17-01-2010 | Economía

El "ambientalismo de los pobres", una agenda de supervivencia

Los detractores de la ecología siempre dicen que la preocupación por el medioambiente es algo así como un pasatiempo de los ciudadanos de los países ricos que, como no tienen que preocuparse por llegar a fin de mes ni por los paros docentes deciden proteger a las ballenas del Atlántico Sur o a los pandas chinos.

Los países productores de amteria prima sufren presión ambiental.

Los países productores de amteria prima sufren presión ambiental.

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Los detractores de la ecología siempre dicen que la preocupación por el medioambiente es algo así como un pasatiempo de los ciudadanos de los países ricos que, como no tienen que preocuparse por llegar a fin de mes ni por los paros docentes deciden proteger a las ballenas del Atlántico Sur o a los pandas chinos.

Para Joan Martínez Alier, experto español en economía ecológica, ese conservacionismo con raíces casi estéticas —que efectivamente existe— se da de frente contra lo que él define como el ecologismo de los pobres, un ambientalismo protagonizado por gente "que muchas veces ni siquiera sabe que lo está haciendo, pero que actúa de manera de defender el medio ambiente". Así lo expuso en Rosario durante una charla-debate organizada por el Taller Ecologista de Rosario.

Ecologismo de los pobres

Martínez Alier es especialista en Historia Agraria y Ambiental, Economía Ecológica, Política Ambiental y Ecología Política. Buena parte de su trabajo en el terreno se desarrolla con pequeñas comunidades de países pobres emergentes donde los temas medioambientales ni figuran en las agendas políticas.

Para ilustrar de qué se trata eso de "ecologismo de los pobres", el especialista retomó dos ejemplos cercanos en el tiempo y en el espacio: la matanza ocurrida en junio pasado en Baguá, Perú, cuando un enfrentamiento entre indígenas que reclamaban por sus tierras y militares dejó más de 30 muertos; y el referéndum organizado en Esquel en 2006 en contra de la utilización de cianuro en una mina.

"La resistencia autogestionada al abuso puede tomar maneras conflictivas, como pasó hace poco en la Amazonía peruana, o adoptar formas más pacíficas, como fue el caso en Esquel. Pero ambos casos tienen algo en común y corresponden a lo que llamo ecologismo popular, porque fueron protestas espontáneas que surgieron como respuesta a una necesidad concreta, sin una organización preestablecida pero si con redes de apoyo local e internacional", explicó.

Para Martínez Alier, las causas que llevan a estas manifestaciones populares tienen que ver con lo que muchas veces se llama conflicto territoriales, y otras veces neoliberalismo. O sea, con factores relacionados con la tenencia y el uso y abuso de la tierra.

Sin embargo, en su opinión la clave está en otra parte: "Si hay crecimiento de la economía a nivel mundial, si la actividad aumenta, entonces aumenta el metabolismo, porque aumenta el consumo de agua, de energía, de materias primas y de residuos".

En definitiva, es el consumo excesivo de recursos lo que hace colapsar al medioambiente, sea esto bajo un régimen neoliberal, socialdemocrático o comunista. "Si crece la economía, crece el metabolismo socio-económico" en términos de flujos de materiales y energía, y de la producción de residuos.

Daños

Desde un punto de vista de análisis sistémico, para el eco-economista Argentina es un agroexportador barato en el contexto de las relaciones económicas internacionales. "Las exportaciones argentinas de soja salen al mercado con una gran mochila ecológica encima, porque su precio competitivo tiene que ver con daños infligidos al medioambiente que nadie repara", dijo Martínez Alier, para quien no sólo hay que contar el agua utilizada aún en terrenos a priori no aptos para ese cultivo —como en Santiago del Estero—, sino también lo que se denomina "exportación de nutrientes". O sea los minerales que la soja "chupa" a la tierra y que los chacareros suelen no reponer bajo el pretexto de los altos precios de los fertilizantes.

"Con cada tonelada de soja argentina se va agua virtual y nutrientes en proporciones alarmantes", disparó el especialista. Una opción podría ser la aplicación de "retenciones ambientales" para cerrar la canilla de las exportaciones a mansalva y proteger así de mejor manera la calidad natural de las tierras nacionales.

El ejemplo de la soja le sirvió para ilustrar un fenómeno que en realidad se hace extensivo a todos los países productores de materias primas. "En la Unión Europea, por cada tonelada que se exporta se importan 4 toneladas. Esto significa que lo que se vende tiene alto valor agregado, y lo que se compra es más que nada materia prima. Esa relación es la inversa en América latina, que exporta en promedio 6 ó 7 veces más de lo que importa".

Ecuador

Si bien no figura en el top petrolero mundial, Ecuador posee reservas interesantes de crudo bajo sus verdes tierras. Lo original, en este caso, es que el gobierno de ese país —comandado por Rafael Correa, de centroizquierda— encaró hace dos años un giro sustancial en su política petrolera al proponer dejar bajo la tierra el petróleo pesado de los yacimientos del Parque Nacional Yasuní —un territorio amazónico con presencia indígena— a condición de que los países del norte (sean o no acreedores externos de Ecuador), los bancos y las organizaciones ecologistas internacionales compensen a Ecuador con el cincuenta por ciento de lo que producirían esos campos en los próximos diez años en caso de ser explotados.

"Se trata de 200 ó 300 millones de dólares al año en concepto de no extracción, ya que lo que no se saca, no contamina. Es una idea política que evita a futuro las emisiones de dióxido de carbono. Un cambio de paradigma desde la economía depredadora a la economía ecológica", dijo.



 

 

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1. orejano 17-01-2010 10:19:26 hs

Esto es ambientalismo válido para todos, no el exclusivo Greenpeace que hace turismo ecológico........




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