09-11-08 | Por Mercedes Ezquiaga / Télam
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La búsqueda desesperada de "Ciega a citas", otro blog que se muda a las librerías

Buenos Aires.-  Luego de ser uno de los blogs más leídos y comentados de los últimos tiempos, “Ciega a citas”, el divertido diario de una  treintañera soltera y con algunos kilos de más que dispone de 227 días para conseguir un novio y así asistir al casamiento de su hermana menor acompañada y delgada, llegó a las librerías en formato de novela.

El blog, que llegó a recibir hasta mil comentarios en una sola entrada, relata con ironía y autenticidad las aventuras de esta joven (ahora editadas por el sello Aguilar), quien firmaba como LG y que se sabe que es la periodista Lucía González, redactora de diversas revistas de actualidad.

“Ayer tendría que haber matado a mi madre y a mi hermana, pero en vez de apuñalarlas me comí medio lemon pie y lloré”, arranca la historia, fechada el 1 de noviembre, cuando la protagonista  escucha detrás de una puerta a su madre diciendo que seguramente iba a ir al casamiento de su hermana “sola, deprimida y vestida de negra” y que, si no fuera así, iba a pagar toda la fiesta.

Muerta de rabia, Lucía decide en silencio desafiar esa apuesta y dispone de siete meses y medio para conseguir un novio normal, con lo cual prueba una y otra vez salidas con compañeros de trabajo, viejos amantes y hasta citas en internet para ganarle a su madre, entre anécdotas hilarantes, reales y emotivas.

“Tengo un maleficio: soy invisible para los hombres normales. Estoy condenada a que se fijen en mí sólo los idiotas, los desagradables, los grotescos, los chiflados, los esquizofrénicos voluntarios”, se queja la protagonista, a medida que van pasando los días en los que relata sus salidas y sigue sin conseguir novio.

En el medio de los candidatos aparecen los comentarios siempre fuera de lugar de la madre, la perfecta hermana menor y un grupo de amigos del trabajo (“el club de los solteros”) con personajes como “el gordo Piñata”, Graciela (una cincuentona que vive con su madre) o la recepcionista Gisela Buche (“una versión desmejorada y petisa de la modela Gisele Bundchen”).

La protagonista no se priva de ir mechando las historias con comentarios como el de la wedding planner: “Me quedé impresionada con la cantidad de chupasangres  que viven de esto. Equipos de seis personas debaten con total seriedad si una torta helada de maracujá puede constituir una torta de bodas”, se burla.

No faltan las reuniones con sus amigas ya casadas y la ansiedad de todas ellas por rememorar sus “fabulosas” fiestas de casamientos: “Grandes incógnitas sobre los casamientos que deberían recopilar en un libro llamado «Cómo me gasté 40.000 pesos en saladitos para primos que no soporto y todavía no conozco Europa»”, reflexiona la autora.

Ante cada salida fallida, la protagonista se imagina cómo será ir al casamiento sola: “Me imaginé a mi mamá dándole un billetito clandestino a mi primo para que me sacara a bailar, visualicé el aparato amigo de mi hermana con el que me sentarían en la fiesta (buscando engancharme con un tipo que ninguna otra quiso), me vi conversando con mis tías gordas sobre la mesa de quesos y el surtido de canapés”, enumera.

A lo largo de 246 páginas, dividida en breves capítulos y fechados según avanzan los días, Lucía va presentando a personajes de lo más inesperados, como Willy, quien en la primera salida “arrancó con un monólogo insoportable sobre su amigo «fachero fachero que se levanta todas las minas» y sobre el amor de su  vida: su celular”, u Oscar, un depresivo que siempre habla en diminutivo.

Para Navidad, “el día más deprimente del año”, Lucía se prepara para los festejos mientras sigue lamentándose de no conseguir pareja: “Mi abuela me preguntó por qué no tenía novio a las nueve y media, diez menos diez, diez y cuarto, diez y veinte, once, once y diez y a las doce en punto, en el medio del brindis. La última vez  fue, sin duda, la mejor: -No brindé con tu novio, querida. -No tengo novio, abuela. -Ah, claro, vos no tenés, es la otra la que tiene”.

Con humor, la protagonista se anima a hacer un ranking de las peores frases que le dijo su mamá en el verano (“qué desayuno tan generoso, querida... venís del gimnasio, me imagino”, o “por un momento te vi más flaca, pero no, ya pasó. Era el sol”).

Escrito con un lenguaje actual -donde se mechan diálogos, mensajes de texto y formas de hablar de borracho-, “Ciega a citas” detalla con lujo de detalles los domingos encerrada en su casa en un viejo pijama comiendo pizza, los numerosos intentos por empezar una dieta, los reiterados sueños con Adrián Cormillot y la permanente búsqueda de un novio, a medida que se acerca la fiesta de casamiento, que traerá un final inesperado. (Télam)

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