Texto completo de la "Conferencia sobre medicalización de la infancia", dictada por Juan Pundik en la sede de Gobierno de la UNR, el 22 de abril de 2008.
Señor Rector Profesor Darío Maiorana, Señora subsecretaria de Derechos Humanos, doctora Mirta Guelman, señores y señoras, estimados amigos todos, así os considero ya que habéis venido a escuchar mis palabras, me habéis invitado a pronunciarlas y me habéis conferido el alto honor de haberme designado Huésped de Honor de vuestra Universidad.
Entrar a una Universidad siempre me produce un estado emocional especial. Muchos de mis mejores años y recuerdos están asociados a mi vida universitaria, a mis estudios, pero sobre todo a mi intensa militancia y a los vínculos consolidados hasta hoy, a pesar de los 10.000 kms de distancia que me separan actualmente de mis amigos, compañeros y colegas, distancia que el milagro de internet permite obviar.
Hace más de 40 años que dejé el ejercicio de la abogacía y elegí el camino del psicoanálisis. Pero nunca abandoné la defensa de los derechos y de la justicia, para lo cual mi formación de abogado me ha sido de inmensa utilidad. Soy el producto de mis psicoanálisis que además de haber preservado mi salud mental han preservado mi salud física, mi vida y la de mi familia, ya que me permitieron la claridad del exilio en España y el no haber desaparecido.
Allí transforme mi militancia y la puse al servicio del psicoanálisis, de la protección de la infancia y de la prevención de su maltrato, con resultados positivos y gratificantes para mí y para todos sus beneficiados. Parte de esta lucha lo ha sido contra la medicalización de la infancia.
La medicalización de la infancia es un problema de primerísimo orden que afecta nuestra salud psíquica, física y moral, nuestra libertad, dignidad y derechos, la ecología, la economía y la democracia. Medicalización es un neologismo que intenta subrayar el exceso de medicación, la medicación inadecuada y/o innecesaria.
Una gran parte de las decisiones de la FDA ( Foods & Drugs Administration deEEUU), de la EMEA (Agencia Europea del Medicamento) y de todas las Agencias Nacionales del Medicamento que siguen sus dictámenes, son antijurídicos, ilegales, y corruptos por estar estas instituciones vendidas a la industria farmacéutica. Por este motivo han tenido que renunciar funcionarios de la FDA , por éso el Senado Norteamericano ha intervenido la FDA , por éso he constituido la Plataforma Internacional contra el Prozac y la medicalización de la infancia, que cuenta ya con cerca de tres mil adhesiones y por éso me he hecho presente en Bruselas ante la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo, a raíz de haber denunciado a la Comisión Europea ante dicho Parlamento por corruptelas, falta de respeto a los sistemas jurídicos democráticos y falta de transparencia. Asimismo he solicitado al Parlamento que intervenga la EMEA (Agencia Europea del Medicamento) e investigue las autorizaciones concedidas a la industria farmacéutica para comercializar sus productos sin investigaciones independientes y por la mera solicitud del laboratorio fabricante y deje sin efecto las que no ofrezcan suficientes garantías.
Mis denuncias fueron motivadas por el dictamen favorable de la Agencia Europea del Medicamento (EMEA) a la solicitud de los laboratorios Lilly a la solicitud de autorización para administrar Prozac (fluoxetina) a menores, a partir de los 8 años, lo cual estaba prohibido tal como consta en el prospecto del propio laboratorio fabricante. Mis razones, alegaciones y solicitudes y los detalles de todo este proceso están descriptos en la documentación que podéis consultar en nuestra página web www.filium.org
Los actos de los laboratorios farmacéuticos y de los responsables de las administraciones sanitarias a nivel mundial, nacional y local, transgreden las legislaciones nacionales de todos los países democráticos y en particular la Convención Internacional de los Derechos del Niño ratificada por todos los estados del mundo salvo dos. Si no bastaran estas alegaciones sumadas a la información de los textos de la Plataforma , podría llegar a escribir un libro sobre la vinculación de estos temas con el derecho. Es un campo para fiscales, abogados y jueces que son los que deben intervenir ante tanta corrupción y violación de las normas y en defensa de los niños que no pueden hacerlo por si mismos, pero también en defensa de sus desorientados y engañados padres, y de la población en su conjunto, cuya vida se está transformando en una vida medicada, como consecuencia de una sociedad de mercado que intenta modificar nuestra condición de sujetos y ciudadanos y transformarnos en meros consumidores pasivos y obedientes, incluso de muchos medicamentos innecesarios, inadecuados y a veces hasta mortíferos.
