Opinión
Domingo 08 de Enero de 2017

¿Conocemos a nuestros hijos?

La muerte de dos jóvenes en un boliche de Arroyo Seco durante una fiesta electrónica no fue un accidente.

La muerte de dos jóvenes en un boliche de Arroyo Seco durante una fiesta electrónica no fue un accidente. Se conjugaron el vacío existencial que parte de los adolescentes y no tan adolescentes sienten de una sociedad que parece tener poco para ofrecerles y la desidia, impericia y sobre todo corrupción de los distintos niveles del Estado.

Las autoridades de Arroyo Seco, la policía de la provincia y todo el mundo vinculado a ese ambiente frenéticamente electrónico en donde el descontrol y la circulación de droga es común, sabían perfectamente que en esas fiestas se consumen pastillas de éxtasis para que los asistentes puedan hacer frente a horas continuadas de un frenesí delirante.

Como ocurre casi siempre, el Estado llega tarde. En parte por impericia, en parte porque hay complicidad entre los organizadores de estas fiestas y las autoridades. Caso contrario es difícil de explicar cómo "se vendía droga como caramelos", según los propios fiscales que investigan la tragedia han admitido públicamente.

El padre de Giuliana Maldovan, la chica que perdió la vida en tras fiesta del boliche Punta Stage de Arroyo Seco, reconoció que su hija "se equivocó" pero dijo que también deben pagar aquellos que "ayudaron a que se equivoque". Muy razonable. Además, aclaró que no sabía que consumía drogas, con lo que evidenció que a veces los padres conocen poco sobre la vida de sus hijos.

En la casa de Ana Frank, la adolescente alemana judía que escribió un diario durante su encierro en ese escondite en Amsterdam durante la Segunda Guerra Mundial, hay un testimonio desgarrador. Su padre, Otto Frank, aparece en un video en el hall central de la muestra donde admite que él no conocía a la verdadera Ana. La Ana que fue capaz de relatar literariamente sus emociones y de todos los que compartieron su encierro hasta que fueron descubiertos.

"Los padres a veces no conocemos verdaderamente a nuestros hijos, nunca pensé que Ana podría haber sentido y escrito algo semejante", decía Otto Frank casi entre sollozos tras leer el diario que su hija dejó para la posteridad. Un diario de vida que sería recomendable que lean algunos jóvenes de este tiempo que no encuentran atractivos en la existencia, que se sienten vacíos, a tal punto que deben recurrir a la narcotización para sentir satisfacción y placer.

Esa necesidad de lo mágico, lo fantástico y el deseo permanente de bienestar de una parte de la juventud es aprovechada por los inescrupulosos de siempre que lucran con esa ansiedad juvenil por evitar el malestar, la depresión o la sensación de vacío existencial. Aparecen los dealers de droga, un Estado que mira para otro lado, fuerzas de seguridad que son funcionales y permeables al delito para conjugarse en una tragedia evitable.

¿Alguien tiene dudas de que en muchos boliches de la provincia y del país circula droga de distinta jerarquía, hay menores que consumen alcohol y los límites de capacidad son excedidos sin salidas de emergencia en condiciones?

Los padres también debemos admitir cierto grado de responsabilidad y no dejar todo en manos de un Estado, mayormente lábil a permitir el delito por acción u omisión, a la hora de analizar qué está ocurriendo con la juventud argentina. ¿Es la narcotización mediática, son las redes sociales como herramienta de contacto virtual, rápido y sin compromisos? ¿Es un futuro sin perspectivas, es la falta de comunicación con los padres, o es un sistema educativo retrógrado que lleva a los adolescentes a perder el temor por la muerte y exponerse a lo peor de la condición humana reflejada en la salida fácil a través de los estimulantes?

Descontrol, malicia empresaria, corrupción e impericia se repiten con seguridad en miles de boliches a lo largo del país, sean fiestas electrónicas o clásicas. Las muertes son excepcionales por azar y no por otra cosa, pero sirven para tomar consciencia de un fenómeno que es general y marca la decadencia ética y moral de un país que está perdiendo parte de algo muy valioso, como son los jóvenes.

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