Tata Martino
Miércoles 06 de Julio de 2016

Crónica de una renuncia anunciada: cómo fue la salida de Martino de la selección argentina

Luego de la derrota en la final contra Chile por la Copa América 2016, Martino ya no se sentía más entrenador de la selección argentina.

Si no renunciaba ayer, lo hacía después de los Juegos Olímpicos 2016. Tarde o temprano, el final del ciclo tenía puesta la fecha de vencimiento. Gerardo Martino ya no se sentía más entrenador de la selección argentina luego de la final perdida contra Chile por la Copa América Centenario 2016. La segunda en la que mordió el polvo de la derrota en menos de un año y ante el mismo rival. Esa caída en la definición por penales en Estados Unidos señalizó el camino de salida. Le hizo un tajo a un proceso que el propio entrenador rosarino ya sabía que no lo cerraba ni el cicatrizante de las palabras. Es que lo que ocurrió hace algo más de una semana en el estadio MetLife de Nueva Jersey tuvo la suficiente fuerza bruta para expulsarlo del cargo. Esa es la pura verdad. Aunque el Tata tal vez nunca lo diga públicamente. Es probable que lo que almacenaban sus neuronas se lo lleve a la tumba. Todo el mundo ayer se plegó a la creencia de que el principal motivo del portazo fue que la AFA lo dejó solo en la pelea con los clubes para que le prestaran los jugadores que él había convocado para los Juegos. Pero mirar sólo eso es sencillamente no conocer las conductas que movilizan a Martino. No es un hombre de actuar por impulsos ni resignar el gran sueño de su carrera como técnico ante la aparición de imponderables. Todo lo contrario. Porque si algo tenía claro el Tata era que lo único que podía mandarlo a la banquina era un resultado como el que sufrió en tierras estadounidenses.

Obviamente que no le dieran a los jugadores algo tuvo que ver. Sólo alguien que vive en otro planeta no se daría cuenta de que también lo invitaron a retirarse y él aceptó sin que se lo dijeran. Prefirió adelantarse a los hechos. También es imposible soslayar que la desorganización dirigencial y el caos en el que está inmersa la AFA influyeron en la decisión. Fueron las gotas que rebasaron el vaso. Cómo habrá tenido todo resuelto que cuando se sentó ayer con el vicepresidente segundo de la AFA, Claudio Chiqui Tapia, ya tenía cocinada la determinación. Escuchó por respeto al dirigente, pero lo hizo con la plena convicción de que nada ni nadie le movería el piso con promesas seductoras. Incluso, una fuente muy vinculada con el círculo familiar del Tata le confió a Ovación lo siguiente: "Desde que vino de Estados Unidos estaba con la idea de renunciar. Ya estaba cansado y sin fuerzas para seguir luego de la final perdida contra Chile".

Estas declaraciones no hicieron más que reforzar lo que expuso un rato antes el propio Chiqui Tapia cuando le preguntaron por los detalles del encuentro con Martino en Ezeiza: "Intenté convencerlo, pero Martino ya se sentó con la idea de irse. Era una decisión que la venía madurando. Estas decisiones se toman por algo y por eso hay que respetarlas. Es muy difícil ir a la guerra sin soldados y tal vez él sintió eso", afirmó Tapia, quien durante la Copa América 2016 fue el dirigente con quien más habló el Tata.

Para entender por qué Martino decidió dar un paso al costado ahora hubo que convivir con él durante casi un mes en Estados Unidos. Es que verlo transitar siempre a la defensiva durante ese tiempo en el que una derrota tapó el sol de los triunfos ahora explica muchas cosas. Por eso nada de lo que pasó ayer fue obra de la casualidad. Todo se precipitó con la nueva derrota que sufrió en la final contra Chile. No hay que ir muy lejos para comprender el cuadro de situación. Basta recordar la cara con la que el Tata se sentó en la conferencia de prensa posterior al encuentro contra los trasandinos. Era el semblante de un entrenador abatido y sin fuerzas para revertir lo que imaginaba que se le venía. Y no se está hablando precisamente de la postura que luego adoptarían los clubes argentinos de no ceder a los futbolistas para ir a los Juegos Olímpicos.

Ya en el vestuario empezó a procesar la despedida. Pero creyó que no era el momento para anunciarlo. Mucho menos cuando se enteró unos minutos después de la renuncia de Lionel Messi al seleccionado. No quiso victimizarse ni aprovecharse del escenario tremendista que ya había instalado Leo. A su vez entendió que si hacía eso era echarle más fuego a una coyuntura de por sí incendiaria. También por eso evitó exponerse públicamente durante la última semana en Rosario. Si hasta rompió la rutina de ir a la mesa de café en el bar Pan y Manteca con sus amigos de toda la vida. Se recluyó en su casa de barrio Cura y no quería hablar con nadie. Mucho menos de la selección porque ya se sentía afuera del banco que tanto soñó con ocupar. Sólo los integrantes de su familia sabían lo que iba a hacer. A ellos sí les dejó entrever el cansancio y las ganas de no seguir luego de la derrota contra Chile. Mientras seguía minuto a minuto las informaciones sobre las deserciones de los jugadores que había convocado a los Juegos, más se convencía de lo que tenía que decirle en la cara a Chiqui Tapia. Tampoco resultó un episodio providencial que el elegido haya sido el dirigente que más contacto tuvo con él durante el mes en Estados Unidos y también el que más confianza le despertaba en ese berenjenal de vanidades en el que se transformó por estos días la AFA.

No sólo los dos porrazos sonoros que se dio en las finales contra Chile desgastaron al Tata. También las críticas fueron minando el terreno y convenciéndolo de que el momento de darles el gusto a varios había llegado. Aunque esta vez el ojo acusador no fue solo el de la prensa. Ni los cuestionamientos que más le molestaron. Hubo otros de los que se enteró y que llegaron a sus oídos que realmente martirizaron su existencia. Porque vinieron nada menos de parte de algunos jugadores en los que confiaba ciegamente. No podía creer que esos mismos futbolistas que públicamente decían que estaban comprometidos de pie y manos con el proyecto futbolístico, ahora por lo bajo se quejaban de la metodología de trabajo utilizada por el preparador físico Elvio Paolorosso. Ya no se los decían a los representantes de turno, también se lo blanqueaban a los periodistas que habitualmente realizan las coberturas de la selección argentina: “Es lógico que hubo un desgaste natural con el plantel. No es fácil seguir adelante después de dos finales perdidas. Nosotros no sabíamos la decisión que iba a tomar el Tata cuando se sentara a hablar con los dirigentes”, dijo ayer el PF Paolorosso, una de las personas que más lo conoce.

Finalmente no aguantó más Martino. No se bancó seguir cargando con la cruz de que lo tildaran de fracasado. Prefirió pegar el portazo antes de ir a los Juegos. El tren que quería tomar ya había pasado. Y no era justamente el que lo llevaba a Río.

Comentarios