Ya en los años 50, antes de esta epidemia medicamentosa, un visionario, Iván Ilich escribió: "En los países desarrollados, la obsesión de una salud perfecta se ha convertido en un factor patógeno predominante. El sistema médico, en un mundo impregnado por el ideal instrumental de la ciencia, crea sin cesar nuevas necesidades de asistencia. Cuanto mas grande es la oferta de salud, mayor es la respuesta de la gente apelando a que tienen problemas, necesidades o enfermedades. Cada uno exige que el progreso ponga fin a los sufrimientos del cuerpo, mantenga el mayor tiempo posible el frescor de la juventud y prolongue la vida hasta el infinito. Ni vejez ni dolor ni muerte. " Esto ha conducido a que la mayor amenaza sanitaria ya no sea el cáncer, ni el SIDA, ni la enfermedad de las vacas locas, ni la gripe aviar, sino la industria farmacéutica y las administraciones y organismos sanitarios corruptos que pretenden diagnosticar y medicar nuestros hábitos y comportamientos cotidianos como si fueran trastornos mentales.
El término medicalización constituye un neologismo destinado a subrayar el exceso, inadecuación o sobremedicación al que pretenden someternos. Este proceso se cumple porque hay médicos que lo ejecutan siguiendo indicaciones de la industria farmacéutica que cuenta además con la complicidad de los funcionarios sanitarios que legalizan la administración de esos medicamentos en la infancia y la adolescencia, como los de la Agencia Europea del Medicamento y la FDA de los EEUU. Los datos que me permite denunciarlos, en cambio, están tomados de las más prestigiosas revistas médicas del mundo y de la labor de todos los médicos, que haciendo honor a vuestra profesión, a vuestra condición humana, a vuestros compromisos con vuestros pacientes y con el conjunto de la sociedad, nos brindaís permanentemente con vuestras denuncias la información sin las cuales no podría en este momento estar haciendo estas consideraciones documentadamente. La medicalización de la vida cotidiana y de la infancia también denigra a los propios médicos porque los aparta de lo que debiera ser el auténtico ejercicio de su profesión e intenta transformarlos en agentes de venta de los laboratorios farmacéuticos.
La medicalización de la infancia es un proceso contemporáneo. Actualmente en España, donde no se elaboran muchas estadísticas, se calcula que un 10% de la población infantil podría estar siendo medicada con metilfenidato, antidepresivos, antipsicóticos, antiepilépticos y otras drogas similares. Sin contar con que la OMS advierte permanentemente a las autoridades sanitarias españolas acerca del exceso de consumo de antibióticos y antihistamínicos. Millones de niños "hiperactivos" de generaciones anteriores, sanos, pero que dábamos más trabajo a los adultos por nuestra curiosidad, nuestro interés y la intensidad de nuestra actividad, nos hemos salvado de ser diagnosticados y drogados porque el DSM no apareció hasta 1952.
Según denuncia el British Medical Journal, todos los procesos normales de la vida, nacimiento, envejecimiento, sexualidad, tristeza, infelicidad y muerte, están siendo sometidos a permanente medicación. Este fenómeno es designado como disease mongering, "promoción de enfermedades". El cansancio, el mal humor, la desgana, la falta de concentración, la timidez, la inapetencia sexual, la impaciencia, las dificultades para relacionarse con la gente, internet, las consolas, la playstation, pueden recibir una descripción terminológica médica y ser diagnosticadas como enfermedades para las cuales existe el correspondiente fármaco.
La complejidad de establecer el límite entre lo normal y lo anormal utilizando el DSM, se ha hecho cada vez más difícil y se presta cada vez más a una arbitrariedad diagnóstica peligrosa. Los americanos han declarado "trastorno" la adicción a la computadora, al chat, a la cirugía estética, sin ponerse límites en diagnosticar comportamientos porque se ha constituido en un negocio muy lucrativo del cual forman parte importante los seguros médicos. El mantenimiento y la proliferación de criterios ya no es obra de especialistas, sino de grupos de poder económico que exigen diagnósticos proponiendo además cursos de capacitación para que cualquiera pueda llevarlos a cabo.
Como en los platos de comida de las cartas de los restaurantes chinos, cada una de estas descripciones clasificatorias del DSM, tienen un número. Así, el retraso mental leve es un F70.9, el trastorno de la lectura es un F81.0, el tartamudeo es un F98.5, el trastorno negativista desafiante es un F91.3, el trastorno de ansiedad por separación es un F93.0, la dependencia a la nicotina es un F17.2x, el deseo sexual hipoactivo F52.0, las pesadillas son un F51.9, la simulación es un Z91.1, los problemas religiosos o espirituales son un Z71.8, los trastornos del estado de ánimo no especificado un F39, fingir un trastorno F68.1, los problemas paterno-filiales son Z63.8, los problemas conyugales Z63.0, los de relación entre hermanos los F93.3. Todos estos trastornos tienen tratamiento cognitivo conductual y especialmente medicamentoso.
