David Ramón “Toca” Abregó fue condenado a 50 años de prisión por el homicidio calificado del taxista Juan Carlos Aldana en septiembre de 2003. El trágico episodio fue el detonante que lo llevó a la cárcel, pero en rigor de verdad, “el Toca” ya tenía un su haber unos cuantos hechos delictivos. Su abogada, Susana Sulkarneinuff, cuenta que de pequeño fue abandonado por su mamá y que más tarde fue asistido por una tía paterna que lo llevó a vivir con ella a un ranchito inmerso en un basural del Ludueña.
Desde pequeño “el Toca” se dedicó a cirujear y más tarde comenzó a delinquir. “El Toca tuvo su primer ingreso a un instituto de menores a los seis años. Ahí sufrió una gran cantidad de abusos”, relata su abogada: “No terminó primer grado, no sabe leer ni escribir. Tiene dificultades para expresarse, no sabe pronunciar las palabras y además, tiene problemas de desnutrición”.
De acuerdo a los datos de la Estadística Penitenciaria Nacional realizada por el Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos de Octubre 2002, el 34 por ciento de la población carcelaria tiene el nivel primario incompleto o ningún nivel de instrucción.
En números concretos, la cifra abarca a más de 15 mil personas privadas de su libertad que nunca fueron a la escuela o que pasaron muy esporádicamente por el sistema educativo. Según consta en un informe realizado por el Programa Nacional de Educación en Establecimientos Penitenciarios y de Minoridad, la desescolarización además acarrea serios problemas psicosociales: baja autoestima, desvalorización y vergüenza, son algunas de las sensaciones más frecuentes que se relevaron entre los internos alojados en lugares de encierro.
“Críticamente uno puede pensar que se trata de jóvenes en estado de postergación que vienen de generaciones de postergación”, señala Grimblat y reflexiona sobre el ingreso en el circuito vicioso de la marginalidad, de la droga, y la delincuencia.
"¿Qué ocurre en la composición subjetiva de un individuo que crece, que vive en esta instancia y que tiene el futuro básicamente tabicado por la contingencia? Cuando un adolescente cae en estos circuitos se va armando un cóctel bastante complejo. Es un proyecto básicamente mortífero”, concluye.
Carlos Sánchez Ortiz, el joven que confesó haber matado al taxista Sergio Oberto, no tenía antecedentes penales y asistía a una escuela nocturna. Sin embargo, fuentes tribunalicias allegadas al caso reconocen que la marginalidad y el acceso a las drogas, provocó el desenlace poco feliz que terminó con la vida del tachero.
Un informe realizado por el Programa Nacional de Educación en Establecimientos Penitenciarios y de Minoridad refleja que “la mayor parte de la población privada de la libertad pertenece a grupos sociales provenientes de sectores altamente desfavorecidos, cuyas condiciones de vida están enmarcadas en una cultura caracterizada por la pobreza, el desempleo, la violencia, las adicciones y la inasistencia sanitaria”.
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