Un par de semanas atrás, Eduardo Duhalde acuñó una frase que no pasó desapercibida: "En 2011 tenemos que hacer un país para los que quieren y no quieren a Videla". En su afán por juntar voluntades para su candidatura, el ex presidente no para de tirar promesas del estilo de aquella que decía: "El que depositó dólares recibirá dólares", y más recientemente la de esta semana: "Vuelvo para echar con votos a los Kirchner de la política argentina". Nadie imagina con qué otra cosa que no sean elecciones se pueda sacar a alguien del gobierno.
La frase sobre Videla —publicada por La Capital—causó un inmediato repudio pero también el despertar de aquellos que todavía avalan el genocidio o son cómplices de la última dictadura. "Yo soy uno de los que quiere a Videla, póngalo en el diario con mi nombre, apellido y número de documento. Me gusta el orden y la disciplina", bramó un lector que se comunicó telefónicamente con un dejo de amenaza.
Juicio a genocidas. Mientras tanto, esta semana, el juicio a los que cometieron hechos aberrantes en esta región del país durante el gobierno de facto que encabezó Videla entró en su última etapa. El fiscal pidió cadena perpetua para ex militares y agentes de seguridad que decidieron la vida y la muerte de centenares de personas.
Por eso, es muy peligroso para la República que un ex presidente, a quien hay que reconocerle que mantuvo el barco a flote mientras el país se hundía, apele a cualquier fórmula para sumar votos para su candidatura presidencial. Duhalde propone un pacto político al estilo de La Moncloa, en la España de 1977, cuando el gobierno, el Parlamento, los partidos políticos y los sindicatos firmaron un acuerdo para afianzar la democracia española y elaborar un plan de estabilización de la economía. Y no está mal que lo proponga en la Argentina para darle gobernabilidad a un país enfermo por los enfrentamientos políticos y las mezquindades particulares. Pero ese conjunto de voluntades dispares y de diferentes signos ideológicos no puede incluir a los que produjeron la mayor tragedia argentina de todos los tiempos. Es algo parecido a lo que hizo hace algunos años el ahora primer ministro italiano Silvio Berlusconi cuando reclamaba elecciones anticipadas y amenazaba con llevar a millones de "seguidores" hacia Roma. Esa frase disparó inmediatamente el recuerdo de la "Marcha sobre Roma", en octubre de 1922, cuando Benito Mussolini y sus hordas violentas de fascistas vestidos con camisas negras capturaron el poder.
Cuidar el lenguaje. Duhalde está muy lejos de seguir los pasos de Berlusconi,
pero en un país tan susceptible y proclive a la bipolaridad política el uso del lenguaje debe ser
cuidado como un valor supremo, sobre todo si, como en el caso del ex presidente, tiene serias
posibilidades de volver a ocupar el sillón de Rivadavia. Para los que no la tienen, como Elisa
Carrió, Felipe Solá o Gerardo Morales, por citar sólo algunos ejemplos, está demostrado que todo es
posible y la verborragia apocalíptica se ha vuelto una costumbre viciosa.
Los juicios contra los represores, que torturaron, asesinaron, se apoderaron de bebés nacidos
en cautiverio y saquearon viviendas, parecen no tener en la opinión pública la verdadera magnitud
que se les debería asignar. Es que una sociedad castigada por innumerables dificultades, desde lo
económico hasta algo más simple como no tener luz, tiene poco espacio para registrar que una parte
vergonzosa de nuestra historia comienza a cerrarse. Para las generaciones más jóvenes, que sólo
saben del oprobio de la dictadura de Videla por los textos escolares, el relato de algún familiar o
de una víctima, son temas más que lejanos.
Pero, sin dudas, la reparación moral de lo que sucedió entre 1976 y 1983 en la Argentina se
materializa hoy en todos los juicios que se desarrollan a lo largo del país contra los que usaron
el poder y los recursos del Estado para delinquir impunemente. También con la recuperación de cada
hijo de las víctimas, que vuelven a conseguir su verdadera identidad.
Perseverancia. En Alemania, a casi 65 años del fin de la guerra, todavía se persigue a los
criminales nacionalsocialistas y sus colaboradores de otras nacionalidades para llevarlos a juicio.
Además, la organización no gubernamental internacional, Simon Wiesenthal Center y la Fundación
norteamericana Targum Shlishi lanzaron el año pasado la operación “Ultima oportunidad”,
por la que intentan capturar a los asesinos que todavía estén vivos y no hayan sido llevados a los
Tribunales.
En pocos días más se cumplirá en la Argentina el 34º aniversario del asalto al poder de una
banda asesina que, como bien dijo el lector enfurecido que añora a Videla, trajo orden y
disciplina. Valores conseguidos en base a la eliminación del debate ideológico, a la instauración
de un modelo económico que todavía hoy sufrimos y a la aniquilación física del opositor, de sus
amigos, parientes, compañeros de estudio y trabajo, en una orgía de sangre inédita en la historia
nacional.
Contexto e historia. A las palabras no se las lleva el viento, siempre hay alguien que las recuerda y las pone en contexto. Y la memoria histórica es la base para que cualquier nación pueda resurgir del abismo.
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Que poco equilibrio. Cuanta ¨memoria¨ tendensiosa. Malas, las posiciones extremas y los fanatismos sr. Hagamos una democracias genuina, no una acomodaticia.
es imposible un pacto de la Moncloa en la Argentina. Son demasiados y muy profundos las mezquindades y los egos.
Duhalde tiene en mente una amnistía tendiente a liberar a los responsables del genocidio.
el que depositó dólares fue vilmente estafado.
Duhalde no le perdona a Kicherner el haberse despegado de su tutela.
Duhalde hizo la pesificación asimétrica, licuó pasivos empresariales y devaluó la moneda.
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