Edición Impresa
Domingo 30 de Octubre de 2011

Cristina y Obama en Cannes

Finalmente, en Cannes, entre jueves y viernes próximos, Cristina y Obama se verán de nuevo las caras. Desde el 13 de abril de 2010 que no se encontraban. El problema no es el tiempo transcurrido sino el “puenteo” que hizo Obama de la Argentina en su gira regional de marzo pasado (visitó Brasil y Chile y luego El Salvador) y el evidente mal clima predominante entre ambos países.

Finalmente, en Cannes, entre jueves y viernes próximos, Cristina y Obama se verán de nuevo las caras. Desde el 13 de abril de 2010 que no se encontraban. El problema no es el tiempo transcurrido sino el “puenteo” que hizo Obama de la Argentina en su gira regional de marzo pasado (visitó Brasil y Chile y luego El Salvador) y el evidente mal clima predominante entre ambos países. El despliegue y el tono victorioso que le dieron al anuncio del encuentro bilateral en la Riviera francesa muchos medios argentinos parecen desproporcionados. En contraste, los dos principales diarios estadounidenses —The New York Times y The Washington Post— no le concedieron al tema ni una línea en esos días.

Se habla, conviene recordarlo, de un encuentro bilateral de unos minutos en el contexto de una poblada cumbre internacional (el G-20). Para tener un parámetro, el peruano Ollanta Humala fue recibido por Obama en el Salón Oval de la Casa Blanca cuando era aún un presidente electo, el pasado 6 de julio. El dato que cuenta en todo esto es que todos los presidentes/ as latinoamericanos de países más o menos importantes han pasado por el despacho de Obama, menos Cristina. Es a partir de este dado político y diplomático que se debe hacer el análisis, en lugar de lanzarse a entusiastas señalamientos de que fueron “ellos” los que pidieron la audiencia y no al revés. Esta lectura desborda infantilismo provinciano. Las relaciones internacionales se construyen con otro material, más frío y eficaz, que ese fervor futbolero de pago chico.

Antes bien, si se analizan las cosas, es Argentina la necesitada de abrirse una “puertita” en Washington. La virtual declaración de guerra fría que significaron las dos votaciones negativas de EEUU en el BID contra Argentina en septiembre pasado pusieron en alerta a los economistas locales. Es que en 2012 se termina, según analistas independientes, la autarquía financiera de la Argentina. En otros términos: como cualquier país normal necesitado de fondos, Argentina tendrá que salir a colocar bonos en los mercados internacionales. Ya no le bastará con echar mano a las reservas del BCRA, ocupadas crecientemente además en apagar el fuego del mercado cambiario. Pero Argentina sigue sin cerrar un acuerdo con el Club de París, que se señala como una conditio sine qua non para poder “volver a los mercados” de deuda soberana. Hace años que el ministro Boudou promete ese acuerdo. El 20 de septiembre de 2009, por ejemplo, declaraba: “Para nosotros es un tema muy importante, esperamos que dentro de este año esté encaminada una solución”. Argentina está también en apuros porque no cumple con los fallos del Ciadi —el tribunal de arbitraje de inversiones del Banco Mundial— cuando le salen en contra (este fue uno de los motivos del voto negativo de EEUU en el BID). Son dos conductas, el default eterno y no acatar fallos de un tribunal internacional, que no se aceptan “afuera”, y ya no solamente en Washington o en Londres, sino en Pekín, Brasilia o Nueva Delhi. Es sencillo: el mundo no se maneja como lo hace la Argentina. Algo que a veces en el país cuesta comprender, y no sólo en el gobierno nacional. La mejor muestra de esta diferencia abismal de criterios fue el operativo encabezado en febrero pasado por el canciller Héctor Timerman en Ezeiza contra un avión de EEUU. El episodio, sin antecedentes conocidos en la historia de las relaciones internacionales, puso a los vínculos bilaterales con Washington en coma 4, como era de esperar. ¿Cómo molestarse si Obama optó por no pasar por Buenos Aires apenas días después de ese operativo?

Ante el pésimo estado en que quedó la relación bilateral como resultado de ese disparate de máximo nivel, y las citadas señales hostiles de Washington, fue casi inevitable la sobrevaluación argentina del anuncio de un encuentro bilateral, de un breve aparte en medio del trajín de una cumbre multilateral armado por teléfono entre las cancillerías.

Comentarios