En la Unidad Penitenciaria Nº 1 de Coronda la población carcelaria alcanza a la fecha a 1003 internos. El promedio de edad de los mismos es de 23 años. Según indica el director de la Cárcel de Coronda, Gabriel Zelante, a la juventud se suma la pobreza como característica. “Los internos tienen poca instrucción porque son pobres”, dice para destacar un punto que entiende es clave para saber por qué tienen poca o nula escolaridad la mayor parte de los presos.
Considera que no se puede construir una mirada simplista sobre la criminalidad y creer que sólo la falta de escuela la favorece. “La pobreza trae aparejada la falta de escolaridad”, advierte una vez más. Y aclara que es preciso también en este debate, “no criminalizar la pobreza”.
De la calle a la cárcel. Daniel Medina es al actual director de la Escuela Primaria Nº 2003 que funciona en la Unidad Penitenciaria Nº 3 de Rosario. Desde hace 14 años dicta clases en la cárcel de Riccheri y Zeballos y también trabaja en una escuela nocturna del barrio Las Flores.
El promedio de edad de los 251 internos de este presidio es de 22 años. De esos jóvenes, el 80 por ciento pasó alguna vez por la primaria, otro 10 por ciento tiene serias deficiencias de comprensión y el resto no asistió nunca a un aula. “En general, la mayoría de los 80 alumnos que tenemos en la primaria tiene algún trayecto escolar, pero por la edad es fácil saber cómo impactó en ellos la década del 90 cuando la exclusión social creció”, apunta Medina.
El circuito que describe el docente es bien conocido: los excluidos del sistema escolar “pasan a la calle, se dedican a la esquina, luego entran en conflicto con la ley y de allí a la cárcel”. El director habla también del conflicto que agrega la droga a este drama.
“La mayoría de los internos reconoce que estaría en otro lugar si hubiese estudiado”, añade el docente de la escuela carcelaria.
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