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Domingo 06 de Noviembre de 2016

Conocer los genes de la obesidad para perder peso

En Rosario ya se hace el estudio, que no es invasivo, para detectar si una persona tiene predisposición a aumentar de peso. Se usa especialmente en casos en los que los tratamientos no dan el resultado esperado. Y para prevención.

El perfil genético individual tiene su impacto en un sinnúmero de dolencias y problemas de salud, y también en la obesidad. Mientras la medicina personalizada gana terreno, conocer si uno es portador de ciertas mutaciones genéticas que predisponen a la ganancia de peso, el tamaño de los adipositos y la distribución de la grasa corporal es otra herramienta importante que se suma al plan alimentario, la actividad física y el aspecto emocional.

En Rosario —gracias al trabajo conjunto entre el Instituto de Genética Molecular Avantia y la clínica para adelgazar Guían— se pueden detectar algunos de estos genes. En el caso de que el análisis dé positivo es factible "programar" de una manera diferente la dieta y el ejercicio.

Ramiro Colabianchi, de Avantia Lab, explica de qué manera actúan estos genes y qué ventajas tiene conocerlos: "Además de la dieta, los factores socioculturales, la actividad física y lo emocional, los genes tienen un papel importante en la obesidad. Estamos en un momento en el que la medicina está hecha cada vez más a medida del paciente, y esto significa que tener más información es fundamental para individualizar terapias, en este caso, planes para bajar de peso".

"Ya fueron detectados en el mundo ciertos genes que están implicados en la obesidad, aunque hay muchísimos más. A algunos de ellos, los que tienen más impacto, podemos estudiarlos en Rosario a través de un análisis muy sencillo porque la muestra se saca de la boca con un hisopo", señala el especialista. "La presencia de ciertos genotipos indica predisposición genética a la obesidad, pero además, puntualmente pueden decirnos si esa persona necesita más desgaste físico que otra para adelgazar o si ciertos alimentos lo perjudican más que otros".

"Esto no quiere decir que quien es portador de una mutación de estos genes sí o sí tiene que ser una persona gorda. Por eso, es interesante también detectarlos en la adolescencia o en la niñez porque de ese modo se sabrá si ese chico o joven necesita cuidarse más para el día de mañana no ser obeso. Eso es prevención pura, y muy relevante teniendo en cuenta el incremento del sobrepeso y obesidad en poblaciones infantiles", dice Colabianchi.

Los genes que se evalúan en este análisis son:

PPARG: que participa en la diferenciación de las células de la grasa corporal (adipocitos) y regula la sensibilidad a la insulina, lo que quiere decir que está relacionado también con la diabetes tipo II.

ADRB2 y ADRB3: participan en la regulación del metabolismo de las grasas. Mutaciones de los mismos reducen el uso de la reserva energética en las grasas, lo que deriva en mayor riesgo de desarrollar obesidad.

FABP2: participa en la transferencia y metabolismo de las grasas dentro de las células del intestino delgado. Su alteración provoca resistencia a la insulina.

Guillermo Santana, director del centro integral para adelgazamiento Guían, comentó por qué la institución decidió incorporar esta opción para sus pacientes. "Es una manera de ir un paso más adelante. Llevamos siete años de experiencia en el descenso de peso, dando respuestas a personas de la ciudad y alrededores, y podemos decir que existen casos en los que aunque se cumple con el tratamiento indicado por médicos y nutricionistas no se obtienen los resultados esperados. Con este aporte científico nuestros profesionales pueden tener más elementos para ver dónde está el problema", menciona.

Santana agrega: "Así como se piden análisis de sangre para saber si el paciente tiene colesterol elevado o hipotiroidismo, podemos sumar este análisis. Todo sirve para evaluar la situación de cada persona y darle más alternativas para que baje de peso y lo sostenga en el tiempo".

Respecto del perfil de las personas que se acercan a buscar ayuda a un centro como Guían, Santana destacó que "notamos que hay más conciencia; apenas abrimos, las personas venían a partir de septiembre, con los primeros calorcitos, y dejaban el 15 de diciembre para comerse todo en las fiestas. Ahora hay pacientes todo el año, con más conocimiento sobre el daño que hace a la salud ser obeso. También vienen personas con poco sobrepeso que se dan cuenta de que están en un camino peligroso".

El 65 por ciento de quienes asisten al instituto son mujeres. La mayoría inicia las terapias de pérdida de peso con 10 a 30 kilos de más. Las edades oscilan entre los 25 y los 60 años.

"Lo más complicado es cambiar hábitos y para eso son muy útiles los grupos de autoayuda. En general vemos que la persona obesa no asume su problema como una enfermedad. Muchos vienen pidiendo bajar rápido, sin esfuerzo alguno", enfatiza Santana.

"Yo bajé muchísimos kilos. Hace ocho años que soy un adicto recuperado, porque la compulsión por la comida es una adicción. Para mí sigue siendo un trabajo de todos los días. Lo bueno es que las satisfacciones son enormes cuando lográs el objetivo. Te cambian tus parámetros de salud, minimizás riesgos, y si algo te pasa, también estás en mejores condiciones para superarlo. Bajar de peso es una gran decisión".

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