Os sugiero que antes de discutir con sus familiares, entrar en crisis religiosa, que se le note un tartamudeo o inapetencia sexual, será mejor que os lo penséis, porque corréis el riesgo de que alguien con la biblia DSM en mano esté presto a diagnosticaros, trataros y medicaros. Y si vivierais en USA y os resistierais a que vuestro hijo fuera drogado con metilfenidato, podríais ser privados de la tutela de vuestros hijos. Hay jurisprudencia al respecto. Corremos el riesgo de estar alcanzando Un Mundo Feliz, tal como lo predijera Aldous Huxley.
Aunque en los lenguajes médico, profano y mediático se haga referencia a las categorías diagnósticas como "enfermedades psiquiátricas o mentales", los redactores del DSM han tenido el inteligente cuidado de mantenerse en la menos comprometida denominación de "trastornos mentales".
Autodenominándose el DSM Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, y no existiendo definición precisa de este concepto, sus autores establecieron la siguiente: "Un trastorno mental es un síndrome o un patrón comportamental psicológico de significación clínica que aparece asociado a un malestar, a una discapacidad o a un riesgo significativamente aumentado de morir, sufrir dolor, discapacidad o pérdida de libertad". Pero paradójicamente es la aplicación del DSM la que está actualmente poniendo en riesgo la libertad del sujeto y su derecho al malestar. Por ejemplo su derecho a deprimirse como parte del proceso normal para elaborar una pérdida o a distraerse y no prestar atención en el colegio cuando se siente afectado por una situación conflictiva que lo que requiere es escucha, desciframiento y resolución, y no medicación. Es justamente su aplicación la que aumenta el riesgo de sufrir, quedar incapacitado o morir.
Anna Bielsa, presidenta de la Societat Catalana de Psiquiatría Infantil envió una airada respuesta a la entrevista que me hiciera La Vanguardia de Barcelona intentando "proteger a los padres de niños con enfermedades psiquiátricas". Preocupado por mi ignorancia terminológica, recurrí al diccionario Espasa de Medicina publicado por la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra, donde encontré que define la enfermedad como "Alteración patológica de uno o varios órganos, que da lugar a un conjunto de síntomas característicos". La lectura me tranquilizó porque ni en el TDAH, ni en la depresión, ni en el trastorno bipolar hay patología orgánica o funcional constatada.
Actualmente 2,3 millones de adolescentes norteamericanos consumen metilfenidato y benzodiacepinas. En el Reino Unido se ha pasado de 3.000 niños tratados con metilfenidato en 1993 a 220.000 en 2002. En España el consumo de antidepresivos a cargo de la Seguridad Social ha pasado de 7.285.182 envases en 1994 a 21.238.858 envases en 2003. En 2005 los medicamentos más consumidos han sido psicofármacos.
En 1990 había menos de un millón de diagnósticos de hiperactividad entre los niños de los Estados Unidos. Actualmente hay más de cinco millones. Entre 1991 y 2003, el número de prescripciones de anfetaminas a los niños aumentó un 500%. Entre 1995-96 y 2001-2002, la prescripción de antipsicóticos a los niños se ha multiplicado por cinco, alcanzando 5,7 millones de prescripciones, el 53% de ellas fueron recetadas para problemas de comportamiento o problemas afectivos.
El prospecto del metilfenidato o Ritalina indica como posibles efectos secundarios: sequedad de boca, vértigo, dolor de cabeza, insomnio, náuseas, nerviosismo, palpitaciones, reacciones cutáneas y alteraciones de la presión arterial. Según algunos estudios, puede llegar a producir la muerte súbita del niño. Un dechado de virtudes. El mismo prospecto indica que no debe administrarse a niños menores de 6 años y advierte a su vez de que su uso puede generar dependencia de tipo anfetamínico. El metilfenidato, inhibidor selectivo de la recaptación de dopamina, noradrenalina y serotonina , está considerado como una de las drogas más adictivas. La página web de la Agencia Antidroga Norteamericana (DEA) indica que las reacciones a la cocaína, anfetamina y metilfenidato cuando se administran de la misma manera a dosis comparables producen efectos casi idénticos. Los científicos críticos con los enfoques del TDAH, lo denominan cocaína pediátrica.
