En Argentina se ha visto una suba espectacular en el valor de las propiedades por la falta de una
alternativa de inversión seria en un país carente de institucionalidad. Pero este boom puede llegar
a provocar que en el corto plazo, tras el pinchazo de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos,
termine siendo más barato y rentable invertir en el país del Norte que frente al río Paraná.
A diferencia de lo que ocurrió con la crisis hipotecaria, las
propiedades en Argentina no se adquirieron con apalancamiento, dado que el crédito hipotecario es
casi inexistente.
El stock de créditos hipotecarios es de 14.552 millones de pesos, que
comparado con un producto bruto interno (PBI) de 800.000 millones de pesos, representa el 1,8%.
Esto quiere decir que la suba en el precio de las propiedades en el mercado local se dio en primera
medida por la falta de alternativas de inversión.
En segundo lugar, los sectores ganadores del actual plan económico
salieron a acopiar propiedades como alternativa de ahorro a futuro. Así, tanto los sectores ligados
al campo como la industria demandaron departamentos estándars para invertir, como también
propiedades lujosas para vivir.
El mix de efecto riqueza y carencia institucional, hizo que los precios
de las propiedades se sobrevaluaran notablemente, ubicándose cada vez más lejos del trabajador, que
no encuentra cómo llegar a la vivienda propia y debe conformarse con alquilar o proyectar la
construcción de su vivienda propia.
La inseguridad como emergente de un país con carencias institucionales
impulsó la construcción de barrios privados, club de campos y country que fueron todo un éxito,
dado el momento político que tuvo el país, como los servicios que brindaron estos emprendimientos
que invitaron a repetirse en todo el territorio del país.
En este escenario, Argentina está lejos de una crisis de hipotecas,
simplemente porque nunca se otorgaron créditos. Como también de una baja en el precio de las
propiedades, dado que quienes las adquirieron lo hicieron con dinero genuino y en esta coyuntura no
están dispuestos a desprenderse de estos activos.
Argentina vive un escenario económico próspero, aunque la construcción
se ve perjudicada por el doble efecto de incremento de precios y tipo de cambio fijo.
El precio de la inflación. En este contexto, la construcción muestra costos en
pesos crecientes, que dada la actual política cambiaria también implica costos en dólares en suba.
Para el año 2008 se prevé que los costos de la construcción aumenten un
30%, lo que implicaría que el precio de los departamentos podría aumentar en igual proporción si el
mercado los sigue convalidando. Pero lo más preocupante es que este aumento también es en dólares,
impulsando los valores del metro cuadrado a niveles impensados en la historia de la construcción.
En el actual contexto, el país sigue mostrando debilidades
institucionales que no invitan a los inversores a comprar bonos, acciones o depositar sus ahorros a
plazo fijo. Por otro lado, el efecto riqueza sigue vigente en función de que tantos sectores
ligados al campo o la industria tienen superutilidades, dadas por los buenos precios
internacionales de los productos primarios.
En este escenario deberíamos decir que la construcción en Argentina no
podría caer en precios en el actual contexto. Sin embargo, habría que alertar a los inversores que
un cambio en los precios internacionales, que hoy hacen ganadores al campo o la industria, podría
hacer retraer la demanda y, por ende, hacer pesar la oferta lo que haría descender los precios de
las propiedades.
El efecto arbitraje. Hasta aquí todo luce muy razonable, sin embargo hay un punto
que es muy difícil explicar, analizar y saludable para pensar entre todos. Hoy el metro cuadrado de
una propiedad en Florida (Estados Unidos) está a igual valor que en Capital Federal.
Si en Argentina la propiedad sigue aumentando al ritmo actual, y en
Estados Unidos sigue cayendo de precio, en algún momento será más beneficioso comprar en el país
del Norte que en Argentina. Más aún, habría ventajas competitivas para invertir en Estados Unidos,
ya que allí existe el crédito, hecho que aquí no ocurre.
¿Puede una propiedad en Argentina valer más cara que en Estados Unidos?
¿Es razonable que en Rosario el metro cuadrado de un departamento con
vista al río supere los 3.000 dólares el metro cuadrado?
¿Puede un grupo familiar con ingresos de 5.000 pesos mensuales comprar
un departamento de tres dormitorios en 450.000 pesos sin crédito?
¿Quién sostendrá la demanda de propiedades cuando los sectores ganadores
de la economía dejen de comprar o cuando los precios internacionales desciendan?
Estos son interrogantes a develar y a ser tenidos en cuenta antes de
comprar una propiedad, convalidando valores que nunca se habían conversado en el mercado local, y
que hoy en muchas oficinas de trabajo lucen como normales y racionales.
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