Con su anterior disco, "Sistema nervioso central", Estelares dio el salto a la popularidad. Desde entonces, el tiempo se encargó de poner en su lugar a la banda de rock platense: un grupo que sabe cómo construir canciones deliciosas. Hoy con su nuevo álbum, "Una temporada en el amor", no paran de dar notas y su cantante y letrista Manuel Moretti no deja de remarcar que son un grupo de músicos al servicio de la canción.
Estelares, que esta noche, a las 22, toca en el teatro Lavardén, continúa puliendo uno a uno sus temas. Un viejo oficio que le demandó unas 50 canciones y 15 años de camino. "Las canciones fueron mi linterna, me guiaron en la vida", dice Moretti en medio de la charla con La Capital. El músico nació en Junín, siendo adolescente clavó ancla en La Plata y ahora vive en Buenos Aires.
Para Moretti su carrera en la música comenzó "con una gran necesidad de expresión", en una época de su vida "muy catárquica, chiflada y caótica, fue un buen ejercicio para componer canciones y para armar bandas".
—Si "Sistema nervioso..." fue la sorpresa para mucha gente que no los conocía lo suficiente, ¿Que es "Una temporada en el amor"?
—La continuación de nuestro oficio de hacer canciones. También es el después de un disco exitoso como "Sistema nervioso central". A nosotros no nos sorprendía lo que pasó con ese álbum, sobre todo por la cantidad de años que le dedicamos a los discos y a las canciones. De todos modos, fue fuerte que cuatro o cinco temas de "Sistema nervioso central" sonaran tanto y que el álbum gustara también tanto y que estuviera a punto de llegar a disco de oro. Fueron todas cuestiones novedosas para nosotros.
—¿Sintieron la presión de no poder crear canciones tan buenas como aquellas?
—Una sana presión. Sabíamos que teníamos buenas canciones para el nuevo disco, sólo había que ensamblarlas y grabarlas bien. Por suerte todo se dio naturalmente aunque también es cierto que al comienzo estábamos asustados. Por suerte en los ensayos empezaron a aparecer un montón de respuestas, pero sí, la presión la tuvimos y estábamos un poco asustados.
—"Le di mi vida a las canciones y no me arrepiento", cantás en "Melancolía". ¿Qué significa dar la vida por una canción?
—Que es toda una vida al servicio de la canción. Básicamente, haber empezado por una gran necesidad de expresión y en una época de mi vida muy catárquica, chiflada y caótica, fue un buen ejercicio para componer canciones y para armar bandas. Fueron años en que dejé la gastronomía y me vine a Buenos Aires, estudié, sin un mango, seguí componiendo y, hasta que nació mi hija, las canciones fueron mi linterna, me guiaron en la vida.
—En tu rol de constructor de canciones empezaste a escribir para terceros y armaste algunos shows solistas...
—Lo de escribir para otros es una posibilidad, no estaría nada mal mostrar mis canciones para ver si otros las quieren grabar. También, a veces salgo con mi guitarrita a tocar solo, pero es lo menos habitual. Lo hago cuando tengo ganas, por ejemplo, la semana pasada estuve en Santiago del Estero y Río Cuarto.
—El disco ya no es valorado como una obra de arte en sí misma, pasó en el traspaso del vinilo al CD y hoy se acentuó con Internet.
—Ocurre eso, tal cual. Pero uno no puede hacer nada. Nosotros estuvimos a punto de lograr el disco de oro, imaginate que sin las bajadas de la web hubiéramos llegado al platino. Están las dos cosas: la gente que sigue amando al disco como objeto y están quienes los bajan de Internet.
—El arte de tapa de "Una temporada..." es muy milonguero y los nombres de algunas canciones también son tangueros.
—Tan milonguero como kermesero. Me recuerda aquellas kermeses de los 70, muy Leonardo Favio. Por otra parte, yo quiero mucho al tango.
—¿Qué pensás de cada uno de los discos que grabaron?
—Siempre fueron discos al servicio de las canciones. El primero ("Extraño lugar", 1996) fue un disco hippie y con un montón de estilos; nos colgamos y estuvimos mil horas produciéndolo nosotros mismos. En el segundo ("Amantes suicidas", 1998) vamos hacia un rock más clásico, con buenas canciones con producción nuestra pero débil, frágil. Después, en "Ardimos" (2003) trabajamos con Juanchi Baleiron, nuestra primera vez con un productor en serio. Luego, "Sistema nervioso central" (2006) fue como la comunión de tantos años de laburar juntos, nuestro segundo disco con Juanchi y por primera vez empecé a escribir estribillos, que antes no existían en nuestras canciones. "Una temporada en el amor" es como empezar a probar la calidad de la uva y es un muy buen lugar creativo de la banda después de un disco muy exitoso.
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