Brasilia. — En medio de protestas y tras una dura batalla judicial, el gobierno brasileño de Luiz Inacio Lula da Silva puso en marcha ayer su polémico proyecto de construir en la Amazonia la polémica planta hidroeléctrica de Belo Monte, rechazada por indígenas y ambientalistas. La subasta realizada en Brasilia en medio de un "tiroteo" de fallos judiciales que sucesivamente la suspendieron y autorizaron, se prolongó por solamente siete minutos y terminó con la victoria del consorcio encabezado por la compañía hidroeléctrica del Sao Francisco (Chesf) y de la constructora Queiroz Galvao.
Con su potencia de 11.233 megavatios, la hidroeléctrica, que empezará a operar en 2015, será la tercera más grande del mundo, después de la de Tres Gargantas, en China, y de la paraguayo-brasileña de Itaipú. El costo estimado de la planta es de u$s 11.000 millones. Unos 500 manifestantes se pronunciaron contra el proyecto que, según ellos, desplazará a 40.000 pobladores de la zona del amazónico río Xingú y provocará graves trastornos ambientales.
El ministro de Minas y Energía, Marcio Zimmermann, negó que el proyecto fuera a tener un impacto negativo y aseguró que ha sido cuidadosamente estudiado desde que se planteó su construcción tres décadas atrás. "Belo Monte es la hidroeléctrica más estudiada del mundo, la que incluye más criterios socioambientales y de desarrollo de la comunidad", aseguró.
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