En un artículo titulado Cometiendo un asesinato, Fred Baughman informó que la Universidad del William B. Carey de Pennsylvania demostró que lo que se describe como TDAH es un juego de variaciones conductuales normales sin validez diagnóstica alguna y que una serie de estudios realizados con Resonancia Magnética indicaron que el "tratamiento" con Ritalin y otras anfetaminas estaba provocando atrofias cerebrales y que el TDAH no constituye enfermedad desde un criterio médico. Baughman envió una carta a la entonces Fiscal General de Estados Unidos, Janet Reno, denunciando que el Déficit de Atención y Desorden de Hiperactividad (TDAH) se había constituido en el mayor fraude que se hubiera cometido en el cuidado de la salud de la infancia en la historia americana, al ser diagnosticado como si fuera una enfermedad real y estar conduciendo a la drogadicción a millones de niños normales. El TDAH es un enorme negocio para las farmacéuticas. El valor bruto de la producción anual de metilfedinato en 2005 se ha multiplicado al menos diecisiete veces comparado con el correspondiente a 1990, pasando en ese período de menos de 2 toneladas anuales, a más de 30.
El National Center on Addiction and Substance Abuse de los Estados Unidos emitió un informe según el cual 15 millones de norteamericanos estaban tomando medicamentos analgésicos y drogas psiquiátricas tales como Xana-x, Ritalin y Adderall, abusando de estas drogas más que de la cocaína, la heroína y las metanfetaminas combinadas, y que 2,3 millones de adolescentes hacían lo mismo. El informe concluyó que el abuso en la adolescencia de estas drogas médicamente prescriptas, producía 12 veces más probabilidades de consumir heroína, 14 veces más de consumir éxtasis y 21 veces más de consumir cocaína.
Peter R. Breggin, médico psiquiatra de Harvard y Director del Centro Internacional para el Estudio de Psiquiatría y Psicología (ICSPP) ha denunciado que: 'Millones de niños en Norteamérica son diagnosticados con trastornos de Déficit de Atención e Hiperactividad y tratados con psicoestimulantes como el metilfenidato, la dextroanfetamina y la metanfetamina, que producen una continua toxicidad en el sistema nervioso central que empieza con un aumento de energía, hiperatención y sobrefocalización en las actividades de la repetición y progresa hacia actividades obsesivo-compulsivas o perseverativas, insomnio, agitación, hipomanías, manías y ataques. También producen apatía, retiro social, depresión emocional, docilidad, abandono físico, rechazo, dependencia, inhiben el crecimiento y producen diversos trastornos cerebrales, algunos de los cuales pueden volverse irreversibles. Breggin ha denunciado ante el Congreso de los Estados Unidos sobre los efectos del Ritalin y ha apoyado con su testimonio científico las demandas de padres que consideran responsable de la muerte de sus hijos a este medicamento. www.ritalindeath.com es una web que fue creada por sus padres en memoria de los niños que han muerto como consecuencia del uso de drogas para tratar el Desorden de Déficit de Atención e Hiperactividad, y de las muchas familias que quedaron abandonados a sus sufrimientos sin encontrar responsables.
La FDA ha informado que en 2005 los médicos extendieron 31 millones de recetas de Ritalin (Rubifen) a 2,5 millones de niños y 1,5 millones de adultos, provocando la muerte de 25 personas. Hay colegios que exigen a los padres que soliciten el medicamento bajo amenaza de echar a los niños. La Cámara de Representantes ha aprobado un proyecto de ley para prohibir este inmoral procedimiento, proyecto que se está actualmente tramitando en el Senado.
En la información que ofrecen los laboratorios fabricantes de fluoxetina, se advierte acerca de las posibles reacciones adversas que su ingestión puede producir y que son las siguientes: ansiedad, nerviosismo, insomnio, somnolencia, astenia, temblor, sudoración, anorexia, náuseas, diarrea, mareo, cefalea, sequedad de boca, dispepsia, vómitos, síncope, arritmia cardíaca, anomalías en las pruebas de función hepática, hipo e hipertiroidismo, aumento del tiempo de hemorragia, síndrome cerebral agudo, convulsiones, prurito, urticaria, reacción anafilactoide, vasculitis, síndrome neuroléptico maligno, fotosensibilidad, secreción inadecuada de hormona antidiurética, equimosis, reacciones maniacas, alteraciones del sueño, de la concentración o del pensamiento, problemas miccionales, priapismo, disfunción sexual, alopecia, visión borrosa y midriasis. Con posterioridad a su autorización, la FDA ha advertido acerca de la posibilidad de que la fluoxetina pueda aumentar conductas suicidas en niños y adolescentes.
