06-10-2009 | Política

El oficialismo prepara el debate con un mix de sonrisas y angustias

  • valorar
Por Diego Dulce (Dyn)

El oficialismo mira la sesión del  próximo viernes sobre el proyecto de medios con la tranquilidad de  tener asegurado el quórum necesario para iniciar el debate y un  número de senadores suficientes para la aprobación de la norma en  general, pero busca con cierta angustia la forma de contener a los  legisladores propios que podrían votar contra algunos artículos.

En la sesión del 9 de octubre habrá tres momentos decisivos en  que el kirchnerismo deberá apelar a todo su potencial para  garantizar la sanción de la ley: el primero se producirá en la formación  del quórum, para lo que deberá contar con la mitad más uno de la  cámara alta (37), y le servirá para comenzar a deliberar. Sin  quórum, no habrá debate.

El segundo filtro sucederá con la votación en general del  proyecto: el oficialismo necesita el aval de la mayoría de los  senadores porque si no lo consigue, se entenderá que la norma queda  rechazada y en el mismo hecho termina la sesión con un fracaso para el  gobierno. Fue lo que pasó con las retenciones móviles del 17 de julio de  2008.

El tercer paso, sin duda trascendente, ocurrirá en los  momentos de las votaciones de cada uno de los 166 artículos de la ley, y  en todas las instancias deberá mostrar el apoyo de la mayoría de  los legisladores presentes en la cámara.

El bloque del Frente para la Victoria tiene el compromiso  explícito de 33 de sus senadores que juramentaron su voluntaria  intención de darle al gobierno la sanción sin cambios de la iniciativa  que llegó aprobada desde la Cámara de Diputados.

De esos 33 legisladores, 25 expresaron sus avales  incondicionales con la firma del despacho mayoritario de las comisiones, que  le abrió al proyecto la puerta del recinto, mientras otros ocho no  suscribieron el texto sólo porque no revistaban en ninguna de las  cuatro comisiones que analizaron el tema la semana pasada.

Para el quórum de arranque de la sesión y la definición en  general, el kirchnerismo cuenta además con la colaboración de dos  senadores propios que firmaron el dictamen con disidencias parciales,  el jujeño Guillermo Jenefes y el chubutense Marcelo Guinle, a los  que se sumará la también chubutense Silvia Giusti. Estos aportes  resultarán sustanciales, porque con ellos el oficialismo alcanzará  la mayoría propia, sin necesidad de ayuda de ninguna otra  bancada.

Pero esto no es todo lo que cosechó para el kirchnerismo,  porque cuenta además con dos legisladores fueguinos del ex ARI, José  Martínez y María Díaz, y el neuquino Horacio Lores. El apoyo puede  llegar a 41, cuatro sobre el quórum, si como anunció vota a favor  el socialista santafesino Rubén Giustiniani.

Sin bien la oposición da por cierto que perderá en las dos  primeras instancias, se ilusiona con llegar a un protagonismo estelar  como para torcerle el brazo al bloque K durante la discusión en  particular de la propuesta.

La bancada radical, que conduce Ernesto Sanz, junto a los  aliados, la cívica Eugenia Estenssoro y Samuel Cabanchik (Proyecto  Buenos Aires), se apresta a poner en el recinto a 14 legisladores,  mientras el interbloque Grupo Federal, del justicialismo disidentes y  partidos provinciales, quiere mostrar que no es menos y aspira a  colocar otros 14 senadores.

En la mente de los opositores figura la imagen de que estos 28  senadores se conviertan en la base de una pirámide sobre la que  puedan montarse todos los senadores oficialistas disconformes con  varios aspectos puntuales del plan oficial.

Los bloques no K tienen en elaboración, por separado, dos  proyectos alternativos, con los que esperan a capturar a los tres  disidentes de la bancada oficial, más la oficialista chaqueña Elena  Corregido, el socialista Giustiniani y eventualmente los dos  senadores fueguinos, con lo que podrían arribar a 35 senadores, dos  debajo de la mayoría de 37 y un número que complicaría las chances  oficiales.

Si consiguieran este premio -un asunto todavía por demostrar- podrían demoler uno o varios artículos del proyecto y con eso  obligar a que la iniciativa vuelva a la Cámara de Diputados, para que  ésta acepte los cambios o insista en el texto que aprobó el 17 de  septiembre, con lo que pondrá en peligro la complicada  parlamentaria del gobierno que sólo tiene dos meses para avanzar con  audacias.

Esa es la máxima esperanza de una oposición dispersa que lidia  por marcarle la cara al oficialismo, que lo mira con una sonrisa  dibujada, pero no excluye un trasfondo de angustia. 

Para dejar un comentario es necesario estar registrado.
Regístrese sin cargo, o si ya está registrado ingrese aqui..




LaCapital.com.ar