El 20 de Junio recuperó ayer su brillo en Rosario. Con el indiscutido protagonismo de la
presidenta Cristina Fernández de Kirchner, por primera vez presente en el acto del Día de la
Bandera desde que asumió, el desfile volvió a ser multitudinario, cálido y participativo. Con
discursos fuertes. Con fervor popular. Y con sorpresas que desacartonaron aún más un festejo que
hace tiempo ganó en adhesión cívica lo que perdió de impronta militar. Al término de la jornada,
que incluyó espectáculos durante toda la tarde, desde el municipio estimaron que 200 mil personas
se sumaron a la fiesta.
El desembarco del gobierno central en Rosario para este 20 de junio no
se limitó a la instalación de puestos de consulta y tramitación (diseminados desde el sábado en
todo el parque a la Bandera), sino que también se hizo ostensible con la llegada de la presidenta
junto a buena parte de su gabinete. Un “presente” con todas las de la ley y sin
antecedentes demasiado cercanos en el tiempo.
Después del puntual corte de cintas que inauguró los muelles del parque
España, la primera línea del palco oficial fue ocupada por la presidenta, el gobernador Hermes
Binner, el intendente Miguel Lifschitz y el arzobispo José Luis Mollaghan. Los cuatro fueron
oradores, aunque las palabras políticamente más fuertes sonaron en boca de Lifschitz y la
presidenta.
Antes de los discursos y después del Himno Nacional, brillaron los
chicos de la Escuela Orquesta Barrio Ludueña, que tocaron la canción “Saludo a mi
bandera” mientras desde el mirador del Monumento bajaban y subían mágicamente paños celestes
y blancos, desplegados por acróbatas que surcaron los muros de la torre.
Herencias. Lifschitz recordó la historia de la que los argentinos son herederos y
en su racconto no se olvidó de los pueblos originarios, del gaucho, de la mujer (cifrada en la
inolvidable figura de la anarcofeminista Virginia Bolten), de los arrendatarios rurales que se
rebelaron en el Grito de Alcorta, de las luchas por las conquistas sociales y laborales, y las de
los jóvenes que se alzaron contra las dictaduras militares.
Binner, por su parte, rescató a Manuel Belgrano como un hombre
visionario, que supo entender a la independencia como un logro inseparable del desarrollo
productivo, la educación, la justicia social y la transparencia.
Después fue el turno de la presidenta, quien retomó la figura del prócer
pero para resaltar su perfil como “combatiente”, lo que lo obligó a enfrentar
decisiones difíciles. Entre ellas, fusilar a quienes no lo siguieron en el heroico Exodo Jujeño. Un
dato, dijo, que la historiografía suele soslayar como si el pasado argentino fuera dulcificado y
“hubiera podido evitar el conflicto”.
Con ese episodio como disparador, Cristina justificó las decisiones de
gobierno que inevitablemente “molestan a los que más tienen”.
Al terminar los discursos comenzó el desfile. Tras una breve pasada de
los efectivos militares les tocó el turno a los ex combatientes de Malvinas, llegados desde
distintos puntos del país en un número mucho mayor que el de otros años. Como siempre, los
veteranos de la guerra —muchos de ellos acompañados por sus familias— se llevaron
grandes y conmovidos aplausos.
Aun así, para que se hiciera ostensible la cabal participación popular
en el desfile, hubo que esperar a Alta en el Cielo, la ya mítica bandera que alcanza los 20
kilómetros, pero de la cual ayer sólo desfilaron unos 2.200 metros de la mano de miles y miles de
personas.
A esa multitud se sumaron, por un breve trecho, la presidenta, el
gobernador y el intendente. El gesto estuvo a punto de desbordar a las custodias, la policía y la
Guardia Urbana Municipal porque la gente —incluso familias enteras con chicos y bebés—
pugnó por acercarse, tocar o hacerse escuchar por “Cristina”, una constante que se
repetiría a lo largo de todo el acto.
Más tarde llegaron los gauchos, montados orgullosos en sus caballos o
llevando las riendas de sus coches con los animales enjaezados. Por primera vez, las agrupaciones
tradicionalistas lograron desfilar antes de que las autoridades abandonaran el palco.
Aviones con vuelos rasantes que soltaron papelitos celestes y blancos y
dos paracaidistas que aterrizaron en la senda del desfile fueron otros toques novedosos para el
acto.
Y al grito de “Cristina, no aflojés”, miles de personas
parecieron sumarse al “club de la buena onda”, el eslogan en apoyo al gobierno que
impulsa el programa “6, 7, 8” desde el canal estatal.
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Me parece una exageración tantas flores en este artículo, considero que los desfiles deberían ser civico-militares, la gente concurriria en mayor grado y con más gusto, ¨NADA DE PALCO OFICIAL¨
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