Economía
Domingo 05 de Junio de 2016

Consumo vs. clima de inversión: ¿esa es la cuestión?

Las primeras medidas del gobierno de Mauricio Macri han sido orientadas a mejorar aquello que en el análisis económico convencional se conoce como "clima de inversión", un conjunto reglas que mejorarían las condiciones macroeconómicas e institucionales destinadas a generar confianza en el sector empresario de modo tal de estimular mayores inversiones. En este paquete fueron incluidas medidas redistributivas tales como la rebaja de retenciones a las exportaciones a productos agropecuarios y mineros (con la consiguiente pérdida de recursos para el sector público y subas en los precios de alimentos) y la elevación de tarifas de electricidad y gas, que mejoraron considerablemente la caja de las empresas del sector.

   Algunos funcionarios han señalado que se trata de transitar desde un modelo en el que el crecimiento económico fuera traccionado por el consumo hacia otro impulsado por la inversión. Dado que quienes invierten son los ciudadanos de mayores recursos, una efectiva redistribución de recursos hacia estos sectores en un contexto macroeconómico e institucional más amigable, debería dar como resultado un renovado crecimiento económico a partir de mayores inversiones. Para analizar esta argumentación, veamos qué nos muestra la experiencia argentina de los últimos 50 años.

   Si el argumento planteado fuera el correcto, lo que deberíamos observar es una correlación positiva entre concentración de ingresos y tasa de inversión, esto es: cuánto mayores recursos estuvieran en manos de los sectores más ricos, más debería crecer la inversión. Sin embargo, la mirada de largo plazo nos muestra que la tendencia ha sido exactamente la contraria.

   La observación muestra que el argumento que sostiene que un mejor "clima de negocios" y mayores recursos para los sectores ricos conducen a mejorar la inversión, y con ello el crecimiento, carece de respaldo empírico, al menos en lo que atañe a la historia argentina de los últimos 50 años.

   La inversión necesita un mercado de consumo en crecimiento, a menos que esté orientada exclusivamente al mercado externo. ¿Es posible hoy pensar en un boom de inversiones orientadas a la exportación? Difícil en un momento de menor demanda externa, signado por el contexto depresivo en la economía brasileña, el bajo crecimiento en los países desarrollados y la desaceleración en Asia.

   ¿Significa esto que el eje debe estar puesto exclusivamente en el consumo? Naturalmente no. De hecho, una de las debilidades del ciclo de gobiernos kirchneristas ha sido la política industrial y productiva, la cual tuvo un buen inicio que permitió una rápida recuperación pero falló a la hora de proyectar una mayor diversificación, generación de nuevas ramas productivas y una transformación que permitiera, por ejemplo, producir autos con mayor contenido nacional de partes y piezas o evitar volver a caer en la trampa del ensamblaje fueguino.

   En otras palabras, el impulso al consumo no es sólo una herramienta para mejorar las condiciones de los trabajadores y la inclusión social sino también un aspecto central del crecimiento económico; pero si no viene acompañado de inversiones que amplíen la oferta productiva, ese mayor consumo se traduce en mayores requerimientos de importaciones. Eso fue lo que ocurrió en Argentina y obligó a implementar medidas que frenaron el crecimiento económico, a pesar de que la inversión creció considerablemente hasta 2011, aunque no lo suficiente y no en muchos de los sectores y ramas que el país necesitaba.

   Este cambio hacia un supuesto modelo impulsado por la inversión adolece entonces de esta mirada estratégica y de la dialéctica entre crecimiento del consumo y de la inversión. Pensar que sacando dinero del bolsillo de los trabajadores y los recursos públicos y poniéndolo en quienes deberían invertir tenemos una herramienta útil omite las tendencias de las últimas décadas, las debilidades que han mostrado muchos sectores inversores y la acumulación de activos financieros externos y fugas de capitales que suelen acompañar estos procesos. Antes que volver a la trillada idea del "clima de inversión" es necesario pensar en qué sectores es predominantemente necesaria la inversión, cómo orientarla de manera efectiva, y fortalecer el consumo para que la ampliación del mercado interno retroalimente de manera efectiva nuevas y mejores inversiones.

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