La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) fijó su posición el 29 de junio de 2004 en una nota informativa en la que se hacía constar que aunque ninguno de los ISRS disponibles en España tiene aprobada la indicación en el tratamiento de la depresión en niños y adolescentes, los datos disponibles sugieren que estos medicamentos son prescritos a este grupo de población'. 'Los datos disponibles no avalan el uso de estos medicamentos para menores de 18 años para el tratamiento de la depresión en niños y adolescentes, por lo que la AEMPS considera necesario recordar que los ISRS no deben ser utilizados en este grupo de población". Esta indicación no respetada por una gran mayoría de médicos que han prescrito ISRS a niños y adolescentes, queda ahora derogada por el nuevo dictamen de la EMEA que será ejecutado sin rechistar por las agencias nacionales, sin que haya mediado ninguna investigación cuyos resultados pudieran haber hecho cambiar la decisión del 2004. Muy por el contrario, las autoridades sanitarias británicas han insistido en prohibir la prescripción de ISRS a menores de 18 años.
Los estados depresivos pretenden ser reducidos a desórdenes químicos, criterio del cual el medicamento es inseparable. El medicamento puede o no suprimir el síntoma depresivo. Cuando lo consigue, es probable que condene al sujeto a vivir toda su vida drogado, sometido a su poder adictivo y a sus minusvalidantes efectos secundarios. Lo que no conseguirá es que el sujeto descubra la causa y cumpla el proceso depresivo que el duelo exige para permitirle desprenderse afectivamente de los objetos perdidos y quedar así con capacidad para poder libidinizar nuevos objetos.
A pesar de la carencia de datos sobre su seguridad y eficacia, cada año se prescriben en Estados Unidos más de 500.000 recetas de estos inhibidores de la serotonina a niños y adolescentes. El 57% de los pediatras encuestados reconoció haber recetado este tipo de fármaco para diagnósticos distintos a la depresión tales como el desorden de hiperactividad con déficit de atención, desorden obsesivo compulsivo, desorden de conducta, agresividad y enuresis.
Los medicamentos más vendidos actualmente en USA incluyen antipsicóticos como la risperidona, la quetiapina, la olanzapina, el aripiprazol y la ziprasidona, y actualmente son prescriptas a más de medio millón de niños, con la justificación de ayudar a sus padres a manejar problemas de comportamiento, a pesar de sus riesgos y de que no han sido aprobadas para ser usadas en menores.
El malestar del ser humano es señal de alarma de su psiquismo de que hay algo de lo emocional que debe afrontar y resolver y que se manifiesta como ansiedad, depresión, angustia y estrés en sus diferentes denominaciones y que es lo que puede provocar disminución de la presencia activa de dopamina, de noradrenalina o de serotonina, ésta última un regulador de una extensa gama de funciones psíquicas y orgánicas que influye en el sueño, en los estados de ánimo, las emociones, los estados depresivos, todo tipo de desequilibrios mentales, el funcionamiento vascular, el de las vísceras y los músculos, la frecuencia del latido cardíaco y regula la secreción de hormonas como los estrógenos, testosterona y la del crecimiento. Se ignora qué consecuencias puede acarrear su ingestión en la pubertad, en el crecimiento y las manifestaciones del desarollo sexual. La Comisión Europea reconoce que hasta un 90 por ciento de todos los fármacos autorizados nunca han sido evaluados para su consumo infantil, lo cual corrobora la realidad de que los niños no participan en los ensayos previos a la comercialización. Sin embargo, una vez en el mercado, éstos se administran en la infancia sin prever las mayores y riesgosas reacciones adversas que puedan llegar a provocar en sujetos tan diferentes a los adultos.
La propuesta que hacemos es escuchar al sujeto, descifrar las causas de la ansiedad, angustia, depresión o estrés y dirigirlo a su elaboración y resolución. Intentar resolverlo recetando ISRS es como intentar eliminar el miedo con un inhibidor de adrenalina. El TDAH no es una entidad nosológica, es una descripción de conductas. No existe prueba alguna de que los niveles de serotonina, dopamina o noradrenalina tengan relación con esas conductas ni que el metilfenidato las mejore.
