22-03-08 | Marita Zurbriggen (*)
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Desde cada aula, un llamado a la memoria y a la justicia

Foto diseñada sobre invitación a la muestra Autores Ideológicos, en el Museo de la Memoria. (Foto: E. Rodriguez)

Durante todos estos años hemos trabajado junto a docentes y alumnos por desarmar ese pasado siniestro que muchos intentaron congelar con expresiones tales como “ya pasó” o “miremos para adelante”. Lo hicimos porque creemos que como sujetos, como ciudadanos, como colectivo somos hoy el resultado de esta historia que nos atraviesa, que es identidad, rescate, deseo y acción. Una historia que conjuga rabia y resistencia a la vez; que es memoria, que recuerda, evoca, sufre, goza y actualiza.

A treinta y dos años del golpe genocida, nos planteamos recuperar nuestra historia para seguir exigiendo desde cada aula verdad y justicia. Recuperarla es transitar un recorrido como sindicato por nuestro propio trabajo, mediante la construcción de una política de la memoria. Política que se tradujo en diferentes acciones y producciones: desde aquel emprendimiento en 1995 con “Los chicos tienen la palabra”, pasando por revistas, cuadernos de educación, actos, conmemoraciones, producciones digitales hasta la recuperación de las historias de los treinta y tres docentes asesinados y desaparecidos por la dictadura junto con el concurso “Porfiada memoria”. Un recorrido que encierra vivencias, charlas y experiencias, marchas y contramarchas, debates y contradicciones, clases alusivas con alumnos a veces no aludidos, miedos y emociones, porque la memoria es recuerdo y nosotros parte de ese recuerdo.

Un aporte

Creemos que es vital y central como educadores seguir preguntándonos acerca de qué enseñamos cuando enseñamos temas referidos a la historia del pasado reciente. Y a la vez cuál es el sentido que cobra dicha enseñanza. Coincidimos con Federico Lorenz que nuestro trabajo es una acto de intervención política, porque no es azaroso ni ingenuo y porque además desde ese acto-acción actuamos sobre una realidad que intentamos modificar. “El docente, al desarrollar su tarea, enfrenta una multiplicidad de perspectivas a diario. Un aula es un pequeño mundo, una muestra parcial de la disparidad de miradas sociales sobre un tema. Y si esto ya es visible en relación con temas más antiguos, desde el punto de vista histórico cuando se trata del pasado reciente, la complejidad cobra una dimensión mucho más importante” (Lorenz, 2006).

Pero además nuestra mirada debe estar centrada en el presente y desde ese presente —el nuestro y especialmente el de nuestros alumnos— es que debemos interpelar ese pasado. Es fundamental, tener en cuenta aquellos temas que son motivo de preocupación de las niñas, los niños y jóvenes, y que, a la vez, nos permiten abordar cuestiones de la historia del pasado reciente.

Vaya entonces este aporte para que como trabajadoras y trabajadores de la educación, desde nuestra tarea cotidiana, apostemos a la distribución equitativa del conocimiento, al ejercicio de prácticas de derecho, participación y ciudadanía para contribuir a la formación de niñas, niños y jóvenes con plena conciencia. También para que cuenten con herramientas para proyectar otro país posible, donde la dignidad de las personas no sea un reclamo sino la posibilidad concreta de todos los hombres y mujeres que habitan este suelo.

(*) Secretaria de Derechos Humanos de Amsafé provincial

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