La historia del siglo XIX golpea fuerte en la puerta de la Argentina. Dos
titanes, dos provincianos se debaten, Alberdi y Sarmiento. Las Bases y la realidad constituyeron el
federalismo realista
de Juan Bautista.
Sin embargo, el hombre del Facundo se levantó contra la realidad para mágicamente disolverla en los unitarios civilizados de Buenos Aires.
Las visiones y las estéticas que ellas producen van a drenar empatías y prejuicios. La civilización barbárica central no integraba al federalismo. Sólo excluía y eliminaba. En nombre de lo superior. Hete aquí la base argumental del eliminador: la civilización.
La más brillante pluma del federalismo iba a ser el doctor Juan Bautista Alberdi. Lector de Lerminier y por ende de la escuela histórica del derecho de Savigny, va a sentenciar: "…saber leyes no es saber derecho…". Toda una definición con la que se posicionará frente a los unitarios iluministas. Criticará las traspolaciones que éstos querían realizar de los sistemas unitarios de otros países europeos al nuestro. Va a demoler esa visión simplista y básica de considerar que se podía cambiar la realidad por decreto. El derecho refleja la realidad y la canaliza. No la crea. Los cambios sociales se producen por factores sociales, culturales y económicos. El derecho sigue al hecho. Y no viceversa. En todo caso la primacía triunfal de un hecho se refleja en el derecho.
En su obra juvenil "Fragmento Preliminar al Estudio del Derecho" plantea su convicción de que el derecho es más que la ley, es más que la exégesis y rompe con el iluminismo rivadaviano de la Constitución unitaria de 1826.
Los iluministas unitarios partían de la razón como dueña y señora de la historia. No había historia, era la razón la que la fabricaba. Los federales eran la barbarie feudal y ellos los iluminados del progreso.
Los historicistas, en cambio, rehacen y comulgan la razón con la historia existente. Buscan en los hechos la razón de su funcionamiento. Esta es la gran ruptura ontológica de Alberdi con los unitarios. Y es la que le permite mirar, pero también ver, la existencia de una historia federal. Este historicismo es el que lo capacita a Alberdi para acercarse a Rosas en busca de la institucionalización del país. Su historicismo procesual le hace positivizar a Rosas. Pero sus expectativas se ven frustradas. En Chile volverá a reinvindicar al gobernador de la provincia de Buenos Aires.
Alberdi, protagonista de la generación del 37. Formulaba la integración y respeto con el interior federal. El eterno exiliado, desde la ajenidad de su tierra, aplaudió el triunfo de Caseros y el Acuerdo de San Nicolás. Parirá las Bases para la Constitución de 1853. Superando la confederación para consolidar la federación. Corrigió académicamente y desde el respeto a los federales y en particular al coronel Manuel Dorrego, haciéndoles ver el distingo entre la constitución de Estados Unidos de 1787, que establece la federación dejando la confederación de 1778.
Desde afuera construyó para adentro. Supo ver en los caudillos federales, la manifestación vernácula de una materialidad histórica. No se dejó enajenar con la simplicidad de la errática dicotomía que planteaba el iluminismo de la ciudad y el salvajismo federal del interior. Artigas en su momento irrumpió en la escena desnudando los argumentos de Buenos Aires. Sostenía igualdad para todas las provincias sin ningún tutelaje y en federación. ¿Buenos Aires no era acaso feudal al sostener la portación del poder por privilegios geográficos? ¿O por la mera continuidad de lo virreynal?
El 29 de agosto de 1810 nace el más grande pensador argentino de la segunda mitad del siglo XIX. Periodista, jurista, escritor y músico, es el emblema del espíritu de una época. Los federales tuvieron una pluma privilegiada e ilustrada que fue Alberdi. No se dejaba llevar por la coyuntura. Como buen historicista miraba a lo lejos, sintiendo a cada momento el presente del futuro. Cuando vio en Urquiza, la oportunidad de la organización nacional federal, lo apoyó. Apoyó el Acuerdo de San Nicolás no obstante que los signatarios no eran precisamente doctos, discrepando duramente con Sarmiento.
Estuvo cuarenta años fuera
de la Argentina. Lejos para sentir cerca al país. A la distancia la convirtió en la perspectiva de análisis de la problemática nacional.
Alberdi es el testigo vigente de nuestra historia completa. Indudablemente es uno de los hombres públicos más talentoso y honesto que ha tenido la Argentina. Al tomar partido por el federalismo rompe con antiguos conocidos y amigos como Mitre y Sarmiento.
No va a tener concesiones. En su obra "Grandes y Pequeños Hombres del Plata", es lapidario con Urquiza por la traición de Pavón. Critica también a Sarmiento por su complicidad en el crimen del general Peñaloza en Olta.
Tanto tiempo afuera y tantos años de influencia adentro. Es el poder de la ausencia de un grande, hecha presencia. Alberdi, el irreverente, era el
hijo acomodado de la cultura porteña, el universitario autodidacta que se ponía a defender lo federal. Parafraseando a Cooke, se convertiría así en el hecho maldito del país central.
(*) Doctor en Ciencias
Jurídicas y Sociales
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