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Domingo 14 de Julio de 2013

Cristina, con o sin ella

Un viejo militante del peronismo con más de 50 años en el partido reflexionaba así este viernes en una cena convocada por un dirigente de base de la provincia Buenos Aires.

“Cuando se te animan los jueces es que, de verdad, empezás a perder el poder”. Un viejo militante del peronismo con más de 50 años en el partido reflexionaba así este viernes en una cena convocada por un dirigente de base de la provincia Buenos Aires. En una quinta de la zona norte, en donde eligen vivir los porteños alienados por el tránsito y el stress capitalino, otro de los comensales fue más terminante. “Moreno en Tribunales con una indagatoria por abuso de poder y Jaime con pedido de captura es la señal de largada de lo que viene. La Corte no estaba sola cuando le dio un mazazo a la reforma judicial”. El que así hablaba es nada menos que un intendente bonaerense, hasta ayer furioso kirchnerista y hoy enrolado en las tropas de Sergio Massa. Si sirve como dato accesorio de este clima judicial, ayuda apuntar que el magistrado que mandó detener al impresentable ex jefe de Transporte Ricardo Jaime no es otro que Claudio Bonadío, integrante del elenco de la servilleta de los 90, cuando el otra vez (¡otra vez!) candidato Domingo Cavallo manejaba casi todo el poder.

Nadie se atreve a decirle a Cristina Kirchner que los tiempos han cambiado. Y no para bien. Son muy pocos los que acceden a la oreja presidencial y entre ellos prima la voluntad de no hacerla enfadar ni mucho menos contradecirla. La presidente es efectivamente la única conductora de su movimiento y demuestra una potencia para hacerlo que no resiste comparación con ninguno de sus cercanos. A fuer de ser sinceros, tampoco en la vereda de enfrente aparece alguien con tamaña vocación de poder y convencimiento en sus ideas. La oposición tuvo su mayor debate por estos días tratando de dar explicaciones a los fotógrafos que retrataban uniones nacidas a las apuradas en junio de 2013 con personajes que el año pasado se aborrecían y no hubieran posado juntos ni en un cumpleaños de quince. Sin embargo, los tiempos han cambiado. Definitivamente. No soplan buenos vientos en las expectativas electorales del oficialismo.

Cristina se ha puesto exclusivamente la campaña electoral sobre sus hombros y recorrerá en primera persona el territorio que más le preocupa: su provincia natal. A Santa Fe, para las primarias, no vendrá. Jorge Obeid ya lo sabe y con su comando de campaña ha decidido ocuparse de recorrer el interior de la provincia para tratar de reunir las voluntades de los intendentes y dirigentes que supieron acompañarlo cuando fue gobernador. Pero la presidente no estará levantándole el brazo en nuestro territorio. Apenas se verá alguna aparición en teleconferencia como la del lunes próximo, en la limítrofe San Nicolás, en donde apoyará implícitamente a la lista de Obeid. Será el lanzamiento de un acuerdo con el Instituto alemán Max Planck y se resaltará la labor de los universitarios encabezados por el buen y honesto candidato del PJ Eduardo Seminara. De paso: trascendió que el ex vicerrector de la UNR fue ungido por la presidente en el Tango 01 cuando la presidente volaba a Rosario para el 20 de Junio. Así funciona la obediencia dentro del PJ santafesino.

Ya se sabe que es bien peronista decir que el partido es verticalista y que la gimnasia interna es acatar la decisión que viene del líder. Sin embargo hoy se percibe en la intimidad de la Casa Rosada que esa voluntad unipersonal está huérfana no sólo por una razón de obediencia peronista sino porque hay muchos que temen chamuscarse con la proximidad al único sol del poder.

Basta ver el silencio de algunos ministros que evitan hablar del futuro o de la coyuntura política como lo hacían habitualmente. Es un claro ejemplo de esto el caso del siempre trabajador y bien intencionado Florencio Randazzo: es el ministro político del gabinete y no habla de política. Da la impresión de querer hacer buena letra para pasar el examen de una eventual revisión de cuentas post 2015. Su empeño es mostrar cambios en la gestión de transporte diferenciándose netamente de sus antecesores para exhibir transparencia y eficiencia. Es verdad que el titular de Interior y Transporte cambió radicalmente, por mencionar un ejemplo, la matriz de la confección de documentos nacionales y pasaportes y hasta puso prolijidad en las cuentas escandalosas en materia de servicios ferroviarios. Sucede que el zafarrancho anterior pertenece también a la “década ganada” de su mismo gobierno que, entre otras cosas, heredó varios accidentes mortales en las vías, subsidios derivados a la caja negra de amigos empresarios y un cero en política de comunicaciones fuera de la General Paz.

Las encuestas que circulan por estos días no ayudan a tranquilizar los ánimos presidenciales. Si se tiene en cuenta que sumando Santa Fe, Capital Federal, Mendoza y la inmensa Buenos Aires se tienen casi 75 de cada 100 votos, las tendencias negativas son impactantes. En esos cuatro distritos, el kirchnerismo recoge a gatas 3 de cada 10 votos. En Córdoba la candidata oficial soporta un rechazo de casi el 80 por ciento. En Mendoza, el ex vicepresidente Cobos se encamina a derrotar estruendosamente a sus ex aliados hasta el voto no positivo.

¿Y Santa Fe? “A hoy, nos da entre un 23 y un 24 por ciento”, dice en reserva uno de los integrantes de la lista del Frente para la Victoria. “Si llegamos al 28, el reparto de los 9 diputados será un 5-3-1. Ahí, festejamos”, se sonríe el aspirante a legislador nacional. Cinco serían para la lista de Hermes Binner, 3 para el peronismo y el uno, Miguel Del Sel. El cálculo parece demasiado optimista. Los sondeos son hoy más favorables a una suma mayor del PS. Es cierto que el ex Midachi está estancado en las preferencias de los encuestados y que no consigue que Mauricio Macri le de estructura económica y dirigencial para apoyarlo. El jefe de Gobierno de la Capital está anestesiado y se siente eclipsado, con razón, por su orfandad política luego del lanzamiento rutilante de Sergio Massa. No tiene voluntad de acompañar a Del Sel en este trance. Sin embargo, todo esto no le da derecho al PJ a envalentonarse con los cálculos.

Hermes Binner, en cambio, disfruta con cautela este momento prelectoral. Desde el socialismo juegan con el deseo de un 50 por ciento de los votos de la provincia y ya dan por descartado prestarse a un debate de candidatos como propuso el PRO. “El que va ganando no debate”, reza el postulado de cualquier partido. Sea para Gabriela Michetti en Buenos Aires, para Sergio Massa en provincia o para el ex gobernador del partido de la rosa en nuestra tierra. Un pobre y penoso argumento para la democracia.

Por todo ello, Jorge Obeid tendrá que rebuscárselas solo en materia de colecta de votos. Ya habló, dicen los suyos, con su ex vicegobernadora y gran electora del 2011 María Eugenia Bielsa. La arquitecta rosarina disfruta de haber vuelto a dibujar en su tablero del estudio profesional y aparecerá apoyando a algunos dirigentes puntuales del interior (ya se la vio en Carcarañá) con los que trabó una buena relación desde la presidencia del Senado. Se mostrará con perfil bajo y, quizá, con el deseo de exhibir en esta elección que tenía razón con lo que dijo al renunciar a su banca.

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