La presidenta encontró ayer en Almagro —en la ya larga saga de discursos tras la crisis con los productores agrarios— su mejor tono. Buscó y logró evitar el uso de recursos retóricos, como la ironía, que forman parte de su repertorio y que tanto incomodan a los oídos sensibles de los hombres del campo y de sectores medios contrarios al proyecto kirchnerista.
Mucho se especuló sobre si Néstor Kirchner iba a pegarle al campo o si tomaría una actitud más conciliadora. Ni lo uno ni lo otro: le dejó la escena a Cristina. Con ese gesto el gobierno espera ahora terminar de sosegar la rebeldía en las rutas y el lock out en la comercialización de granos.
"Sin rencores, sin antagonismos, sin falsas divisiones en el pueblo argentino, todos tenemos una responsabilidad", sintetizó la presidenta en su discurso de sólo 10 minutos.
Cristina volvió a reivindicar el proyecto K de la concertación plural, donde imagina a un PJ integrado a movimientos sociales y organizaciones políticas que no reportan en el partido de Perón y Evita.
Paradójicamente, en un acto de buena convocatoria (más de 20 mil personas), donde se anunció el inicio de la rehabilitación de un aparato partidario convaleciente desde hace más de 20 años, la pareja presidencial volvió a comprobar que con el PJ sólo no hay motivos para soñar un futuro promisorio.
Con excepción de algún sector juveniles que vuelve a darle algo de encarnadura a la mítica Jotapé (ayer se hicieron notar), el resto del peronismo no despega de la fatigosa orgánica del municipio o el sindicato que exhiben, apenas, su clásica logística de movilización pero escaso protagonismo político.
En el nuevo PJ, Kirchner alineó a casi todos. Con las excepciones del gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, y del senador Carlos Reutemann (vocal en la nueva conducción partidaria), que ayer pegaron el faltazo. Entre los santafesinos estuvieron, entre otros, Agustín Rossi y Jorge Obeid (vocales) y Omar Perotti, el único con alto rango partidario pues quedó a cargo de una secretaría.
Con la caída del sol y la inigualable escena de los choripanes humeantes, la barriada suburbana del partido de Tres de Febrero fue juntando gente, banderas, bombos, micros y moderado entusiasmo.
Pocas palabras. Juan Cabandié, hijo de desaparecidos, nacido en la Esma, fue el primer orador. En 8 minutos habló de Evita, de derechos humanos y de justicia social.
Después vino el turno de Hugo Moyano, el jefe de la CGT. Como la presidenta, el camionero se prodigó por encontrar un tono no confrontativo y llamó por enésima vez a los chacareros a que levantan el lock out patronal y los cortes de ruta. Eso sí, no se privó de castigar con dureza a la puesta en escena que hizo el martes pasado un sector mayoritario de la oposición en el Congreso, cuando recibió a dirigentes rurales. "No tuvieron la misma actitud con los trabajadores cuando votaron la ley Banelco", disparó.
Para anteceder el discurso final, que se presumía sería de Néstor, pero terminó siendo de Cristina, hizo su intervención el ascendente Jorge Milton Capitanich, gobernador del Chaco.
Fueron apenas 6 minutos, pero a toda velocidad y cargados de datos, fervor y voltaje escénico. El joven gobernador de 43 años, que ganó las elecciones por unos pocos miles de votos, se está empezando a destacar en el conglomerado kirchnerista. No es un K de origen, pero a fuerza de trabajo y fidelidad con el proyecto llegó a la mesa chica de las decisiones del PJ, junto al ex presidente.
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1.
Antinoticias
15-05-2008 06:34:24 hs
HUMMMM... Rodeados por el Aparato, Rossi incluido, sin las provincias grandes, esto es una estrategia para que ella recobre protagonismo, pero el va a seguir digitando hasta el café que se toma en Balcarce 50
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