Soy docente de nivel inicial, por suerte con trabajo, no como otros colegas míos que desde hace años transitan por la desesperante situación de tener que inscribirse año tras año en diferentes colegios para poder acceder a un reemplazo o en el mejor de los casos a un interinato. Esto provoca una sensación de incertidumbre e inestabilidad laboral permanente. Si además sumamos las diversas situaciones de conflicto que atraviesan hoy nuestras escuelas a nivel social, económico, de recursos, de mobiliario, etcétera, podremos vislumbrar con claridad que nuestro sistema educativo, con todo lo que ello implica, padece de serios inconvenientes. Todo este comentario surge a partir de algunas opiniones que escuché durante la semana en la radio sobre el paro docente que se aproxima, donde se cuestionaba a los maestros haciendo referencia a que este no es el momento para efectuar reclamos. Me pregunto: ¿cuándo es el momento? ¿Cuándo se le dará a la educación el lugar que se merece? Y esto implica no sólo el mejoramiento del nivel académico en las aulas, la infraestructura de los establecimientos educativos, sino también la recomposición salarial y la estabilidad laboral de todos los docentes. Sólo cuando nuestros gobernantes y la sociedad en su conjunto comprendan estas prioridades se podrán crear condiciones dignas de empleo para los maestros, y de esta manera fomentar en nuestros alumnos la capacidad de desarrollar un pensamiento crítico que los ayude a poder discernir y elegir en un futuro representantes políticos que apuesten a más y mejor calidad educativa para todos.
Claudia Cervantes,
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