Un día después de que el humo por la quema de pastizales provocara el choque de 15 vehículos sobre la autopista a Capital, la traza siguió siendo un infierno. Por precaución, Gendarmería cortó la ruta 9 a las 19.30 del miércoles y recién comenzó a liberarla parcialmente a las 12 de ayer. Una fila de 12 kilómetros de camiones, autos y colectivos aguardó durante toda la noche y el viaje fue un calvario.
Bronca, cansancio, hambre y sed. Los choferes que debían llegar a Buenos Aires veían cada vez más difícil la situación. Resignados, caminaban por la banquina mientras esperaban que los policías levantaran el corte. "Escuché en la radio que no estaba cortada la autopista, por eso me lancé", explicó un hombre que salía de un auto rojo. Iba a trabajar a Buenos Aires y hacía una hora que esperaba que la fila de camiones se moviera.
"Hace 25 años que manejo un camión y nunca me pasó esto", relató Sergio Golltz, quien pasó toda la noche del miércoles en la autopista esperando que se habilitara la ruta. Ayer, apostado a un lado del camino, se armaba de paciencia. Era a la altura de San Pedro. "Yo comprendo que corten la ruta si hay niebla y humo, y esta mañana había; pero cuando se despeja todo, no lo entiendo", se quejó a la una del mediodía, cuando el sol brillaba y el humo apenas se divisaba en el horizonte. A esa hora, según los datos del Servicio Meteorológico Nacional, la visibilidad había pasado de 6 a 9 kilómetros.
Los cortes se dispusieron a las 19.30 del miércoles. A las 11 de la mañana de ayer, la fila de vehículos detenidos comenzaba a la altura de la planta de General Motors y terminaba en el peaje de General Lagos.
Algunos vehículos particulares se aventuraban por la banquina, pero todos llegaban al mismo punto. En el peaje no había más opción que detenerse y esperar.
Los colectivos, escasos porque muy pocos salieron de la Terminal de Rosario antes del mediodía, cuando se abrió el peaje optaron por tomar la ruta que va hacia Pergamino, aunque eso supondría tal vez una hora más de viaje hacia Capital.
Al mediodía, cuando ni la neblina ni el humo eran excusas para impedir la circulación, los policías se comunicaban frenéticamente con los superiores para ver si levantaban el corte. Algunos camioneros habían desplegado sillas y hasta una mesa con comida. Eran privilegiados frente a otros que no contaban más que con un sándwich en el estómago engullido la noche anterior.
En San Pedro los choferes se bajaron de los camiones para pedir explicaciones, porque mientras el camino de Rosario a Buenos Aires estaba cortado, los autos que viajaban hacia Rosario desde Capital lo hacían con normalidad.
Oscar Salapata se reía irónico con otros camioneros. Había salido de Rosario a las 9 de la noche del miércoles y todavía esperaba en la ruta.
René Belichozz también estaba parado en la banquina. "No entiendo este corte", se quejaba y los policías sólo tenían una respuesta: "No es culpa nuestra, la orden baja del Ministerio del Interior". Es más, ninguno supo explicar con certeza si más adelante había más focos de humo, una presencia que parece no querer dejar de dominar la zona y que ahora también inquieta a los porteños.
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