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Domingo 30 de Junio de 2013

Cristina se puso la campaña al hombro

Con ese moderado rasgo de afonía que le otorga vibración épica a su discurso, Cristina puso formalmente ayer sobre sus propias espaldas la campaña electoral para agosto y octubre.

Con ese moderado rasgo de afonía que le otorga vibración épica a su discurso, Cristina puso formalmente ayer sobre sus propias espaldas la campaña electoral para agosto y octubre. Viene a la memoria cuando un presidente (Fernando de la Rúa), hace sólo 12 años, dijo en elecciones similares, de medio término, en 2001: “Son elecciones para legisladores, yo no participo”. Y con los resultados por todos conocidos.

   El lanzamiento nacional del FpV tuvo certezas para celebrar, dudas y también acechanzas. 9 de los 24 partidos del Gran Buenos Aires tienen intendentes que tratarán de juntar votos para dos listas de raíz peronista pero de posicionamiento opositor: Sergio Massa y Francisco De Narváez. El kirchnerismo tendrá 15 de esos 24 jefes territoriales del área electoral más sensible de la Argentina jugando para la Casa Rosada. También el kirchnerismo se quedó con, tal vez, la llave más preciada que podría pavimentar el camino al cielo: el apoyo explícito del gobernador Daniel Scioli.

   Cuando se abre un proceso electoral todo es ilusorio, gaseoso. Cada cual cree en lo suyo hasta que no se verifique lo contrario. Cristina avisó ayer que para reparar 50 años de retroceso se necesita “una década más de este proyecto político”. La definición complejiza la táctica electoral opositora del “no a la reelección”. Al menos hasta octubre, Cristina se bajó de una reelección a la que nunca estuvo subida.

   La centralidad discursiva opositora del “no a la reelección” quedó, además, herida de muerte por un dato insoslayable: el candidato principal del distrito que resuelve la elección, la provincia de Buenos Aires, se llama Martín Insaurralde, un intendente de un partido de menos de medio millón de habitantes —Lomas de Zamora—, con muy bajo nivel de conocimiento, sin aparato político propio, sin parentesco con los K, y que no viene de Santa Cruz.

   La jugada de CFK con Insaurralde podrá salir bien o mal. Si sale bien, habrá caído para siempre el otro supuesto táctico del discurso opositor: “Cristina no tiene sucesor”. Y un sucesor “cualquiera” podría ir al Sillón de Rivadavia en 2015. Si sale mal, el proyecto habrá mostrado sus límites, y su dependencia del nombre de sus fundadores. Como sea, habiendo despejado el nombre Kirchner de la boleta, la interpelación de CFK a discutir políticas, proyectos, y no nombres, ya se visualiza como un aporte principal a la campaña que se inicia. Y, otra vez, una muestra del ADN del kirchnerista: la toma de riesgo.

   En otro punto alto del fervoroso acto en el barrio de La Paternal de ayer CFK redobló su disputa con la Corte Suprema, generada a partir de la declaración de inconstitucionalidad de la ley del voto popular para los consejeros de la Magistratura. “Son un gueto sacralizado” definió con dureza. Nunca se sabrán los detalles de esa presunta negociación entre Ricardo Lorenzetti y la presidenta, previa a la votación en el Congreso. La negociación, si la hubo, salió mal.

   ¿Por qué se avanzó con esa ley si se sabía que la Corte la volteaba?, “para esto, para tener un tema fuerte de campaña y salir a matarlos, a correrlos con el voto popular y poner a toda la oposición del lado del gueto”, explicó ayer un funcionario nacional que asegura entender la lógica guerrera de CFK.

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