30-03-08 |
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Por una transición pacífica en Cuba

   —Usted viene de participar en una reunión de los democristianos latinoamericanos sobre Cuba. Hubo un cambio de turno en Cuba, todo el mundo habla de transición, se percibe el deseo de apertura entre los cubanos. ¿Qué perspectivas le ve a la era post Fidel y a esta esperada apertura?

   —Lo que veo es un pueblo cubano que es el actor principal de cualquier cosa que vaya a suceder y creo que está reacionando con mucha esperanza y ánimo ante esta oportunidad que se le presenta. Pero en esa reunión que menciona escuchamos a los cubanos, por teléfono y a los que pudieron viajar, y se los siente escépticos. Fueron tantos años de dictadura que no se ve una esperanza desbordada. Sin embargo, ese séptimo sentido que todos tenemos me hace pensar que el pueblo cubano va a hacer la transición y no habrá quien lo detenga. Y a la vez creo que lo más inteligente de quienes hoy están gobernando la isla, Raúl y su grupo, es ir a una transición pactada. Es lo mejor para Cuba. Repito: los cubanos tienen que dirigir la transición y los gobernantes actuales no deben resistirla y comenzar pronto a dar señales. Y el resto del mundo, todos, debemos acompañar al pueblo cubano, sin interferencias, sin pretender marcarle el rumbo. Nuestra tarea es removerles obstáculos, que haya guías de salida hacia un modelo fincado en la democracia y la libertad. Creo que tienen que llegar señales pronto, como la liberación de los presos politicos y la libertad de tránsito para los cubanos.

   —Pero la realidad indica otra cosa. Se dice que en La Habana la semana pasada se frenó la organización de un debate sobre el libre ingreso y egreso de los cubanos.

   —Creo que tenemos que hablar de transición, y esto significa pasar de un estadio actual a otro estadio, construir un puente entre el hoy el mañana. Para que ese tránsito sea pacífico y estable debe darse su tiempo. No es conveniente apresurar las cosas: transición es la palabra estratégica en este caso. En cuanto a EEUU, siempre he estado contra el embargo. Es un obstáculo para la transición. Si EEUU quita el embargo y promueve incentivos a la transición, es lo mejor que puede suceder. Sin interferir ni violar la soberanía, ni pretender imponer modelos a los cubanos. Me tocó escuchar a Oswaldo Payá y Marcelino Miyares (dos dirigentes cubanos democristianos): son líderes que conocen bien la situación y saben bien a dónde hay que ir y cómo llegar a ese objetivo. El destino de Cuba está en excelentes manos con estos dirigentes. Es más confuso el caso del exilio de Miami: allí hay quienes quisieran acabar con todo para regresar a sus viejas prebendas, pero hay otros que, con gran inteligencia y amor a su país, están impulsando prudentemente la transición. Confío mucho en que esta transición se dará en buenos términos, con estabilidad y paz social.

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