Buenos Aires.- El deseo de los familiares de los soldados argentinos caídos en la guerra de 1982, de viajar a las Malvinas para la postergada inauguración del monumento a los muertos en las islas, parece encontrar su principal obstáculo en la logística.
Atrás quedó el reclamo financiero que una semana atrás absorbiera la presidenta Cristina Fernández quien, a diferencia de la gestión de su esposo, Néstor Kirchner, se comprometió a ayudar económicamente para que un familiar por cada uno de los 649 soldados argentinos muertos en Malvinas, viaje a las islas.
El monumento a los caídos fue levantado hace casi cuatro años -se cumplen en abril próximo- en el cementerio de Darwin, pero aún no pudo ser inaugurado. ¿El motivo? Argentina prohibió en noviembre de 2004 los vuelos charter a las islas. Por eso el gobierno no quiso nunca promover un viaje de esas características por avión, porque significaría dar marcha atrás a su decisión, ante Gran Bretaña.
En algún momento surgió la posibilidad de un periplo en barco. Pero el costo -al menos 4 millones de dólares- y lo largo de la travesía -10 días- así como las dificultades de traslado, lo tornaron inconducente.
Por eso no extraño que, tras la audiencia con la presidenta el viernes pasado, los familiares relataran en un documento al que tuvo acceso DyN que “el canciller Taiana resaltó la necesidad de acordar con las autoridades del Reino Unido de Gran Bretaña, la posibilidad de que el viaje se realice por vía aérea, ya que subsiste un diferendo sobre este aspecto, que impidió avanzar anteriormente en la concreción del homenaje”.
Incluso fueron mas allá: “Luego de analizar las distintas características logísticas y operativas de las alternativas marítimas y aéreas, la Señora Presidenta coincidió en la importancia de lograr que el viaje se realice por modo aéreo, reduciendo los riesgos que entraña el medio naval”.
La fórmula para que el gobierno nacional no de marcha atrás a la prohibición de vuelos charter extra a las islas -en realidad propuso hacerlos siempre y cuando fueran de bandera nacional, lo que fue rechazado por los kelpers- sería la de un “vuelo humanitario”.
Incluso, esa posibilidad figura en la declaración de 1998 entre la Argentina y Gran Bretaña, que permitió, entre otros puntos, el retorno de los argentinos del continente a las islas, aunque con pasaporte.
Así, el viaje de los familiares se transformaría en una excepción, y sería una propuesta que no podría ser rechazada por el gobierno británico, aunque en las islas existe cierto resquemor al respecto.
De hecho, Mike Summers, consejero de las islas, opinó días atrás que “no debería haber ningún vuelo chárter hasta que la prohibición sea levantada por la Argentina”. Y para que no quedarán dudas, remarcó: “La prohibición de los vuelo chárter fue impuesta por Argentina para dañar la industria turística de las Islas Malvinas”.
En ese caso, con la posible negativa de los kelpers deberá lidiar el Reino Unido, ya que durante su reciente viaje a las islas, la ministra británica para los Territorios de Ultramar, Meg Munn, fue clara al afirmar que “queremos que tenga lugar la visita de los familiares de los argentinos”.
“Tuvimos una discusión sobre si podía concretarse mediante un vuelo charter o si la opción de un barco es logísticamente mejor y quisiéramos ver que esas discusiones continúen entre las Malvinas y la Argentina”, dijo.
No obstante, si llega a consensuarse un viaje en avión de los familiares, el problema logístico continúa -según revelaron a DyN- porque el solo traslado de unas 800 personas desde el aeropuerto malvinenses a Darwin, comprende medios con los que los isleños no cuentan.
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