En lugar de lo que para el psicoanálisis es el sujeto, con su particular relación al deseo, al goce y a sus objetos, el DSM establece una clínica de los trastornos y la pone en manos de profesionales a los que se les concede autorización para decidir cuáles de nuestras ideas o conductas deben ser rotuladas, diagnosticadas, tratadas, medicadas e incluso drogadas. El sistema democrático tan trabajosamente conquistado, corre el riesgo de estar dando paso, muy veladamente, a un nuevo tipo de estado totalitario que pretende clasificarnos en adicto, angustiado, depresivo, fóbico, anoréxica, bulímica, atacado de pánico, bipolar, asmático, epiléptico, hiperactivo, etc., borrando así de un plumazo todos los derechos y libertades individuales por cuya consecución han luchado e incluso sacrificado sus vidas generaciones enteras de seres humanos que sentaron las bases de la sociedad en la que vivimos.
El Director de la Oficina de Seguridad de los Fármacos de los Estados Unidos, David Graham, ha denunciado la intimidación de la que ha sido objeto por sus informes negativos respecto a ciertos medicamentos, como el antiinflamatorio Vioxx, que ha sido consumido por millones de personas, al que le atribuyeron 30.000 muertes y 139.000 pacientes a los que ha producido afecciones coronarias hasta que Merck-Sharp & Dome retirara el producto del mercado. Las demandas de indemnizaciones contra el fabricante ascienden a más de quince mil millones de euros sólo en Estados Unidos y ya se han producido sentencias que obligan a la farmacéutica a pagar indemnizaciones millonarias a sus víctimas y sus deudos.
Nunca más oportunas las palabras de Ayn Rand, autora de la novela Atlas Shrugged, traducida al español como La rebelión de Atlas, una suerte de anticipo de lo que nos está pasando: 'Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias mas que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad esta condenada".
En abril de 2002, el gobierno norteamericano nombró una comisión de expertos, la "New Freedom Comisión on Mental Health (NFC), "con la misión de investigar la situación de la salud mental en el país. Su diagnóstico fue sin ambages: "del 5 al 9% de los niños sufren un problema emocional agudo" – lo que representaría mas de 4.000.000 de niños de menos de 14 años. El informe recomendaba un examen médico preventivo sistemático en los colegios y fue puesto en marcha por el plan de salud mental de julio de 2004. Un programa basado sobre el modelo creado por la universidad de Columbia y bautizado "Teen screen", rastrea en los alumnos señales de alerta de seis enfermedades mentales (fobia social, ataques de pánico, estado de ansiedad generalizado, depresión mayor, abuso de alcohol y de drogas, impulsos suicidas). A finales de 2005 se contaban 460 aplicaciones de test en 42 estados. Los lazos entre los promotores del programa y los laboratorios farmacéuticos eran muy estrechos. Muchos piensan que esos chequeos preventivos son operaciones esponsorizadas por los laboratorios farmacéuticos con vistas a construir el mercado de psicotropos en la infancia.
El test "Teen screen", destinado a los niños a partir de los nueve años, se presenta bajo la forma de un cuestionario con catorce preguntas que deben ser respondidas en diez minutos y seguido de una entrevista. Entre las preguntas planteadas encontramos: "Durante los últimos tres meses, ¿te has sentido a menudo muy nervioso (a) cuando debías hacer algo delante de otras personas?" ó "Has sentido que no podías hacer nada correctamente o que eras menos guapo (a) o inteligente que los demás?"o incluso, "¿Con qué frecuencia tus padres se han sentido molestos o preocupados a causa de lo que sentías o del modo en que te comportabas?". Al principio Teen screen era aplicado sin la autorización paterna. Ante el aumento de las protestas suscitadas por esta práctica, se empezó a exigir el consentimiento paterno. En 2005, 55.000 niños fueron testados en 42 estados. El caso de Chelsea Rhodes, 15 años, ha alimentado la crónica judicial. La niña, testada sin el acuerdo de sus padres, fue diagnosticada de sufrir TOC y trastorno ansioso social después de haber respondido que no le gustaban mucho las fiestas y que prefería hacer la limpieza.
La fiscalizadora FDA está siendo fiscalizada por varias comisiones del Senado que investigan su eficacia. El escándalo provocado por los efectos secundarios graves de medicamentos a los que ha tenido que cancelar la autorización concedida, prohibir su comercialización y exigir su retirada del mercado, como han sido los casos del Vioxx (Merck, Sharp & Dome), del Cholstat (Bayer), del Redux y del Ponderal (Servier), confirma la denuncia del doctor Graham, hace sospechosa la "irresponsabilidad" de su superior, el doctor Galson, pero ratifica además la afirmación inicial del primero, de que la FDA es incapaz de proteger a los Estados Unidos de la desidia y voracidad de la industria farmacéutica. ¿Serán capaces las administraciones sanitarias de nuestros países de protegernos de esa desidia y esa voracidad?, ¿será capaz la Agencia Española del Medicamento de protegernos de esos riesgos?
