono en un par de años. Siempre buscamos personas inteligentes, curiosas y creativas”, le pidió al chico.

El tema también llegó a la política, ya que la precandidata presidencial demócrata Hillary Clinton le envió un mensaje: “Las presunciones y el miedo no nos mantienen seguros... nos retienen. Ahmed, seguí siendo curioso y seguí construyendo”.

Sin embargo, no todas fueron rosas. Sara Pallin, la ultraconservadora y controvertida ex gobernadora de Alaska, dijo justificar la actitud del colegio ante la sospecha de una bomba. Y Donald Trump, que lidera las encuestas de las primarias presidenciales de los republicanos, sostuvo que el problema de su país son los musulmanes y que el presidente Obama era uno de ellos.

El padre de Ahmed también se convirtió en noticia y dijo estar conmovido por el apoyo y solidaridad que recibió de la gente. Contó que el chico es muy capaz con la electrónica y que repara los relojes y teléfonos de la casa, cosa que ahora podrá hacer con mejores herramientas por los regalos en informática que Microsoft le hizo llegar. “Él tan sólo quiere inventar cosas, pero como se llama Mohamed lo maltrataron”, dijo el padre.

El mismo chico dio su versión ante la prensa de lo que ocurrió: “Me sentí como un criminal, como un terrorista, me sentí como todos los nombres por los que se me llamó: terrorista, fabricante de bombas, todo por mi raza y la religión. Pero me siento muy bien, porque antes no pensaba que iba a conseguir apoyos porque soy un chico musulmán. Así que pensé que sólo iba a ser otra víctima de la injusticia, pero gracias a todos mis seguidores en las redes sociales llegué hasta aquí”, agregó el adolescente.

Reacción oficial. Mientras la policía justificó a los agentes que intervinieron en el caso al asegurar que sólo quisieron saber qué contenía ese reloj digital y por qué había sido traído a la escuela, el gobernador de Texas, Gregoty Abbot, dijo que lo “último que queremos es ponerles las esposas a un chico injustificadamente” y admitió que lo sucedido fue una “trágica situación donde el cumplimiento de la ley parece haber ido más allá de lo recomendable y sin un balance de todos los hechos”.

Sin embargo, Erika Beltran, responsable del Departamento de Educación del Estado, publicó una interesante y crítica nota de opinión en el diario “The Dallas Morning News” titulada “La islamofobia no tiene cabida en las escuelas de Texas” (http://goo.gl/5bsP3U), donde relató que no es la primera vez que observa actitudes antimusulmanas, y recordó que cuando un grupo de padres se quejó porque se había exhibido en clase un video sobre el islam, le respondió que en la escuela debían ser respetuosos de todas las creencias de los alumnos y sus padres.

“Como educadores –dice la funcionaria– debemos pensar cómo tratar a todos los chicos, no sólo a los musulmanes, sino a los inmigrantes de otras comunidades, como los refugiados que hemos recibido afectados por la violencia en América Central. Nuestras escuelas han estado trabajando para aclimatarlos a nuestro sistema y que puedan sentirse seguros y preparados para aprender. Nuestro Estado –anticipó– pronto recibirá a cientos de refugiados sirios. ¿Este es el mensaje que la escuela de Ahmed quiere darles a los chicos que pronto se incorporarán? El mensaje que deberíamos estar enviándoles a esos chicos y sus padres de cualquier religión es que les damos la bienvenida”.

Opinión editorial. El periodista Tod Robberson, del diario “The Dallas Morning News”, uno de los medios que mayor cobertura le dio al tema por tratarse de un caso local, opinó que la situación parece haber sido una reacción desproporcionada de las autoridades del colegio.

Consultado por La Capital, especialmente para este artículo, Robberson (premio Pulitzer 2010 por sus notas de opinión sobre temas internacionales y domésticos) sostuvo que el mayor problema de este episodio es la posibilidad de que el chico haya sido objeto mayor de sospechas porque es musulmán, y se preguntó si la escuela y la policía exageraron el peso de la etnia y religión del adolescente para suponer posibles motivaciones terroristas. Así lo escribió para el diario norteamericano en una nota titulada: “Overreaction in clock-bomb mix-up has chilling effect”. (La sobrerreacción en la confusión del reloj-bomba tiene efectos escalofriantes).

El periodista norteamericano recordó que el ambiente en esa región de Texas no era el más favorable debido a que la alcaldesa de la ciudad de Irving, Beth Van Duyne, fue noticia en todo el país este año por una campaña en la que afirmaba que los musulmanes estaban tratando de imponer la Sharia (ley religiosa) en las cortes norteamericanas.

“Nuestra mayor preocupación –dijo Robberson– es qué mensaje les estamos dando a los curiosos estudiantes de ciencias, un campo de gran desarrollo en las escuelas y luego buscados por los empleadores de todo el país. Qué triste sería si para los chicos musulmanes, bajo una sombra de sospechas, esas opciones estarían fuera de sus límites”, se lamentó.

Incógnitas. Después de los atentados a las Torres Gemelas, del que hace quince días se cumplieron 14 años, sumado a los numerosos casos de matanzas en centros comerciales, escuelas y lugares públicos de Estados Unidos a manos de desvariados personajes con armas largas que se compran en supermercados, no debe ser fácil el discernimiento del límite entre seguridad y paranoia.

La pregunta que subyace es si en ante un mismo caso, pero con un chico blanco y no negro y musulmán como Ahmed, las autoridades escolares y la policía hubieran actuado de igual forma. El mismo interrogante se puede formular para los cada vez más frecuentes casos de jóvenes negros muertos por balas policiales, en una suerte de gatillo fácil que sólo parece orientarse hacia los de piel oscura. Las respuestas, a cargo del lector.

Comentarios