Buenos Aires- La médica cubana Hilda Molina aseguró hoy que junto a su madre de 89 años son “rehenes de un gobierno arrogante”, y afirmó que el líder cubano Fidel Castro volcó sobre ambas “toda su venganza y odio, porque estamos secuestradas”.
La médica explicó que la carta que su madre Hilda Morejón Serantes envió el 12 de este mes al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, para que interceda ante Castro para que se les permita abandonar la isla caribeña, tuvo por objetivo que se emprendan “acciones humanitarias”.
Molina, además, comparó su situación con el drama que atravesaron las colombianas Clara Rojas y Consuelo González, quienes estaban como prisioneras políticas de las FARC, que “pudieron salir y ahora están libres y felices”.
“Aquí ambas hemos sido convertidas en rehenes de inexplicables, despiadados y demenciales sentimientos de odio y de venganza”, señaló Molina en declaraciones a radio 10.
Acotó: “Nosotras también estamos secuestradas aquí y ella (por su madre) quiso hacerlo y yo colaboré con ella”, al explicar la decisión de pedir a Chávez la mediación por su caso.
“Fidel Castro ha volcado toda su venganza sobre nuestra familia, inexplicablemente. Sencillamente no va a cambiar su postura. Es un gobierno arrogante y ellos entienden que los únicos tienen derechos en el mundo son ellos y nadie más”, criticó la médica.
Contó que su madre “ya es un cadáver y yo envejecí rápidamente porque no puedo vivir sin mi hijo” y cuestionó porque “el corazón de estos monstruos (por el gobierno de Castro) que se han apoderado del país no pueden sensibilizarse”.
“Vivimos en un lugar donde además viven 11 millones de esclavos y el mundo prostituido apoyan al régimen”, subrayó.
Morejón Serantes e Hilda Molina se declaran “muy enfermas” y desde hace tiempo vienen pujando por conseguir la autorización del gobierno cubano para poder viajar a Buenos Aires y encontrarse con Roberto Quiñones y sus hijos.
Hilda Molina desde joven apoyó la revolución cubana y llegó a ser diputada de la Asamblea Nacional y asesora de Fidel Castro.
En 1989 fundó -y dirigió hasta 1994- el Centro Médico Internacional de Restauración Neurológica (Ciren), adonde concurren pacientes cubanos y extranjeros.
Pero una queja pública contra la decisión del gobierno de Castro de disminuir el número de camas para pacientes cubanos y aumentar los servicios a extranjeros que pagan en dólares, le valió ser considerada disidente.
Luego tuvo que renunciar a la dirección del Ciren y luego a su banca como diputada y ahora pugna por salir de Cuba, junto a su madre. (DyN)
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