20-10-2008 | Ovación

Un técnico con impulsos anímicos

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El debut de Gustavo Alfaro al frente de Central sirvió para ir conociendo algunas señas particulares de su comportamiento durante los partidos. Más allá de la dolorosa derrota ante Gimnasia, lo que quedó en claro ayer fue que el nuevo técnico canalla cambia totalmente su fisonomía cuando se acerca a la línea de cal en una cancha. Su conducta se transforma y se vuelve un huracán incontenible que no baja su intensidad ni un minuto dentro del corralito. El Alfaro de los partidos toma distancia y se despega varios pasos del hábil declarante que contagia optimismo desde su cálida e imperturbable formalidad durante la semana.

   En el cotejo frente a Gimnasia se pudo comprobar que cuando acude a los duelos oficiales es vehemente, pasional y a veces se deja vencer por los excesos. Alfaro avisó que iba a ser un partido gobernado por los impulsos anímicos y eso se notó en el campo de juego. Prueba de eso fue la simpática lucha que tuvo que sostener el cuarto árbitro (Martín Giampaolo) para contener al conductor canalla en la zona habilitada. En un momento, ambos protagonizaron una escena de potrero ya que Alfaro corría como un delantero cerca de la raya y el juez lo seguía como un férreo defensor.

   El electrocardiograma de Alfaro sólo arrojó líneas de extrema tensión en Arroyito. Siempre afuera del banco, el técnico mostró una gran capacidad para gesticular y hacerse entender de cualquier manera con los jugadores. Gritos, silbidos, ademanes, muecas de todo tipo, todos los recursos valían para trasladar un mensaje que no encontró eco en el rectángulo de juego y preocupaba.

   Ese contrapunto, entre esfuerzo y desazón, subrayó los principales rasgos de sus movimientos. Uno de los que más lo sufrió fue el zaguero uruguayo Ignacio Ithurralde, a quien le pedía permanentemente que cubra la espalda de Walter Ribonetto.

   De impecable camisa y traje oscuros, Alfaro fue recibido con un coro aplausos por la parcialidad local cuando asomó su cabeza desde el túnel. Hasta el pitazo inicial, el DT no perdió sus carriles naturales. Pero desde que Beligoy decretó el inicio, las pulsaciones se aceleraron y la adrenalina no bajó en los 90 minutos.

   La dura derrota en casa y el gol en contra se reflejaron en el rostro de la despedida. El debut no fue el esperado y Central desnudó una vez más su estado de confusión. Alfaro vivió el encuentro a mil y sacó sus conclusiones. Le queda mucho por mejorar. l

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