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Lunes 08 de Marzo de 2010

Contradicciones de la Iglesia

La Iglesia Católica invierte tiempo, esfuerzo y dinero en polémicas campañas públicas contra el aborto y el matrimonio de parejas homosexuales (en su momento también lo hizo contra el divorcio), pero sin embargo frente a los sacerdotes abusadores o los implicados en violaciones a los derechos humanos mantiene un sugestivo silencio, y las sanciones internas brillan mayoritariamente por su ausencia o son llamativamente poco contundentes. Esto quedó nuevamente demostrado con el caso destapado públicamente por este diario del cura párroco Reynaldo Narvais, representante legal del colegio Nuestra señora de Pompeya, de Rosario, acusado por el delito de abuso sexual... 

La Iglesia Católica invierte tiempo, esfuerzo y dinero en polémicas campañas públicas contra el aborto y el matrimonio de parejas homosexuales (en su momento también lo hizo contra el divorcio), pero sin embargo frente a los sacerdotes abusadores o los implicados en violaciones a los derechos humanos mantiene un sugestivo silencio, y las sanciones internas brillan mayoritariamente por su ausencia o son llamativamente poco contundentes. Esto quedó nuevamente demostrado con el caso destapado públicamente por este diario del cura párroco Reynaldo Narvais, representante legal del colegio Nuestra señora de Pompeya, de Rosario, acusado por el delito de abuso sexual.

Este domingo, La Capital reveló que el sacerdote acusado de ocho casos de acoso sexual y abuso de autoridad en la parroquia de Mendoza 5160 estaba en condiciones de ser rehabilitado en el ejercicio de su labor pastoral, según un informe del Vaticano que consideró que después del año sabático y los tratamientos psicológicos brindados mostraba "signos de recuperación". Una semana atrás este diario había develado que el párroco en cuestión había sido separado de sus funciones pastorales por los hechos denunciados puertas adentro, pero nunca presentados en la Justicia pese a que se trata de un delito penal.

Pero hay otros tres casos recientes y emblemáticos donde la posición de la Iglesia Católica es al menos poco clara:

Christian Van Wernich: Este sacerdote todavía no recibió ninguna sanción de la Iglesia, pese a que ya se han cumplido más de dos años de la condena a cadena perpetua que recibió por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura en Argentina (se probó su participación en siete asesinatos, 31 casos de tortura y 42 de privación de la libertad). El clérigo incluso sigue celebrando actualmente misa en la prisión en el penal bonaerense de Marcos Paz, donde está recluido. Desde el retorno de la democracia en Argentina, en 1983, la postura de la Iglesia Católica ante las múltiples denuncias sobre Von Wernich era que se debía esperar una sentencia judicial. Esta hace rato que llegó, pero el sacerdote no fue excomulgado. Un dato al margen, pero no tanto: la mayoría de la jerarquía de la Iglesia Católica argentina mantuvo fluidas relaciones con la dictadura militar, a la que avaló en distintos pronunciamientos y acciones de sus principales dirigentes.

Julio César Grassi: En junio del año pasado el Tribunal Oral Nº 1 de Morón condenó a este mediático sacerdote (protegido por el poder político y la farándula) a 15 años de prisión por abuso sexual agravado y corrupción de menores. Los jueces afirmaron que "de acuerdo a la descripción de los hechos (...) resulta clara la orientación sexual de los tocamientos, beso en la boca y sexo oral, por lo que el tema no merece mayores comentarios". Y luego agregaron: "Con respecto a la corrupción, evidentemente Grassi, para satisfacer sus bajos deseos, no trepidó en llevar adelante, con un menor de 13 años, conductas que no podía ignorar eran aptas para desviar el normal desarrollo de su sexualidad". Grassi hasta el día de hoy sigue ejerciendo su ministerio sacerdotal, es decir puede oficiar misa y administrar los sacramentos (bautizar, casar, etcétera). La jerarquía eclesiástica no se pronunció sobre el caso, ni sancionó al cura.

Edgardo Storni: el ex arzobispo de la ciudad de Santa Fe se convirtió en uno de los primeros altos prelados de la Iglesia Católica argentina en recibir una condena por el delito de abuso sexual. En diciembre pasado, la Justicia de esta provincia lo sentenció a ocho años de prisión por abusar sexualmente de un seminarista. Storni renunció a conducir la grey santafesina siete años atrás, cuando se desató públicamente este escándalo, y se refugió en una casona de La Falda, propiedad del Arzobispado de Santa Fe, donde reside desde entonces y ahora cumple arresto domiciliario. Su condición para la Iglesia Católica sigue siendo la de un consagrado: recibe el título de arzobispo emérito, y por eso cobra una pensión del Estado de 7 mil pesos mensuales. 
 

La mayoría de los sacerdotes católicos son personas dignas, entonces ¿por qué estos sugestivos silencios de la Iglesia? Ninguna institución puede, bajo ningún concepto, apañar a personas implicadas en delitos. Y la Iglesia no es la excepción.

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