18-12-08 | Reflexiones, por Eduardo G. Elizalde (*)
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Doctor Ramón Carrillo, un héroe civil

"Llamó nuestra atención este argentino quien, a pesar de su excelente trayectoria médica y de gestión en la salud pública debió abandonar su país, para finalmente morir pobre y en el exilio. Casi por un raro capricho del destino Belem, la capital del estado de Pará (Brasil), la ciudad en la que nació nuestra empresa, también fue la que lo acogió en sus últimos dos años de vida y lo vio morir". Así comienza el viaje imaginario en que nos introduce la lectura del libro que lleva por titulo "doctor Ramón Carrillo. De Santiago del Estero a Belem do Pará".

Hacía tiempo que estaba tras este libro que, por casualidad o mejor por mi cotidiana tarea de leer los diarios, hacía mención la crónica periodística de esta manera: "...en el aula magna de la Academia Nacional de Medicina, a uno de los cuatro hijos del ilustre médico la emoción le impidió continuar con el discurso. Ramón Carrillo (55) rompió en llanto. Su padre murió en el exilio, empujado por la dictadura de Pedro Eugenio Aramburu, el 20 de diciembre de 1956. Ramón, su hijo, apenas tenía cinco años" (Clarín, 28/05/2007). De inmediato comencé la búsqueda, que aunque en un principio infructuosa, me llevaría a dar con la "punta del ovillo", guía final para encontrarme con el objetivo deseado. Sin embargo, esa intensa búsqueda me depararía más sorpresas de las esperadas.

Este libro había sido editado por la empresa Alubar. ¿Pero qué era Alubar? Pues bien, esta empresa pertenece al sector energético del Brasil y nació precisamente en la ciudad de Belem, capital del Estado de Pará, ciudad del noreste amazónico del Brasil, que acogió al doctor Ramón Carrillo y su familia en su obligado exilio. "Nosotros trabajamos en el campo del aluminio y de cables eléctricos. Materiales que transmiten energía y desarrollo. Muestra intención es que las páginas que siguen puedan contagiar la misma energía que el doctor Carrillo transmitió a lo largo de toda su vida, para el bienestar de la comunidad. Sin dudas la suya fue y es un ejemplo de vida a imitar", expresan en esta publicación los directivos del brasilero Grupo Alubar, poniendo en evidencia la admiración y respeto por quien fuera creador del sanitarismo argentino y primer ministro de Salud que tuvo nuestro país (1945-1954).

A la impecable publicación de tamaño oficio, en idioma portugués y castellano, a la calidad de la impresión color y de su papel, a las fotografías, muchas de ellas inéditas, a su diseño artístico, que dan marco a un impresionante trabajo de investigación histórica.

Compartamos entonces algunos fragmentos de la carta, que podemos leer de puño y letra, del 6 de septiembre de 1956 (tres meses antes de su muerte el 20 de diciembre de ese año), que Carrillo escribe desde Brasil a su amigo Segundo Ponzio Godoy, y que los autores del libro titularon "Tristeza nao tem fim": "Querido Ponzio: ya no sé cuánto tiempo más voy a vivir, posiblemente poco, salvo un milagro, también puedo quedar inutilizado y sólo vivir algo más. Ahora estoy con todas mis facultades mentales claras y lúcidas. Quiero que no dudes de mi honradez, puedes poner las manos en el fuego por mí. He vivido galgueando... Por pudor siempre oculté mis angustias económicas, pero nunca recurrí a ningún procedimiento ilícito, que estaban a mi alcance, y no lo hice por congénita configuración moral y mental... No tengo la certeza de que algún día alcance a defenderme solo, pero en todo caso si yo desaparezco queda mi obra y queda la verdad sobre mi gigantesco esfuerzo, donde dejé mi vida.... El tiempo y sólo el implacable tiempo dirá si tuve razón...". Desesperada carta, que como buen cultor de la amistad, los afectos y la lealtad, dirige a su dilecto amigo, sabedor de que llegado el momento, "cuando las pasiones alcancen su justo nivel", el sol no podrá ocultarse con un dedo.

Susana Pomar, su esposa, cuenta el comienzo del fin de Ramón Carrillo: "Esa noche tuve un sueño premonitor, desperté y bajé rápidamente a la sala donde se encontraba Ramón, llamé a Santiago y le digo «Ramón se muere», Santiago le pone su cabeza en el pecho y dio su último latido. Eran las siete y diez de la mañana del 20 de diciembre de 1956. Lo embalsamaron en el mismo hospital donde lo trataron y a la noche lo velamos. ¡La cantidad de gente que fue al velatorio! Fue enterrado en el cementerio Santa Isabel, de la ciudad de Belem que lo había acogido y que él tanto amó.

Tenía entonces 50 años. Había hecho una carrera meteórica. Médico a los veinticuatro años, profesor titular de la cátedra de neurocirugía a los 36, primer ministro de Salud Pública de la Nación a los 37. Exiliado político a los 49.

Hoy, los estudiosos de la salud pública argentina reconocen un antes y un después de Ramón Carrillo en la salud de los argentinos. Creó 234 hospitales, más de 50 instituciones de salud como el Instituto del Quemado, el Instituto de Hemoterapia, el Instituto del Tórax y tantas más. En tres años hizo prácticamente desaparecer la endemia del paludismo y los cambios que promovió mejoraron los hábitos y condiciones alimentarias de los argentinos, llevando la esperanza de vida de 61,7 cuando asumió a 66,5 al final de su gestión.

Este libro extraordinario que comentamos resume la trayectoria de una figura ejemplar del sanitarismo latinoamericano y como tal se erige en justo homenaje.

La otra gran sorpresa que me deparó la búsqueda de este libro fue haber conocido a la persona que finalmente me lo obsequió don Pedro M. Borio (coordinador editorial de la obra), quien con la simpleza de los que saben, en nuestro breve encuentro, supo transmitirme su profundo conocimiento sobre la vida y la obra de nuestro Carrillo, pero además su profunda admiración por ese hombre.

Fue entonces cuando comprendí que no estaba allí por mera casualidad y que quizá con ese encuentro, como en tantos otros, estábamos cumpliendo con aquel pedido desesperado (carta de Carrillo a su amigo Segundo Ponzio Godoy) del hombre que sabía no podría defenderse por sí mismo, ante la inminencia de su muerte, de la infamia y la ignominia, y recurría a su amigo, para en él depositar su esperanza y su fe en un futuro mejor, donde la verdad y sólo la verdad nos haría libres.

De alguna manera, me sentí también destinatario de aquella carta de Carrillo y con profunda emoción fantaseé por unos momentos con la amistad de aquel gran argentino, que hoy, a cincuenta y dos años de su muerte, con Pedro Borio, coincidimos en llamar "héroe civil de la argentinidad".

(*) Presidente de la Cátedra Libre de Salud Pública Ramón Carrillo, Facultad de Ciencias Médicas (UNR), y director ejecutivo UGL IX Pami, rosarioeelizalde@pami.org.ar

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