Ya en el siglo pasado, un médico ilustre, Michael Balint, escribía que "el principal medicamento que un médico receta es a sí mismo".Son minoría los médicos que continúan otorgándole valor a esa aseveración. Por la misma época Aldous Huxley, con una visión de futuro quizás más realista, anticipando la deshumanizada sociedad que ya se perfilaba, escribía que "la medicina había avanzado tanto que ya nadie sería considerado sano". Confirmando este lamentable pronóstico, a principios del siglo XX un médico francés llamado Knock pregonaba que "toda persona sana es un enfermo que ignora que lo es".
Los seres humanos, lógicamente, no queremos envejecer ni asumir la inevitable disminución de facultades que el avance de la edad trae aparejadas. Por ello, cual modernos Ponces de León, somos fáciles candidatos a que nos timen ofreciéndonos pócimas de eterna juventud. Al precio del mismo riesgo en el que incurrió el conquistador español, y descubridor de lo que hoy es la península de Florida, en los Estados Unidos, Juan Ponce de León, que en su aventurera búsqueda de la fuente de la eterna juventud encontró prematuramente la muerte que le produjo la flecha de un indígena. Que nos sirva de lección.
En junio del 2006 los medios informaron del dictamen favorable de la EMEA Agencia Europea del Medicamento para administrar Prozac en la infancia, lo cual hasta ese momento estaba prohibido. Procedí entonces a la constitución de la Plataforma Internacional contra el Prozac y la medicalización de la infancia. Con las primeras 50 adhesiones que recibí en respuesta a mi convocatoria envié la primera carta al Presidente de la Comisión Europea Juan Manuel Durao Barroso. Al no obtener respuesta alguna reiteré el texto en julio, agosto, setiembre, octubre y noviembre. En noviembre recibí respuesta a través de Martín Terberger, Jefe de la Unidad de Productos Farmacéuticos de la Dirección General de Industria y Comercio de la Comisión Europea justificando la legalidad y validez científica del dictamen de EMEA. Existiendo una Dirección General de Salud Pública esa respuesta y evaluando las argumentaciones y reglamentaciones alegadas me parecieron que constituían un ejemplo de corruptela y falta de transparencia de la Comisión Europea. Así lo denuncié al Presidente del Parlamento Europeo Joseph Borrell. Este abrió a trámite la denuncia y la derivó a la Comisión de Peticiones con nº de expediente 761/2006. Dicha Comisión citó a una audiencia de explicaciones y alegaciones, a la Comisión Europea , a los europarlamentarios y a mí, para el día 22 de noviembre de 2006 en Bruselas, en el hemiciclo de la Comisión.
Lo que solicité al Parlamento fue que:
1º. Vete o derogue la Decisión C (2006) 3842 que autoriza la administración de Prozac (fluoxetina) a niños y adolescentes menores de 18 años concedida por la mera petición del fabricante del producto, los Laboratorios Lilly.
2º. Derogue el artículo 6 del Reglamento de la Comisión Europea que permite un funcionamiento anómalo y ajeno a nuestro orden y tradiciones jurídicas, como lo es el delegar en el solicitante de la autorización la investigación sobre los beneficios de la medicación por él producida, de sus contraindicaciones y posibles efectos adversos.
3º. Abra una investigación sobre la validez científica de las autorizaciones concedidas por la EMEA a los productos medicinales mediante este aberrante procedimiento.
4º. Establezca un ordenamiento jurídico transparente mediante el cual las autorizaciones para la administración de las sustancias medicinales se concedan mediante estudios, pruebas e investigaciones realizadas por organismos que sean garantía de independencia de la industria farmacéutica.
El Presidente agradeció mi comparecencia y mi intervención y me informó que mantendría abierta la investigación y solicitaría información ampliatoria. Varios europarlamentarios, representantes de organizaciones acreditadas y de la prensa, se acercaron para felicitarme por mi denuncia, y para pedirme los textos de mi documentación y mis libros sobre el tema.
Esta inédita experiencia me permitió adquirir el conocimiento de que hay un amplio margen y posibilidades para la militancia política en los organismos de la Unión Europea que son desconocidos e infrautilizados por sus ciudadanos, y que debemos tenerlos en cuenta en nuestros objetivos, porque son más accesibles y democráticos que los organismos de nuestros gobiernos nacionales y a continuación se desencadenó un desbordante proceso de adhesiones, apoyos, colaboraciones y envíos de documentación desde todos los rincones del planeta que actualmente se acercan a las 3.000.
