04-10-2008 | Información Gral

Los argentinos y las señas

"Hace diez años, un estudiante avanzado utilizaba 1.200 palabras para expresarse; hoy, sólo emplea 600, y si le apagamos la luz ya no existe comunicación, porque reemplaza los dichos con señas". Pedro Luis Barcia, el director de la Academia Argentina de las Letras, le puso humor a la mesa redonda sobre el idioma español.

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"Hace diez años, un estudiante avanzado utilizaba 1.200 palabras para expresarse; hoy, sólo emplea 600, y si le apagamos la luz ya no existe comunicación, porque reemplaza los dichos con señas". Pedro Luis Barcia, el director de la Academia Argentina de las Letras, le puso humor a la mesa redonda sobre el idioma español.

Lejos de un discurso formal, tuvo que explicar por qué en Argentina se demora el nacimiento de la denominada Fundación del Español Urgente, que ya tiene en México al primer país en ponerla en práctica fuera de España. "Me levanto todas las mañanas y miro si vienen las carabelas, pero es difícil que aparezcan en el momento actual. Llevo conmigo el complejo de Moisés: corro el riesgo de no ver la tierra prometida de la Fundeu", ironizó.

"Pero poco a poco hila la vieja el copo", se consoló y punteó algunos hechos concretos, entre ellos la publicación este mes de la segunda edición del Diccionario del Habla de los Argentinos, un libro que constituye el haber patrimonial cultural del país, pero que (se quejó) "los medios difunden y el gobierno no compra, ni siquiera en vistas del centenario que tanto cacareamos".

Lanzó una "furtiva lágrima" para los correctores que ya no están más en los diarios e ironizó sobre los errores en los textos: "Cada vez son más numerosos. Les va a pasar como a Alfonso Reyes, que anunció la aparición de un libro de erratas con algunos versos".

Este académico oriundo de Gualeguaychú se quejó de la utilización de un sólo adjetivo para situaciones disímiles. "Magnífico se usa para todo", lamentó, y censuró dos palabras que parecen estar de moda: "Nada, que es engañoso, y totalmente, que anula el diálogo".

Párrafos aparte les dedicó a los programas deportivos e infantiles. "Cada vez son más decadentes", dijo sobre los primeros, y de los otros reprochó que "tratan a los niños como si fueran enanos o discapacitados mentales, porque sus voluptuosas conductoras no están preparadas para adecuar su discurso".

Barcia volvió a provocar sonrisas cuando explicó las diferencias que en distintos países tienen las palabras "huevón" (incluida como americanismo a sugerencia de Chile), "huevear" y "cachucha", que en una antigua lengua —aseguró— aludía a la forma de una canoa y en algunos países ahora es vergonzoso pronunciar.

Fiel a su estilo divertido, recordó cuando a Oscar Wilde le mostraron el invento de Graham Bell. Le explicaron en qué consistía y le dijeron que aunque no lo creyese, iba a poder hablar desde Norteamérica a Europa. Su respuesta fue: "¿Y hablar de qué?". Toda una figura de la importancia de la riqueza lingüística, más allá de los medios que se utilicen para expresarla.

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