Miles de paraguayos cerraron rutas y protestaron ayer frente a hospitales estatales para exigir ser
inmunizados contra la fiebre amarilla, en medio de un brote de la enfermedad que habría provocado
ocho muertos, aunque fuentes oficiales afirman que son cuatro las víctimas.
Desde que fueron confirmados los primeros casos a comienzos de febrero,
los paraguayos colmaron los centros de salud para ser vacunados, pero la demanda se intensificó
tras la aparición de decenas de pacientes sospechosos en el área que rodea Asunción.
Imágenes de televisión mostraron cómo cientos de personas intentaban
derribar un portón para ingresar a un centro de vacunación en la ciudad de Luque, una localidad
aledaña a la capital y considerada foco de la enfermedad.
Queremos vacunas. “Queremos vacunas”, gritaban frente a la entrada del edificio
resguardado por policías antimotines, mientras otros saltaban las murallas burlando el control, en
medio de un clima de tensión pocas veces visto en estas circunstancias.
En Villa Elisa, ciudad cercana a la capital, los pobladores cerraron una
ruta y quemaron cubiertas luego de aguardar durante horas a pleno sol para ser atendidos.
Incidentes similares se registraron también en el municipio de San Lorenzo.
“Quiero dar tranquilidad a la población, vamos a vacunar”,
afirmó el ministro de Salud, Oscar Martínez Doldán.
El ministerio dijo que de siete casos sospechosos de muertes que se
manejaban en principio, tres fueron descartados y los restantes cuatro son considerados probables.
Existen otros seis enfermos comprobados y 33 casos posibles del mal, que
transmite la picadura de mosquitos.
“Controlamos las zonas de riesgo e iniciamos trabajos especiales
con municipalidades, efectivos militares, bomberos y policías para continuar con el bloqueo”,
agregó Martínez.
Paraguay recibió casi un millón de dosis de vacunas de Brasil y Perú,
esperaba ayer cien mil dosis de Venezuela y 400 mil de un fondo de la Organización Panamericana de
la Salud (OPS).
El gobierno, que declaró estado de emergencia la semana pasada, dijo que
aplicaron más de 200 mil dosis en áreas de riesgo e hizo un llamado a la calma, en medio de fuertes
críticas por el manejo del tema.
“Que el presidente venga a formar la fila con la gente, a ver qué
siente. Estamos esperando desde hace horas en el sol, en medio de mosquitos y no llegan las
vacunas”, dijo una mujer de unos 40 años que sostenía en sus brazos a su bebé a un canal de
televisión.
La fiebre amarilla infectó a unas 28 mil personas y dejó 17 muertos en
todo el país a comienzos de 2007. (Reuters)
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