Hemos recibido comunicaciones tanto de la Secretaría de la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo como de europarlamentarios de que el procedimiento de denuncia, contra la Comisión Europea por corruptela y falta de transparencia, se mantiene abierto y continúa. Estamos intentando llevar adelante la Plataforma como una organización colectiva espontánea descentralizada de la que cada uno y cada una os constituyáis en portavoces de esta lucha contra la medicalización de la infancia y de la vida cotidiana. Hemos recibido ideas, propuestas y ofrecimientos. En distintas ciudades del mundo se están organizando actividades dedicadas al tema. Se están promoviendo conferencias y Mesas Redondas, se han publicado artículos, y reportajes y los textos han sido colgados en más de 200 blogs y páginas web. Somos y podemos más de lo que creemos. Si os mantenéis atentos a la información de los medios verificareis que estamos consiguiendo generar una opinión pública internacional en contra de la abusiva administración no solo de fluoxetina, sino también de paroxetina, de metilfenidato, de antipsicóticos y antiepilépticos en la infancia. Continuan llegando todos los días adhesiones con palabras de aliento, información y proyectos de actividades. Ya circulan por la red traducciones de los textos de la Plataforma en francés, inglés, italiano, portugués, ruso, danés, hebreo, búlgaro, catalán y euskera.
La lucha de la Plataforma debe continuar hasta conseguir que la administración de medicamentos se adecue equilibradamente a las estrictas necesidades del paciente, con precaución por los posibles riesgos de los afectos adversos. Que su autorización este garantizada por investigaciones y pruebas efectuadas por organismos competentes, libres de toda sospecha de connivencia con la industria farmacéutica. Que la medicación se prescriba en caso de enfermedad y no para compensar los inevitables desequilibrios en los estados de ánimo y comportamientos que inevitablemente produce la vida cotidiana y que requieren abordajes distintos a los medicamentosos. Que se sancione y erradique la corrupción alimentada por la industria farmacéutica. Están abiertos los caminos en todas las direcciones. En la dimensión de lo local, en relación a colegios, hospitales, colectivos profesionales y de cualquier otro tipo, ante organismos oficiales como ayuntamientos y otros, ante autoridades nacionales, como ministerios, diputados, senadores e incluso organismos internacionales. Tenemos que llevar adelante la Plataforma como una organización de la que cada uno y cada una seáis voceros de esta lucha política contra esta dramática medicalización de la infancia y de la vida cotidiana. Nuestra campaña no cuestiona a los médicos ni a la medicina sino a los que desvirtúan y transgreden los propios juramentos hipocráticos.
Recuerdo la historia de un niño inglés que a comienzos del siglo pasado no soportaba estar quieto en clase, se levantaba del asiento y se escapaba a correr por los jardines del colegio, no solía atender demasiado a sus profesores, no se sometía muy pacíficamente a sus indicaciones y no solía cumplir muy disciplinadamente con sus tareas escolares. De adulto su lucidez, su entereza y su valentía nos salvó a todos de perecer bajo las garras del nazismo. Se llamaba Winston Churchill. Gracias por habernos salvado y haber liderado el camino de la democracia en el mundo. Tuvimos la inmensa fortuna de que en su época no hubieran inventado aún el metilfenidato.
La medicalización de la infancia es un problema político de primer orden que requiere una respuesta política. En la era del neoliberalismo y de la globalización, la política y la militancia han entrado en un proceso, de cambios y transformaciones, para los que no nos sirven los modelos clásicos del siglo pasado. Al menos no en la Unión Europea. Ya no cabe la lucha destinada a intentar subvertir el orden institucional vigente. Las instituciones y las leyes nos valen. Y cuando no nos valen, las propias leyes e instituciones tienen establecidos los procedimientos para poder modificarlas dentro del mismo orden establecido. La globalización no es ni buena ni mala es el modo como la sociedad se va a desarrollar en el futuro próximo. El problema es el cómo, en qué dirección se va a desarrollar. Independientemente de los gobiernos de turno, el poder está en manos del neoliberalismo, una concepción ideológica economicista para la cual no hay sociedades, ni naciones, ni pueblos, ni tradiciones, ni culturas, ni humanidad, ni sujeto. Solo existe el mercado, y para imponer sus "leyes" todos los medios son "lícitos". Ese neoliberalismo es el que orienta las políticas de la industria farmacéutica. Por eso esta lucha es política, y por eso este es un discurso político, cuyo objetivo es fortalecer a un movimiento ciudadano que pretende conseguir que no se drogue a los niños con fluoxetina, ni tampoco con paroxetina, ni con metilfenidato, ni con ninguna sustancia que pueda producirles más riesgos y más reacciones adversas que beneficios comprobados.
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